Chicxulub: el asteroide era una rara condrita CO

Chicxulub: el asteroide era una rara condrita CO

Científicos descubren que el asteroide de Chicxulub era una condrita CO, cambiando la teoría de la extinción.

Por Humberto Toledo el 23 de julio del 2026 a las 1:58 pm PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un estudio publicado en Science Advances determinó que el meteorito de Chicxulub pertenece a la rara clase de condritas carbonáceas Ornans (CO).
  • El asteroide aportó la mitad del azufre estimado previamente, restándole peso en la extinción y posicionando al polvo atmosférico como la causa principal.
  • El impacto ocurrió hace 66 millones de años en Yucatán, dejando un cráter de 180 kilómetros de ancho y borrando al 75% de las especies.

Un equipo científico internacional determinó que el meteorito de Chicxulub, responsable de extinguir a los dinosaurios hace 66 millones de años, pertenecía a las condritas carbonáceas de clase Ornans (CO).

Este hallazgo, publicado el 17 de julio de 2026 en la revista Science Advances, revela que el asteroide contenía la mitad del azufre estimado. Esto desplaza la causa principal de la catástrofe climática global hacia el polvo fino suspendido en la atmósfera terrestre y no hacia los gases de la roca espacial.

La investigación analizó la firma geoquímica en la capa de arcilla del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg) preservada en cinco puntos de Europa, ubicados en España, Dinamarca e Italia. Al impactar en lo que hoy es la península de Yucatán, el asteroide se vaporizó por completo, dejando solo rastros químicos mezclados con la corteza terrestre.

Para dar con la identidad de la roca, los geólogos midieron con alta precisión los isótopos de níquel de la arcilla. Luego compararon estos registros con muestras de 11 meteoritos carbonáceos guardados en colecciones científicas.

El geólogo Philippe Claeys, de la Vrije Universiteit Brussel y profesor visitante en la Universidad de Columbia Británica, explicó que realizar este análisis requirió un gran esfuerzo. “Solo una fracción diminuta del proyectil se conserva en la capa de arcilla KT del planeta porque todo el meteorito se vaporizó con el impacto”, detalló.

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La huella digital de un meteorito primitivo

Una condrita CO es una clase de meteorito carbonáceo primitivo que conserva material casi sin alterar desde la formación del sistema solar. Estas rocas espaciales representan apenas el 5% de los meteoritos recuperados en la Tierra, y la variedad CO constituye una porción minúscula de ese porcentaje.

El análisis de isótopos de níquel permitió descartar a las condritas de tipo Mighei (CM), que hasta ahora eran consideradas las favoritas por los geólogos. El níquel resulta ideal para rastrear el origen porque abunda en los meteoritos primitivos, escasea en la corteza terrestre y sus cinco isótopos estables construyen firmas únicas.

Este hallazgo refina los resultados de estudios de 2024, que usaron isótopos de rutenio para ubicar el origen del meteorito en el sistema solar exterior, más allá de la órbita de Júpiter.

Menos azufre en el impacto y más peso para el polvo

El cambio en la clasificación de la roca espacial sacude los modelos de la extinción masiva. Las condritas CO se caracterizan por ser rocas secas en comparación con otros grupos de meteoritos carbonáceos.

Claeys detalló las propiedades de esta roca: “Una condrita CO contiene muchos menos elementos volátiles (como carbono, zinc, agua y particularmente azufre) que otras clases de meteoritos que hemos descubierto hasta ahora en la Tierra”.

De acuerdo con los autores, un meteorito de esta composición habría aportado apenas la mitad del azufre estimado tradicionalmente. Esto reduce la probabilidad de que el azufre del asteroide fuera el factor detonante de la glaciación global.

“No altera nuestra teoría sobre qué causó el evento de extinción”, precisó Claeys, “pero hace menos probable que el azufre contenido en el impactor fuera la pista definitiva o ‘pistola humeante’. Los escombros finos lanzados a la atmósfera habrían sido el factor principal”.

La precisión es clave: el estudio no descarta el efecto del azufre liberado, pero asume que provino de la pulverización de las rocas ricas en yeso de la península de Yucatán, no del cuerpo celeste en sí.

El peor día para los dinosaurios

La reconstrucción geológica del evento sostiene cifras colosales. El meteorito medía entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y golpeó la Tierra a una velocidad de 64,000 kilómetros por hora.

El brutal choque dejó una cicatriz de unos 180 kilómetros de ancho en Yucatán, cuyo anillo de impacto define la distribución de los cenotes en la región. El evento provocó la desaparición del 75% de las especies del planeta, borrando de la historia evolutiva a los dinosaurios no aviares.

Los científicos todavía debaten el origen geográfico exacto de la roca. Las teorías se dividen entre el cinturón exterior de asteroides cercano a Júpiter y el lejano cinturón de Kuiper. Claeys bromeó sobre la mala fortuna de los antiguos habitantes de la Tierra al señalar que “haber sido impactados por un proyectil tan raro y distante realmente subraya la mala suerte que tuvieron los dinosaurios”.

Más allá de descifrar la historia de la paleontología, el valor de este estudio radica en la prevención. Conocer con precisión la composición de los distintos tipos de meteoritos mediante isótopos de níquel ayuda a calcular el riesgo de amenazas futuras. Saber de qué está hecho un asteroide cambia las predicciones sobre cómo reaccionaría la atmósfera ante un posible choque y ayuda a diseñar mejores estrategias de desvío espacial.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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