La NASA mide tormentas de fuego con un ER-2

La NASA mide tormentas de fuego con un ER-2

La NASA usa un ER-2 para medir pirocumulonimbos; solo había una muestra directa de su humo en la estratosfera.

Por Humberto Toledo el 16 de agosto del 2026 a las 12:10 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • La NASA usa un ER-2, versión científica del avión espía U-2, para medir pirocumulonimbos sobre incendios del occidente de Norteamérica.
  • La misión INSPYRE coordina a más de 100 científicos y durará cinco años: dos de despliegues en campo y tres de análisis y publicación.
  • Ningún modelo operativo de pronóstico incorpora el humo que estas tormentas inyectan en la estratosfera.

Un ER-2 de la NASA, la versión científica del avión espía U-2, sobrevuela incendios del occidente de Norteamérica para medir los pirocumulonimbos que genera el fuego. La misión INSPYRE estudia cómo estas tormentas elevan humo hasta la estratosfera, porque ningún modelo operativo de pronóstico incorpora hoy ese humo.

Pirocumulonimbo es una tormenta eléctrica que nace del calor de un incendio, lanza rayos capaces de encender fuegos nuevos y empuja humo hasta la estratosfera. La NASA llama a esta formación el “dragón de las nubes que escupe fuego”.

Desde julio, la NASA vuela el ER-2 sobre incendios del occidente de Norteamérica. El 8 de agosto, el avión voló más de seis horas desde Great Falls, Montana.

Hizo más de una docena de pasadas sobre el interior sur de Columbia Británica y pasó cerca de cuatro horas a 60,000 pies (unos 18,300 metros) sobre la zona del incendio Pear Lake. El rastreo de Flightradar24 difundido por The Canadian Press registró ese recorrido.

El 84% de las especies vulnerables sufrirán más incendios en 2100
Te podría interesar:
El 84% de las especies vulnerables sufrirán más incendios en 2100
Astronauta en un traje espacial detallado explora un paisaje rocoso similar a Marte al aire libre, evocando una aventura de ciencia ficción.
Foto: RDNE Stock project / Pexels

El ER-2 vigila desde arriba y el Gulfstream V entra a la nube

El diseño de la campaña reparte el trabajo entre dos aviones. El ER-2 vuela por encima de la tormenta, a unos 65,000 pies, con instrumentos de teledetección.

Sus radares estiman el tamaño de la columna, la altura que alcanza y el movimiento del aire en su interior; otros sensores registran la actividad eléctrica. David Peterson, meteorólogo del Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos y director de la misión, describió el ER-2 ante CNN como “un satélite que se puede dirigir”.

La ventaja es que el avión puede ir y venir sobre el mismo incendio. La Fundación Nacional de Ciencias y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos operan el Gulfstream V, que atraviesa la nube con instrumentos para tomar muestras del aire en el sitio.

Un tercer equipo en tierra despliega radares y sistemas lidar portátiles cerca de los incendios activos. Las tres fuentes de datos se analizan juntas: las mediciones del avión que entra a la nube sirven para calibrar lo que observan los radares desde arriba.

Uno de los instrumentos del ER-2 no mide humo, sino rayos gamma. La División de Ciencias del Espacio del Laboratorio Naval construyó iSTORM para buscar los destellos terrestres asociados con la actividad eléctrica.

Es la primera vez que se intenta esa medición justo encima de pirocumulonimbos activos. Cuando se anunció la misión, Peterson explicó que algunas de estas tormentas producen muchos rayos y otras casi ninguno. Los rayos pueden encender incendios nuevos, pero todavía no se sabe qué provoca esa diferencia.

El humo estratosférico deja un hueco de pronóstico

Los sistemas operativos que pronostican hacia dónde se moverá el humo de un incendio no contemplan el caso en que ese humo suba 10 o 15 kilómetros y se instale en la frontera entre la troposfera y la estratosfera. Para ese escenario no hay una parametrización disponible.

David Peterson resumió el problema en el comunicado del Laboratorio Naval: “Eso crea un hueco de pronóstico”.

El comunicado del Laboratorio Naval enmarca el problema en términos de aviación, visibilidad y sistemas ópticos militares. Una capa de humo a esa altura puede recorrer miles de kilómetros a favor del viento en cuestión de días y hoy nadie la tiene cartografiada en tiempo real.

Antes de esta campaña, según Nature, los científicos solo habían recogido una muestra de humo fresco en la estratosfera por encima de un pirocumulonimbo. El resto provenía de aviones de investigación que volaban por otros motivos y que, en palabras de Peterson, hacían “pruebas de olfateo”.

Nature situó el cierre de la temporada de vuelos de este año el 10 de septiembre. También señaló que hay más trabajo de campo previsto para 2027.

INSPYRE tendrá cinco años de mediciones y análisis

El programa Earth Ventures de la NASA financia INSPYRE. La misión se extiende por cinco años: dos de despliegues en campo y tres de análisis y publicación.

El Laboratorio de Investigación Naval coordina a más de 100 científicos de agencias federales, universidades y centros de investigación. La Universidad de Nevada en Reno figura entre los socios.

El ER-2 opera desde Great Falls y el cuartel general científico está en Colorado. La NASA publica el calendario diario de la misión en su sitio.

Un inventario global suma 761 tormentas

En septiembre de 2025, David Peterson firmó en la revista npj Climate and Atmospheric Science, del grupo Nature, el primer inventario plurianual de la actividad conocida en todo el mundo. El inventario registró 761 pirocumulonimbos confirmados entre 2013 y 2023.

Las cuatro regiones con más actividad registrada quedaron así:

Región Pirocumulonimbos confirmados, 2013-2023 Inyecciones directas a la estratosfera
Canadá 350 28
EE. UU. continental 183 14
Asia del Norte 115 14
Australia 76 12

Alaska sumó 18 eventos en esos once años. Fuera de esas cinco regiones quedaron apenas 19 eventos, repartidos sobre todo entre Europa, África y Sudamérica.

De las 69 inyecciones directas a la estratosfera registradas en el periodo, 68 ocurrieron en las cuatro regiones de la tabla. El inventario no registró actividad en Europa del Este.

En años recientes, el Laboratorio Naval extendió su algoritmo de detección a los satélites Meteosat para vigilar Europa y África.

Europa apenas figura en el registro

France 24 reportó el 29 de julio que Francia había visto su primer pirocumulonimbo durante los incendios del suroeste del país, en una temporada con 116,000 hectáreas quemadas, casi el doble del récord anterior de 2022.

España acumulaba 207,000 hectáreas hasta julio, seis veces la superficie del mismo periodo del año previo. Antes de este verano, ese reporte solo documentaba el fenómeno en incendios de Norteamérica, Australia y los países ibéricos.

El humo puede permanecer más de un año en la estratosfera

Las consecuencias no terminan cuando el fuego se apaga. La NASA describe columnas de humo de escala volcánica que rodean el planeta y permanecen más de un año en la estratosfera.

También alteran la circulación de esa capa, extienden la duración y el tamaño del agujero de ozono antártico y modifican el balance de radiación de la Tierra. El inventario pone cifra a esa comparación: la masa de aerosol que la actividad de los pirocumulonimbos inyecta cada año en la alta troposfera y la baja estratosfera equivale a la de una erupción volcánica moderada.

La mayoría no llega tan alto

La mayoría de estas tormentas no alcanza esa altura. De los 756 eventos con datos de altitud, 414 inyectaron humo dentro del kilómetro alrededor de la tropopausa o por encima, y solo 69 lo hicieron a más de un kilómetro dentro de la estratosfera.

Los 342 restantes se quedaron en la troposfera, pero eso no los vuelve inofensivos. El incendio Carr de 2018 y el Loyalton de 2020, ambos en California, no alcanzaron la estratosfera y aun así generaron vórtices tornádicos de fuego.

De aquí al 10 de septiembre, cada vuelo del ER-2 sobre un incendio de Montana o de Columbia Británica agregará mediciones a un registro que los científicos han construido hasta ahora sobre todo con observación remota, mirando estas tormentas por fuera. La misión contempla más trabajo de campo en 2027 y tres años de análisis y publicación. Por ahora, los modelos operativos de pronóstico todavía no incorporan el humo que estas tormentas inyectan en la estratosfera.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

Más de Ciencia

Feed