✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo internacional vincula la ruptura de Gondwana con ondas lentas del manto que elevaron el este de la Antártida.
- Las simulaciones sitúan amplias zonas por encima de 2 kilómetros, umbral que permitió conservar nieve durante el verano.
- El descenso del CO₂ siguió siendo el detonante principal de la glaciación hace 34 millones de años; la elevación geológica había preparado el terreno.
Un equipo internacional propone que ondas lentas del manto elevaron el interior de la Antártida durante más de 100 millones de años antes de su glaciación. La revista Science publicó el estudio, que sostiene que esa altura permitió que la nieve sobreviviera al verano y que el hielo comenzara a consolidarse hace unos 34 millones de años, cuando la temperatura media global todavía rondaba 5 °C por encima de la actual.

Gondwana dejó una señal lenta bajo el continente
El proceso comenzó en el Jurásico, cuando África y la Antártida empezaron a separarse. El estiramiento de la placa alteró su base y favoreció un desprendimiento coordinado de material denso hacia el manto. Al perder ese peso, la superficie ganó flotabilidad y se elevó.
Los investigadores llaman ondas del manto a la propagación de ese proceso desde los márgenes fracturados hacia el interior del continente. Una onda del manto es un proceso geodinámico lento que propaga el levantamiento desde esos márgenes hacia el interior de la Antártida.
No son ondas sísmicas que atraviesan la roca en minutos. Avanzan durante decenas de millones de años y dejan a su paso una secuencia de levantamientos.
La reconstrucción ubica un escarpe costero de unos 2 kilómetros, una meseta interior elevada y las montañas Gamburtsev. Hoy, el hielo sepulta esa cordillera. Esa geografía habría dado a la Antártida una ventaja que el Ártico no tenía: tierra firme, centrada cerca del polo y con altura suficiente para conservar nieve de un año al siguiente.
Dos kilómetros cambiaron el destino de la nieve
Hace más de 50 millones de años, la mayor parte de las montañas Gamburtsev habría estado por debajo de 1.5 kilómetros de elevación. Ya para hace 45 millones de años, las simulaciones sitúan grandes áreas del este antártico por encima del umbral aproximado de 2 kilómetros, donde podían crecer glaciares de montaña.
Al llegar la gran glaciación, hace 34 millones de años, casi la mitad de esa cordillera habría quedado por encima de los 2 kilómetros. El aire más frío de las alturas permitió que parte de la nieve dejara de desaparecer cada verano.
Esos depósitos persistentes crecieron, formaron glaciares y terminaron uniéndose conforme el clima global se enfrió. Por eso la Antártida pudo congelarse cuando la temperatura media global todavía rondaba 5 °C por encima de la actual.
El Ártico permaneció sin grandes capas de hielo durante casi otros 30 millones de años. La diferencia no dependió únicamente del descenso térmico: el relieve antártico ya ofrecía zonas altas donde la nieve podía acumularse y sobrevivir al verano.
El CO₂ activó una Antártida ya elevada
El hielo también reforzó el cambio. Su superficie clara reflejó más radiación solar que el terreno descubierto, un mecanismo conocido como efecto hielo-albedo. El equipo estima que esta retroalimentación redujo cerca de 1 °C la temperatura global en sus simulaciones.
Una atmósfera más fría y seca retuvo menos vapor de agua. Esa reducción debilitó otra fuente natural de calentamiento y facilitó que el hielo se expandiera hasta la costa.
El mecanismo geológico no reemplaza al dióxido de carbono. El descenso del CO₂ atmosférico y el enfriamiento asociado siguen siendo el detonante principal aceptado para la transición climática de hace 34 millones de años.
La elevación modificó el punto de partida: hizo posible conservar nieve en el sur antes de que el planeta alcanzara temperaturas parecidas a las actuales. Si el CO₂ hubiera sido el único factor, la respuesta del norte y el sur debería haber sido más parecida.
Una diferencia de altura entre los dos polos
La nueva hipótesis ayuda a explicar el calendario desigual. El este antártico tenía tierra firme elevada y cercana al polo, mientras que las masas terrestres del norte eran más bajas.
Las grandes capas de hielo del hemisferio norte no se consolidaron hasta aproximadamente los últimos 5 millones de años, cuando sus masas terrestres cruzaron condiciones favorables mucho después.
Modelos con mapas cada dos millones de años
La investigación combina modelos geodinámicos, reconstrucciones del relieve, cálculos de balance energético y un modelo de capa de hielo. El repositorio suplementario incluye mapas del relieve reconstruido en intervalos de 2 millones de años, entre hace 100 y 36 millones de años, además de una base para hace 34 millones de años y los parámetros utilizados en las simulaciones del relieve y del hielo.
Ese diseño permite probar si un mismo mecanismo puede producir la altura, la ubicación y el calendario necesarios para iniciar la glaciación. No elimina la incertidumbre: kilómetros de hielo cubren el interior antártico y no existe un registro continuo de su elevación desde el Jurásico.
Los resultados dependen de supuestos sobre la viscosidad del manto, la erosión, la atmósfera antigua y la respuesta del hielo al relieve.
La reconstrucción no equivale al clima actual
La comparación con un planeta 5 °C más cálido no demuestra que la capa de hielo moderna resistiría ese nivel de calentamiento. La elevación preparó el terreno durante más de 100 millones de años; el cambio climático actual opera en escalas mucho más rápidas y afecta sectores costeros donde el océano también puede erosionar el hielo.
El aporte del estudio es preciso: antes de que el clima empujara a la Antártida hacia una glaciación continental, la dinámica profunda de la Tierra ya había construido el lugar donde el hielo podía empezar a sobrevivir. El descenso del CO₂ activó la transición, pero la altura ayuda a explicar por qué el hielo se afianzó primero en el polo sur.
