✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un estudio con visitantes de una atracción de terror en Dinamarca relacionó los niveles intermedios de miedo con más disfrute.
- El análisis partió de 110 participantes y terminó con 92 personas tras excluir registros incompletos.
- Otros trabajos sobre el cerebro, los perfiles de aficionados y la resiliencia no prueban que exista una intensidad ideal para todos.
Un estudio con visitantes de una atracción de terror en Dinamarca encontró que los sustos con un nivel intermedio de miedo se asociaron con más disfrute que los muy leves o extremos. El trabajo, encabezado por Marc Malmdorf Andersen y publicado en 2020 en Psychological Science, ayuda a describir el miedo recreativo, aunque no fija una intensidad ideal ni demuestra que el resultado se repita con espectadores de cine.
El miedo recreativo es una experiencia voluntaria en la que alguien se acerca a algo que lo asusta mientras lo percibe como relativamente seguro. En una película, la amenaza pertenece a una ficción y la persona puede dejar de verla si la tensión supera lo que quiere soportar.
El susto no es imaginario. El cuerpo puede reaccionar y el corazón acelerarse. Tampoco todas las personas disfrutan esas sensaciones: la experiencia depende del miedo que sienten y de lo que buscan al exponerse al terror.
Tres sustos dibujaron una U invertida
Para el estudio publicado en 2020 en Psychological Science, el equipo reclutó a 110 visitantes de una atracción de terror danesa. Los participantes usaron monitores de ritmo cardiaco y fueron grabados durante tres momentos de sobresalto. Al salir, calificaron cuánto miedo y disfrute habían sentido.
Después de excluir los registros incompletos, los investigadores analizaron los datos de 92 personas. En las valoraciones de los tres sustos concretos apareció una relación en forma de U invertida: el disfrute tendió a ser mayor en niveles intermedios de miedo y menor en los extremos.
La relación desapareció cuando los participantes calificaron la atracción en su conjunto. La diferencia limita la lectura del resultado: describe respuestas ante tres sobresaltos específicos, no una medida general de toda la visita.
Quienes eligen visitar una casa embrujada no representan necesariamente a todo el público de películas de terror. El estudio tampoco permite fijar una dosis universal de miedo ni trasladar automáticamente el hallazgo al sofá o al cine.
El cerebro separa la espera del sobresalto
Otro estudio, publicado en 2020 en NeuroImage, observó a 37 personas mientras veían películas de terror mediante resonancia magnética funcional. Esta técnica registra cambios relacionados con el flujo sanguíneo cerebral.
Los investigadores observaron patrones diferentes durante la anticipación sostenida de una amenaza y frente a un sobresalto repentino. En los momentos de temor sostenido destacaron respuestas en regiones relacionadas con la percepción sensorial. Ante el miedo súbito aumentó la actividad en otras áreas, incluida la amígdala, que participa en el procesamiento de señales relevantes para las emociones y las amenazas.
El trabajo no midió directamente la liberación de dopamina o endorfinas durante los sustos. Por sí solo, no demuestra que esas sustancias conviertan el miedo en placer para cada espectador. Su resultado es más acotado: la espera de algo inquietante y el sobresalto repentino no aparecen de la misma forma en las mediciones cerebrales.
No todos buscan el mismo tipo de miedo
Una investigación publicada en 2023 en el Journal of Media Psychology identificó tres perfiles generales entre 256 aficionados al terror de Estados Unidos. También encontró patrones similares en otros 258 visitantes de una atracción danesa.
Según la explicación del Laboratorio de Miedo Recreativo de la Universidad de Aarhus, son categorías para estudiar tendencias, no etiquetas que definan a cada persona:
- Algunas personas buscan una experiencia intensa y disfrutan el susto.
- Otras toleran el miedo aunque les resulte incómodo y valoran haberlo superado.
- Un tercer grupo recurre al terror para afrontar emociones desagradables y también disfruta la experiencia.
Estos beneficios fueron comunicados por los propios participantes. No equivalen a demostrar que el terror funcione como tratamiento ni que una misma película produzca el mismo efecto en todas las personas.
Menos malestar no equivale a resiliencia
Un estudio observacional encuestó a 310 personas de Estados Unidos al inicio de la pandemia de COVID-19 en 2020. Declararse aficionado al terror se asoció con menos malestar psicológico, pero no hubo una asociación significativa entre ese gusto y la medida separada de resiliencia positiva utilizada en la investigación.
El resultado no demuestra que las películas causaran la diferencia. Otras características de los participantes pudieron influir. Por eso, un susto placentero no debe presentarse como una receta para afrontar problemas reales.
Para quien disfruta el género, parte del atractivo puede estar en explorar una amenaza desde una butaca, con la opción de apartar la mirada o detener la película. La investigación describe esa combinación de tensión y control, pero sus datos no convierten una preferencia personal en una regla para todos.
