Seis enzimas producen atisinium en plantas de tabaco

Seis enzimas producen atisinium en plantas de tabaco

Seis enzimas permitieron producir atisinium en tabaco y estudiar compuestos de plantas venenosas.

Por Humberto Toledo el 2 de agosto del 2026 a las 7:23 pm PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Investigadores de Michigan State University y la Czech Academy of Sciences identificaron seis enzimas vinculadas con la producción de alcaloides diterpénicos.
  • Los genes correspondientes hicieron que plantas de tabaco produjeran atisinium; el nitrógeno incorporado provino de la etanolamina, no de la etilamina.
  • La ruta hacia moléculas como la aconitina sigue incompleta, y el estudio no demuestra que estas sustancias sean seguras o eficaces como tratamientos.

Investigadores de Michigan State University y la Czech Academy of Sciences identificaron seis enzimas que participan en los primeros pasos de la producción de alcaloides diterpénicos. Al introducir esos genes en plantas de tabaco, produjeron atisinium. Publicado en Molecular Plant, el resultado ofrece una ruta para analizar estos compuestos en mayor cantidad, no un fármaco listo para usarse: las moléculas de esta familia siguen siendo altamente tóxicas y la ruta completa aún no está resuelta.

Complejo de apartamentos contemporáneo en una calle de la ciudad con coches estacionados y follaje otoñal.
Foto: SHOX ART / Pexels

Cómo las plantas fabrican moléculas complejas

Un alcaloide diterpénico es un compuesto natural que las plantas construyen mediante cadenas de reacciones controladas por enzimas.

El larkspur, también llamado delphinium, y el wolfsbane, o monkshood, producen esta familia química. En cantidades diminutas, algunos de sus alcaloides pueden causar neurotoxicidad y parálisis. Esa misma actividad biológica ha despertado interés farmacológico y podría ayudar a estudiar moléculas con potencial contra el dolor, la malaria, el cáncer y algunas plagas.

La aconitina, uno de los compuestos más conocidos, fue aislada en 1833 y todavía no se ha logrado sintetizar con éxito en un laboratorio mediante química convencional. Las plantas, en cambio, construyen estas estructuras mediante cadenas de reacciones controladas por enzimas.

“Las plantas son los mejores químicos que existen: perfeccionan su arsenal de compuestos naturales durante millones de años para sobrevivir”, explicó Björn Hamberger, investigador de Michigan State University.

El problema práctico está en la escala. Las plantas producen estos metabolitos especializados lentamente y en cantidades muy pequeñas. Extraerlos de las raíces puede ser insuficiente para investigar sus propiedades. Copiarlos desde cero exige reproducir estructuras que la química sintética aún no domina.

De miles de genes a seis enzimas

Los dos grupos empezaron con plantas distintas. El laboratorio de Björn Hamberger analizaba el larkspur, mientras el equipo dirigido por Tomáš Pluskal en la Czech Academy of Sciences trabajaba con wolfsbane. La colaboración permitió comparar varias especies y buscar mecanismos compartidos.

Los investigadores rastrearon miles de genes para localizar aquellos que se activaban en los tejidos adecuados y coincidían con la producción de los alcaloides. La reconstrucción de la ruta siguió esta secuencia:

  • Identificaron genes activos en los tejidos donde se acumulan los compuestos.
  • Compararon especies de larkspur y wolfsbane para encontrar instrucciones genéticas conservadas.
  • Transfirieron los genes seleccionados a un organismo huésped.
  • Analizaron las moléculas producidas por ese organismo para confirmar qué enzimas funcionaban.

Los investigadores eligieron una planta de tabaco modificada genéticamente como huésped. Las plantas actuaron como biofábricas experimentales y produjeron atisinium, un alcaloide diterpénico que sirve como punto de entrada para estudiar compuestos más complejos.

Las seis enzimas ayudaron a que la molécula adquiriera su forma tridimensional y facilitaron la incorporación de una fuente de nitrógeno. Ese paso era especialmente relevante porque los científicos todavía no conocían con precisión cómo las plantas transformaban un esqueleto diterpénico en un alcaloide.

El molecular farming es un enfoque biotecnológico que usa un organismo huésped para producir una molécula a partir de genes introducidos. En este experimento, el tabaco no se usó para producir alimentos ni medicamentos, sino para comprobar que una combinación concreta de genes podía reconstruir una parte de la química natural.

La planta usó etanolamina, no etilamina

El equipo también rastreó el origen del nitrógeno presente en estos alcaloides. Varias moléculas parecían contener una marca asociada con la etilamina, por lo que esa sustancia parecía la candidata más probable.

Para comprobarlo, el equipo alimentó células vegetales con versiones marcadas de etilamina y etanolamina. La señal que terminó incorporada a los compuestos correspondió a la etanolamina, no a la etilamina.

La diferencia muestra que la planta puede comenzar con una fuente de nitrógeno y reorganizar sus componentes durante etapas posteriores. La estructura final no necesariamente revela cuál fue el material utilizado al principio.

El hallazgo ayuda a completar el mapa de la biosíntesis y señala nuevas enzimas que podrían trasladarse a levaduras u otros organismos diseñados para producir estas moléculas de forma más controlada.

La ruta hacia un fármaco sigue incompleta

El estudio resolvió los primeros pasos de la producción de atisinium, pero la familia de alcaloides diterpénicos contiene muchos compuestos más complejos. La ruta necesaria para llegar a moléculas como la aconitina todavía incluye etapas que los investigadores no han identificado.

Una posibilidad futura es introducir las instrucciones genéticas en huéspedes como levaduras o plantas modificadas para obtener cantidades mayores y constantes. Eso permitiría realizar pruebas químicas y biológicas que hoy resultan difíciles por la escasez de material disponible.

“En un escenario ideal, esto podría ayudar algún día a crear nuevos fármacos inspirados en estos productos naturales”, señaló Lana Mutabdžija, coautora del estudio.

El estudio tampoco demuestra que estas moléculas sean seguras o eficaces como tratamientos. Su toxicidad sigue siendo un problema central. Cualquier aplicación médica requeriría más investigación, modificación química, pruebas de seguridad y desarrollo clínico.

Por ahora, el avance más concreto es una ruta genética parcial que permite fabricar un compuesto complejo dentro de un organismo huésped. Esa capacidad permite estudiar sustancias que las plantas producen en cantidades mínimas y que la química de laboratorio todavía no consigue copiar. La ruta hacia la aconitina sigue incompleta, y cualquier uso médico depende de resolver las etapas restantes y demostrar seguridad.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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