✨︎ Resumen (TL;DR):
- Reese Richardson y Sholto David reunieron en Zenodo 18,943 imágenes de validación sospechosas o aparentemente manipuladas.
- Los registros están vinculados con 17,495 productos y cuatro proveedores concentran 16,899 imágenes, cerca del 89% del total.
- El repositorio plantea dudas sobre la evidencia comercial, pero no demuestra que cada anticuerpo sea defectuoso ni quién modificó las imágenes.
Un repositorio publicado el 25 de agosto de 2026 por Reese Richardson, investigador de desinformación científica en Northwestern University, y Sholto David reúne 18,943 imágenes de validación sospechosas o aparentemente manipuladas asociadas con 17,495 productos de anticuerpos. El conjunto pone bajo escrutinio la evidencia visual que 15 proveedores usan para comercializar reactivos de investigación, aunque no prueba por sí solo que los productos sean defectuosos ni identifica quién alteró las imágenes.
Un anticuerpo de investigación es un reactivo de laboratorio que reconoce proteínas específicas. Un western blot es una técnica de laboratorio que separa una muestra en un gel y usa un anticuerpo para revelar una banda donde debería aparecer la proteína buscada. Los proveedores publican esos resultados para respaldar que el reactivo funciona y, en ciertos casos, que distingue su objetivo de otras proteínas.
Richardson descargó imágenes publicadas por los proveedores y ajustó sus niveles de contraste para hacer visible el ruido de fondo. Ese ruido debería variar entre experimentos. El análisis encontró fondos idénticos en pruebas atribuidas a anticuerpos distintos, bandas aparentemente desplazadas a otras posiciones, bloques de ruido repetidos y zonas que parecían pintadas digitalmente.
El repositorio conserva los archivos descargados, versiones anotadas y una hoja de cálculo con el proveedor, el número de catálogo, el enlace del producto, la fecha de identificación y una descripción del problema. El trabajo no es un artículo científico revisado por pares ni una auditoría aleatoria de todos los catálogos. Richardson buscó patrones en zonas donde esperaba hallar anomalías y excluyó las imágenes cuya baja resolución impedía evaluarlas con confianza.

Cuatro proveedores concentran casi 89% de las imágenes
La base de Zenodo atribuye 6,388 imágenes a G-Biosciences, 5,580 a Thermo Fisher Scientific, 2,695 a LSBio y 2,236 a OriGene. Juntos suman 16,899 registros, cerca del 89% del total documentado.
Esa concentración no permite comparar la proporción de problemas entre empresas. El trabajo no examinó muestras aleatorias ni revisó todos los catálogos con la misma profundidad, por lo que los conteos no funcionan como tasas de incumplimiento.
La cobertura periodística habla de 15 proveedores, mientras la página del conjunto de datos enumera 16 compañías. La diferencia corresponde a NeoBiotechnologies, que aparece en Zenodo con dos imágenes de dos productos. Richardson explicó en una nota al reporte que no perfiló a esa empresa porque solo encontró esos dos casos y corrigió una atribución previa que los vinculaba con Thermo Fisher.
También existe una posible explicación para que una misma imagen aparezca en marcas distintas. Varias compañías venden productos fabricados por terceros bajo su propia etiqueta y pueden recibir del proveedor original tanto el anticuerpo como sus datos de validación. Ese esquema puede repartir una imagen por varios catálogos, pero no revela quién hizo una modificación ni exime al vendedor de revisar la evidencia que publica.
Una imagen alterada no sentencia al anticuerpo
Mike Rossner, analista especializado en integridad de imágenes, coincidió con The Scientist en que los ejemplos revisados muestran modificaciones y fondos compartidos. Sin los datos fuente, advirtió, no se puede inferir la intención ni concluir que todos los anticuerpos señalados sean inválidos.
Una banda auténtica pudo colocarse sobre otro fondo para limpiar la presentación. Esa práctica, aun así, puede representar de forma engañosa la especificidad del producto.
Un anticuerpo puede reconocer su objetivo y también unirse a otras proteínas. Si una imagen elimina las señales no deseadas, el producto podría funcionar, pero no con la limpieza que sugiere el catálogo. En otros casos, reutilizar una misma banda en posiciones distintas abre dudas sobre si la prueba de validación ocurrió como se muestra.
De los 17,495 productos incluidos, 54 habían sido evaluados por la iniciativa independiente Only Good Antibodies. Richardson indicó a Chemical & Engineering News que 43 de esos 54 no fueron recomendados en al menos una prueba. El cruce resulta preocupante, pero el grupo es demasiado pequeño y seleccionado para extrapolar ese resultado al conjunto completo.
Seis empresas prometieron revisar los casos
Chemical & Engineering News solicitó comentarios a los 15 proveedores perfilados. Antes de publicar, seis respondieron: Abcam, Bioss, GeneTex, MilliporeSigma, Novus Biologicals/R&D Systems y Thermo Fisher Scientific. Todas dijeron que revisarían los productos señalados.
Bioss añadió que, si su revisión determina que una afirmación comercial no puede sostenerse o requiere una corrección material, identificaría a los clientes afectados y evaluaría medidas como reemplazos o reembolsos.
Abcam y MilliporeSigma también confirmaron a The Scientist que sus catálogos combinan productos o datos desarrollados internamente con material de fuentes externas. Ambas revisiones seguían en curso.
La revisión pendiente depende de los archivos originales. Esos materiales permitirían distinguir entre una edición de presentación, una imagen que exagera la especificidad del anticuerpo y una prueba que en realidad no respalda el producto. Hasta que las compañías hagan públicas sus conclusiones, el repositorio documenta anomalías visuales a gran escala, no un veredicto definitivo sobre la calidad de cada reactivo ni sobre la responsabilidad de cada proveedor.
