Glaciares rocosos de Utah liberan agua en la sequía

Glaciares rocosos de Utah liberan agua en la sequía

Glaciares rocosos de Utah esconden 1.5 millones de metros cúbicos y alimentan arroyos al final del verano.

Por Humberto Toledo el 22 de septiembre del 2026 a las 3:16 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Geólogos de la Universidad de Utah midieron con un gravímetro el hielo oculto bajo el monte Timpanogos.
  • El glaciar guarda alrededor de 1.5 millones de metros cúbicos de hielo, equivalentes a 600 albercas olímpicas.
  • Una revisión de casi 100 glaciares rocosos encontró que casi todos seguían alimentando arroyos al final del verano.

Geólogos de la Universidad de Utah calcularon que el glaciar rocoso bajo el monte Timpanogos guarda 1.5 millones de metros cúbicos de hielo. En paralelo, un equipo de Brigham Young University (BYU) y el Servicio Geológico de Utah encontró que casi todos los glaciares rocosos revisados en Utah y Colorado aún alimentaban arroyos al final del verano. Utah obtiene cerca del 95% de su agua del deshielo y más del 90% de su territorio estaba en sequía severa o peor.

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Hielo oculto bajo un campo de rocas

Un glaciar rocoso es una formación de hielo mezclado con escombro que se desplaza cuesta abajo muy despacio bajo una cubierta de roca. Desde el sendero parece un campo de piedras sueltas, no el hielo azul de un glaciar de montaña.

El hielo no es la nieve del último invierno. La cubierta de roca lo aísla del calor y del sol, lo mantiene escondido y reduce su exposición al clima cálido. Por eso libera agua durante buena parte del año, incluso al final del verano, cuando otras reservas ya se agotaron.

El glaciar rocoso estudiado está bajo el monte Timpanogos, en la cordillera Wasatch, y alimenta el lago Emerald, cerca de la cima. Miles de excursionistas suben cada año sin saber que caminan sobre él.

“Hay mucho hielo escondido en las montañas de Utah”, resumió Leif Anderson, glaciólogo de la Universidad de Utah y coautor de los trabajos. Al cruzar las rocas sueltas de la parte alta, una persona puede pisar sin saberlo hasta 37 metros (120 pies) de hielo enterrado, de acuerdo con Anderson.

Cómo midieron un glaciar que no se ve

Medir el hielo tapado por piedra no es sencillo. El radar de penetración terrestre, una herramienta habitual para estudiar glaciares normales, pierde eficacia aquí: sus ondas de radio se dispersan al chocar con la mezcla de roca y hielo y la imagen se degrada.

El equipo de Utah probó otra vía. Un gravímetro es un aparato que detecta cambios diminutos en la gravedad para separar la roca del hielo. Como la roca es mucho más densa que el hielo, la atracción gravitatoria baja un poco justo donde el hielo es más grueso; esa diferencia se puede mapear.

Bronson Cvijanovich, autor principal del estudio y entonces estudiante de posgrado en la Universidad de Utah, cargó el aparato por un sendero de alta montaña de unos 8 kilómetros (5 millas) en 6 expediciones durante el otoño de 2024. Tomó 232 lecturas en una malla cuyos puntos estaban separados cada 25 metros.

El equipo procesó los datos con estadística bayesiana, comparando miles de simulaciones del hielo bajo la superficie con las mediciones reales. El cálculo indicó que el glaciar del Timpanogos guarda alrededor de 1.5 millones de metros cúbicos, unas 600 albercas olímpicas.

La formación tiene 83% de hielo y 17% de roca suelta, con un grosor medio cercano a 18.8 metros. El trabajo produjo un mapa en 3D del interior del glaciar y se publicó en la revista Journal of Geophysical Research: Earth Surface.

Doug Clark, geólogo de Western Washington University que no participó en la investigación y estudia glaciares rocosos en el oeste de Estados Unidos y Nueva Zelanda, calificó el método como una mejora importante frente a los intentos anteriores de estimar el volumen de hielo. También lo consideró una forma elegante de abordar uno de los problemas más difíciles de estas formaciones: saber cuánto hielo guardan.

Casi todos seguían dando agua

En paralelo al mapa del Timpanogos, Greg Carling, profesor de geología de BYU, y sus estudiantes recorrieron durante 6 semanas casi 100 formaciones en zonas altas de Utah y Colorado. Buscaron los arroyos que nacen de estos glaciares rocosos. Carling y su grupo colaboraron con el Servicio Geológico de Utah y otras universidades del estado.

Carling contó que el resultado lo sorprendió: casi todos los glaciares tenían agua, sobre todo al final del verano, “cuando más la necesitamos”.

Además de ubicar las fuentes, el equipo tomó muestras de agua y de macroinvertebrados para evaluar la calidad. La mayoría de las muestras volvió bastante limpia, como cabía esperar de manantiales de alta montaña.

Para Lerato Thoka-Cole, estudiante de posgrado de geología en BYU, estas formaciones se están convirtiendo en una fuente de agua de peso. Cuando vuelve a nevar, el hielo se repone y queda guardado otra vez bajo la roca.

Según el Departamento de Recursos Naturales de Utah, el estado obtiene cerca del 95% de su agua del deshielo. De acuerdo con el U.S. Drought Monitor, más del 90% del territorio estaba en sequía severa o peor.

Una reserva que los modelos todavía no cuentan

El Timpanogos es apenas una pieza. Imágenes satelitales han identificado 836 glaciares rocosos solo en Utah. A partir de la relación entre superficie y volumen de hielo, el equipo estimó alrededor de 1.08 kilómetros cúbicos en el estado, cerca de mil millones de toneladas.

El cálculo llega hasta unos 13 kilómetros cúbicos en todo el oeste de Estados Unidos y a unos 52.38 kilómetros cúbicos si se consideran todos los glaciares rocosos conocidos del planeta.

Es una cantidad enorme a escala humana, aunque pequeña frente a la capa de hielo de la Antártida, que ronda los 30 millones de kilómetros cúbicos.

El punto práctico es que los modelos hídricos de Utah todavía no incluyen esas reservas. Clark las describió como reservas de hielo y agua que no se habían reconocido y señaló que son más resistentes que los glaciares expuestos, que se derriten rápido.

No se sabe cuánto de ese hielo sigue creciendo y cuánto se derrite y baja a los ríos. Tampoco es fácil separar el deshielo del glaciar del agua subterránea.

Un segundo estudio, basado en modelos nuevos, examinó qué parte del hielo del Timpanogos corresponde a permafrost antiguo de hace unos 20,000 años, durante el último máximo glacial. El resultado apunta a una mezcla: no todo es un vestigio de aquella época. Anderson señaló que el glaciar rocoso del Timpanogos todavía suma hielo hoy.

Más allá de Utah, el trabajo deja un método barato y replicable para encontrar y medir agua dulce donde antes solo se veían piedras. Anderson confía en aplicarlo en otras cordilleras para calcular cuánto hielo enterrado hay en el mundo.

El paso pendiente es incorporar esas reservas a los modelos hídricos y separar su aporte del agua subterránea. En el oeste de Estados Unidos y en otras regiones áridas que dependen de la montaña, ese ajuste cambia el cálculo de cuánta agua habrá al final del verano.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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