Infernogallus: un cráneo apunta a una dieta frutal

Infernogallus: un cráneo apunta a una dieta frutal

Un cráneo fósil sugiere que Infernogallus procesaba frutos blandos, aunque su dieta exacta sigue abierta.

Por Humberto Toledo el 3 de noviembre del 2026 a las 7:38 am PST

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un equipo encabezado por Greg Funston identificó a Infernogallus jamesi a partir de un cráneo fósil casi completo.
  • El animal vivió hace unos 66 millones de años, tenía el tamaño aproximado de un pavo y pesaba unos 12 kilogramos.
  • La mandíbula apunta a alimentos blandos, pero no prueba una dieta exclusiva de fruta ni la dispersión de semillas.

Un equipo encabezado por Greg Funston, de Stony Brook University, identificó a Infernogallus jamesi a partir de un cráneo fósil casi completo de hace unos 66 millones de años. La reconstrucción de su mandíbula sugiere que este dinosaurio sin dientes procesaba alimentos blandos, posiblemente frutos carnosos, pero no prueba una dieta exclusiva de fruta.

El estudio apareció el 10 de octubre de 2026 en Nature Communications como una versión anticipada de una investigación revisada por pares. Los restos proceden de la Formación Hell Creek, en Estados Unidos, y se exhiben en el Royal Ontario Museum, en Toronto.

El nombre Infernogallus significa «gallina del infierno» y alude a Hell Creek. El museo calcula que el animal tenía el tamaño aproximado de un pavo y pesaba unos 12 kilogramos. Esa cifra corresponde al dinosaurio, no al cráneo.

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Una mandíbula para aplastar alimentos blandos

Infernogallus pertenecía a los caenagnátidos, una familia de dinosaurios terópodos dentro del grupo de los ovirraptorosaurios. Los caenagnátidos se conocían sobre todo por restos fragmentarios, pero este ejemplar conserva un cráneo articulado casi completo.

Partes de la mandíbula estaban aplastadas. La tomografía es una técnica de imagen que permitió al equipo separar y reconstruir digitalmente los huesos.

Los huesos del paladar se curvaban hacia el interior de la boca. A partir de esa forma, los investigadores reconstruyeron una disposición muscular que habría permitido mover la mandíbula de adelante hacia atrás. Las crestas y los surcos del pico habrían ayudado a aplastar y cortar alimento blando.

La fruta es una hipótesis, no una prueba directa

El equipo comparó esos rasgos con los de animales actuales, entre ellos loros que comen fruta. La hipótesis plantea que Infernogallus podía procesar frutos carnosos con una semilla o un hueso central.

Las cerezas y los duraznos sirven para imaginar ese tipo de fruto, pero no identifican las especies que comió el dinosaurio. Son ejemplos de la forma del alimento, no evidencia de su menú.

La hipótesis no proviene de fruta identificada en su estómago. Además, una adaptación a alimentos blandos no equivale a una dieta exclusiva. Greg Funston dijo a IFLScience que Infernogallus “probablemente también comía otras plantas blandas”.

La evidencia anatómica favorece una dieta adaptada a vegetales blandos y deja a la fruta como candidata. No permite establecer cuánto representaba cada alimento en su dieta.

¿Fue el primer dinosaurio frugívoro?

El Royal Ontario Museum presenta el hallazgo como el primer dinosaurio conocido especializado en fruta. La afirmación tiene un matiz taxonómico: los dinosaurios no avianos y las aves también pertenecen al linaje de los dinosaurios.

En 2022, otro equipo publicó en eLife un análisis de Jeholornis, un ave temprana que vivió en lo que hoy es China hace unos 120 millones de años. Al comparar su cráneo con los de aves actuales y estudiar semillas intactas conservadas en fósiles, los autores propusieron que comía frutos enteros al menos durante parte del año.

Ese indicio es anterior a Infernogallus por unos 54 millones de años. La evidencia muestra consumo de fruta en un dinosaurio aviano, pero no demuestra que ambos animales tuvieran la misma dieta ni el mismo grado de especialización.

El papel de las semillas sigue sin resolverse

Los autores del nuevo estudio plantean que los caenagnátidos pudieron participar en la dispersión de semillas durante la expansión de las plantas con flores. Es una posibilidad ecológica, no una conclusión del cráneo: procesar un fruto no demuestra que el animal transportara semillas viables ni que ayudara a esas plantas a extenderse.

Por ahora, el fósil aporta una pieza para reconstruir cómo se alimentaba un grupo de dinosaurios del que se conocían pocos restos craneales. La mandíbula respalda el procesamiento de vegetales blandos y hace plausible la fruta, pero el papel de Infernogallus en la dispersión de semillas sigue sin resolverse.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

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