✨︎ Resumen (TL;DR):
- La Universidad de Basilea vinculó las duchas frías frecuentes con menos ausencias laborales por enfermedad en un análisis de 719 personas.
- Quienes fueron clasificados como usuarios habituales registraron una tasa 31% menor de ausencias y declararon 26% menos días sintiéndose enfermos.
- La comparación se basó en hábitos reportados y reagrupó a participantes, así que no demuestra que el agua fría haya causado la diferencia.
Un análisis de la Universidad de Basilea vinculó las duchas frías frecuentes con una tasa de ausencias laborales por enfermedad 31% menor entre 719 participantes de tres ensayos. Las personas clasificadas como usuarias habituales también declararon 26% menos días sintiéndose enfermas. El equipo las agrupó por sus hábitos reportados, por lo que el resultado no demuestra que el agua fría causara la diferencia.
El análisis forma parte de la tesis doctoral de la psicóloga Lena Glaser. La tesis identifica el manuscrito que reúne estos resultados como enviado al Journal of Health Psychology, pero el documento no aclara si ya pasó por revisión por pares.
La comparación no conservó los grupos originales
Los tres ensayos se realizaron en Basilea y tuvieron un seguimiento de 12 semanas. En el primero, el equipo asignó al azar a los participantes a duchas frías o habituales. En los otros dos probó distintas formas de ayudarles a mantener la rutina. La selección y los cuestionarios se hicieron por internet.
Para el análisis conjunto, el equipo no comparó simplemente los grupos asignados al inicio. Clasificó a las personas según lo que reportaron haber hecho, con un umbral de 70% de duchas frías o de semanas con ese hábito, según el ensayo.
Algunas personas asignadas a una intervención no siguieron la rutina y quedaron en el otro grupo de la comparación. Ese cambio reduce la ventaja de la asignación aleatoria: quienes mantuvieron el hábito pueden diferir en características que también influyan en su salud o en sus ausencias.
El modelo tomó en cuenta la edad, el género, la estación y el estudio de procedencia. Aun así, esa comparación no descarta otras explicaciones para la diferencia observada.
Las cifras no equivalen a infecciones confirmadas
Los participantes informaron mediante encuestas cuántos días se sintieron enfermos y cuántos faltaron al trabajo por enfermedad. Esas respuestas no son un recuento de infecciones confirmadas en laboratorio.
Por eso, las cifras de 31% y 26% son diferencias relativas entre los grupos del análisis. No predicen cuántos días ahorraría una persona si cambiara su rutina por duchas frías.
La tesis señala otra limitación en uno de los ensayos. De 309 personas inscritas, solo 166 pudieron incluirse en el seguimiento longitudinal porque algunos identificadores declarados variaban entre mediciones. Los autores advierten que esto podría introducir un sesgo si las personas que pudieron seguirse diferían de las excluidas.
En bienestar general, el análisis encontró una diferencia pequeña a favor del grupo de duchas frías. Para el bienestar físico, la diferencia no alcanzó significación estadística.
Un ensayo neerlandés encontró menos ausencias
Un ensayo neerlandés publicado en PLOS One en 2016 asignó a 3,018 adultos sin enfermedades graves a continuar con su rutina o terminar sus duchas con agua fría. Tras 90 días de seguimiento, los grupos asignados al agua fría reportaron 29% menos ausencias laborales por enfermedad que el grupo de comparación.
Ese trabajo no encontró una diferencia estadísticamente significativa en el total de días en que las personas se sintieron enfermas. Faltar menos al trabajo y pasar menos días con síntomas son resultados distintos, aunque ambos se midieron mediante lo que declararon los participantes.
Una revisión sistemática publicada en la misma revista en 2025 reunió 11 ensayos de exposición al agua fría. De ellos, 10 estudiaron baños y 1 estudió duchas. Sus autores señalaron que la evidencia estaba limitada por el número de ensayos, el tamaño de algunas muestras y la poca diversidad de las poblaciones estudiadas.
Los resultados de la inmersión tampoco se trasladan automáticamente a las duchas, porque se trata de formas diferentes de exposición al agua fría.
La exposición repentina al frío requiere precauciones
Cleveland Clinic advierte que la exposición repentina al frío puede elevar la presión arterial y la frecuencia cardíaca. En personas con enfermedades del corazón, también podría provocar alteraciones del ritmo.
UCLA Health recomienda consultar con un profesional de salud antes de tomar duchas frías si se tiene una enfermedad cardíaca, síndrome de Raynaud o urticaria provocada por el frío.
Los ensayos de Basilea excluyeron a personas con ciertas afecciones que pueden empeorar con la exposición al frío, entre ellas enfermedades cardiovasculares graves, fenómeno de Raynaud y urticaria crónica por frío. Por ello, sus resultados no permiten establecer la seguridad de esa práctica para esos grupos.
La conclusión que permiten los datos es más estrecha que el titular: quienes reportaron mantener duchas frías tuvieron menos ausencias en esa comparación, pero el diseño no permite atribuir ese resultado al agua fría. El análisis tampoco demuestra que la práctica prevenga enfermedades, y la tesis no confirma si el manuscrito enviado al Journal of Health Psychology pasó por revisión por pares.
