✨︎ Resumen (TL;DR):
- 11 de 29 revistas populares de ciencia creadas en Estados Unidos desde el siglo XIX siguen activas.
- El empleo en empresas editoras de periódicos cayó 78.6%, de 416,921 a 89,147 puestos, entre 2000 y 2024.
- Menos redacciones sostienen la verificación, la edición especializada y la revisión legal aunque existen más canales para difundir ciencia.
Bruce Lewenstein, profesor de comunicación científica en Cornell, y Chris Mooney, profesor de práctica en la Universidad de Tennessee, describen una contracción del periodismo científico en Estados Unidos: solo 11 de 29 revistas populares de ciencia creadas desde el siglo XIX permanecen. El análisis publicado el 15 de septiembre por Nieman Journalism Lab relaciona esa pérdida con el deterioro de las organizaciones que verifican y editan la información científica, mientras resume una caída cercana a 80% del empleo en periódicos entre 2000 y 2025.

1986 sirve como comparación, no como calca
El episodio actual recuerda al llamado “science crash” de 1986, pero no es el mismo fenómeno. Ese año, 2 revistas populares de ciencia dejaron de publicarse cuando circulaban alrededor de 17 títulos dedicados al público general. El golpe provocó advertencias de que el interés por la ciencia había sido una moda pasajera y de que el mercado ya no podía sostener esas publicaciones.
Lewenstein interpretó aquella reacción como un “pánico moral”: una preocupación basada en un problema real, pero amplificada hasta presentar el retroceso como una amenaza total para el periodismo científico. El periodismo sobrevivió con nuevos programas de formación, revistas y formatos que crecieron junto con internet.
En 2026, la comparación vuelve a ser útil, aunque el contexto es más duro. Scientific American cambió de propietarios a finales de junio y, según el análisis, despidió a 15 trabajadores y redujo los salarios de otros. Los recortes se sumaron a la pérdida de periodistas de ciencia y medio ambiente en The Washington Post, The Wall Street Journal, NPR y CBS News.
No toda la alarma es infundada, sostienen los autores. El problema actual tiene una base económica más extensa porque afecta a las organizaciones que financiaban coberturas largas, edición especializada y revisión legal, no únicamente a las revistas que perdieron lectores.
Las cifras muestran una pérdida material
El recuento de Lewenstein y Mooney es preliminar. Sigue únicamente cierres de revistas impresas, se concentra en publicaciones estadounidenses de ciencia general y excluye títulos educativos, institucionales o dedicados a una sola disciplina.
Aun con esas restricciones, 18 de las 29 revistas desaparecieron y 8 de esos cierres ocurrieron después de 2000. El caso de Popular Science muestra cómo se acumuló el retroceso: la revista llegó a distribuir más de un millón de ejemplares al mes en 2011, pasó a una frecuencia bimestral, después trimestral y dejó de imprimirse en 2021.
A finales de 2023, también dejó de existir su revista digital. La marca mantiene contenidos de ciencia en internet y 2 podcasts, pero ya no publica esas ediciones impresas o digitales.
El recorte de revistas forma parte de una transformación laboral más amplia. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos registró una caída de 78.6% en el empleo de las empresas editoras de periódicos entre 2000 y 2024, de 416,921 a 89,147 puestos.
Las editoras de publicaciones periódicas redujeron su empleo 61.3%, de 166,165 a 64,366 puestos, durante el mismo periodo. Las cifras muestran que la contracción no se limita a las revistas dedicadas a la ciencia.
La señal tampoco aparece únicamente en Estados Unidos. ThePrint reportó que en India dejaron de imprimirse las revistas Science Today y Science Reporter. El dato no demuestra por sí solo una crisis mundial coordinada, pero sí muestra que el retroceso de los formatos impresos aparece en mercados con historias mediáticas distintas.
Más comunicación científica no significa más periodismo
Nunca hubo tantos canales para encontrar información sobre ciencia. Publicaciones digitales, redes sociales, YouTube y newsletters permiten que investigadores, periodistas y divulgadores lleguen directamente a sus audiencias.
Según datos de la National Science Foundation citados por Nieman Journalism Lab, internet superó a la televisión como principal fuente de información científica para el público hace más de una década.
El acceso no garantiza el mismo tipo de trabajo. El periodismo científico es un trabajo editorial que verifica afirmaciones, investiga instituciones, incorpora edición y revisión legal, y da seguimiento a conflictos de interés.
La comunicación científica puede explicar un descubrimiento, promover una institución o construir una audiencia personal. El periodismo científico añade procesos que requieren tiempo y equipos, justo los recursos que las redacciones están recortando.
El crecimiento de Substack puede ofrecer una salida a periodistas capaces de reunir audiencias que paguen directamente por su trabajo. También puede fragmentar aún más la cobertura, porque no todos los autores tendrán el respaldo de editores, investigadores y abogados que una institución periodística puede ofrecer.
La pregunta central no es si desaparecerá el contenido sobre ciencia. Los datos apuntan a que seguirá circulando y, en algunos formatos, creciendo.
El problema medible es otro: hay menos organizaciones con capacidad estable para comprobar afirmaciones, investigar a instituciones poderosas y explicar resultados científicos sin depender de los intereses de quien los comunica.
