Las zanjas del Nullarbor esconden cuevas en colapso

Las zanjas del Nullarbor esconden cuevas en colapso

Cinco zanjas del Nullarbor revelan cuevas profundas en colapso y un método para rastrearlas en Marte.

Por Humberto Toledo el 23 de septiembre del 2026 a las 8:00 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Matej Lipar y un equipo de la Universidad Curtin vincularon cinco zanjas del Nullarbor con el colapso progresivo de cuevas profundas.
  • Las depresiones alcanzan más de 20 kilómetros de largo y suelen tener menos de 9 metros de profundidad.
  • La evidencia geofísica y geológica propone señales para localizar cavidades ocultas en desiertos y reinterpretar depresiones parecidas en Marte.

Un estudio revisado por pares, publicado el 17 de septiembre de 2026 en Communications Earth & Environment, concluyó que cinco zanjas del borde oriental del Nullarbor, en el sur de Australia, son depresiones creadas por el colapso de cuevas profundas durante millones de años, no antiguos cauces de río. El trabajo, encabezado por el investigador Matej Lipar con participación de la Universidad Curtin, usó tomografía de resistividad eléctrica, mediciones sísmicas y evidencia de campo. Sus resultados ofrecen criterios para localizar sistemas de cuevas ocultos en desiertos y reinterpretar estructuras similares en Marte.

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Foto: Alfo Medeiros / Pexels

Cinco zanjas casi invisibles desde el suelo

Las cinco zanjas se llaman Abrakurrie, Wombat, Koonalda, Yangoonabie y Yalata. Corren aproximadamente de norte a sur cerca del Great Southern Scarp, el gran acantilado que remata la llanura sobre el océano.

Miden desde varios kilómetros hasta más de 20 kilómetros de largo y tienen entre 100 y 500 metros de ancho. Su profundidad, en cambio, normalmente queda por debajo de los 9 metros.

El contraste entre longitud y profundidad hace que pasen inadvertidas a ras de suelo. El Nullarbor es una plataforma de roca caliza de más de 200,000 kilómetros cuadrados, expuesta a la intemperie desde hace más de 14 millones de años, con un relieve extremadamente plano. Lipar explicó que desde el terreno apenas se notan. Por eso, el equipo exageró el relieve en modelos digitales de elevación para verlas con claridad y decidir dónde medir.

La forma no encajaba con un río

A primera vista, parecen valles secos, pero las cinco depresiones no se comportan como cauces. Empiezan y terminan de golpe, no tienen afluentes y tampoco conectan con una red de drenaje.

El sedimento aporta otra pista. En la parte alta domina la arena y, conforme baja la zanja, aumenta la proporción de limo y arcilla. El estudio no encontró señales de transporte río abajo.

La investigación también descartó un origen eólico y uno puramente tectónico: la superficie no muestra desplazamiento vertical. Aun así, los autores dejaron abierta una posible influencia estructural, porque la orientación de las zanjas corre paralela a las fallas documentadas en el sur de la llanura.

La evidencia estaba bajo las zanjas

La tomografía de resistividad eléctrica es una técnica que mide cómo circula la corriente por el subsuelo para distinguir roca de sedimento. Con ella, el equipo encontró bajo cada zanja zonas de baja resistividad rodeadas por caliza compacta. Las señales se prolongaban más allá del alcance de sus mediciones, que iba de 30 a 70 metros.

Las mediciones sísmicas pasivas de Koonalda apuntaron en la misma dirección: justo bajo el eje de la depresión había material más fracturado o menos consolidado.

La confirmación directa llegó en Clay Dam Cave, una dolina de colapso dentro de la zanja de Koonalda. Su hundimiento, de unos 20 metros, deja a la vista estratos combados y un relleno de sedimento que coincide con la geometría dibujada por la tomografía.

En los acantilados costeros, justo donde las zanjas se proyectan hacia el mar, aparecen zonas de colapso de más de 100 metros de ancho. Allí también se observan capas de roca hundidas, brechas y cuevas.

Matej Lipar explicó el mecanismo en el comunicado de Curtin: “Con el tiempo, los techos de las cuevas colapsaron progresivamente, lo que provocó el hundimiento del material superior y terminó por crear depresiones poco profundas en la superficie”.

Qué significa la cifra de 150 metros

El número de 150 metros necesita una precisión: no corresponde a una medición nueva bajo las zanjas. Proviene de la clasificación de las cuevas del Nullarbor que recoge la literatura previa citada por el artículo.

Según esa clasificación, las cuevas someras quedan a menos de 30 metros de la superficie y las profundas se ubican entre 50 y 150 metros.

Las cuevas profundas son las que encajan con el escenario de esta investigación. Se concentran a unos 60 kilómetros de la costa y cuentan con pasajes de cientos de metros, con decenas de metros de ancho y alto. Probablemente se formaron entre el Oligoceno y el Mioceno temprano, cuando el agua subterránea corría hacia el mar y disolvía la caliza.

Más tarde, entre el Mioceno tardío y el Plioceno temprano, el mar se retiró definitivamente y bajó el nivel freático. Las cuevas se vaciaron, perdieron el soporte del agua y sus techos empezaron a ceder.

El caso de Cocklebiddy Cave sirve como referencia. Está a unos 250 kilómetros al oeste de las zanjas, mide aproximadamente 6 kilómetros, discurre a unos 100 metros bajo la superficie y no deja una zanja continua arriba. Es un ejemplo de conductos largos y rectos bajo el Nullarbor sin una huella evidente en la superficie.

Un proceso que llega a la superficie por etapas

Las cinco zanjas no están en la misma fase del colapso. En el oeste, Abrakurrie atraviesa caliza de unos 250 metros de espesor y aparece como una hilera discontinua de dolinas conectadas con cuevas.

En el este, Yalata se encuentra donde la roca apenas llega a unos 110 metros. Ahí, la depresión ya es continua y está rellena de sedimento.

Los autores interpretan este cambio como distintas etapas de un mismo proceso: cuando hay menos roca que atravesar, el colapso llega antes a la superficie.

Koonalda Cave se prolonga cerca de un kilómetro bajo tierra más allá del extremo norte de su zanja. Lipar señaló que donde una zanja termina todavía puede existir una cueva cuyo techo no ha colapsado.

El proceso tampoco es solo una reliquia antigua. Una capa de calcreta situada 3 metros bajo la superficie en Clay Dam Cave arrojó una edad de unos 460,000 años mediante datación de uranio-torio. Debajo hay capas más antiguas.

Para el equipo, esa secuencia indica que el colapso, el hundimiento y el relleno se han repetido y probablemente siguen ocurriendo hoy, aunque a un ritmo muy lento.

La misma forma puede tener otro origen en Marte

El Nullarbor funciona como un laboratorio porque su aridez y estabilidad conservaron estas formas sin que el agua las borrara. Milo Barham, profesor asociado de Curtin y coautor, sostuvo que las cuevas tienen una doble importancia: en la Tierra preservan registros de ambientes pasados y afectan la ingeniería y el acceso al agua potable. En otros planetas, podrían ofrecer refugios subterráneos para buscar rastros de vida o servir de base a futuros astronautas.

Andrea Zerboni, científico de la Tierra de la Universidad de Milán que no participó en el estudio, declaró: “Las depresiones alargadas en Marte se han interpretado a menudo como tubos de lava colapsados. Sin embargo, este estudio muestra que estructuras superficialmente similares también pueden resultar del colapso de sistemas subterráneos formados por procesos de alteración de la roca similares al karst.”

El equipo realizó el trabajo en tierras del pueblo Mirning, con permisos de corporaciones aborígenes y autoridades de Australia Occidental y Australia Meridional. También publicó sus datos geofísicos y sedimentológicos en abierto en el repositorio Zenodo.

El trabajo deja una guía concreta: detectar depresiones alineadas, comprobar la ausencia de una red de drenaje y localizar zonas de baja resistividad en profundidad. Con esas señales, el equipo propone buscar cavidades ocultas bajo desiertos terrestres y reinterpretar depresiones parecidas en Marte. En el Nullarbor, una zanja puede terminar en la superficie mientras la cueva continúa cerca de un kilómetro bajo tierra.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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