✨︎ Resumen (TL;DR):
- SIAT fabricó un vestido prototipo con láminas de micelio vivo de Cordyceps militaris.
- El material cierra cortes con agua o micelio fresco; una estructura pequeña se degradó casi por completo tras 41 días enterrada.
- El lavado, la abrasión, la transpirabilidad y la comodidad siguen sin probarse; las materias primas explican más del 95% del costo estimado.
Un equipo de los Shenzhen Institutes of Advanced Technology (SIAT), de la Academia China de Ciencias, fabricó un vestido prototipo con láminas de micelio vivo de Cordyceps militaris. El material puede cerrar cortes con agua o micelio fresco y repeler el agua. Una estructura pequeña hecha con esas láminas se degradó casi por completo después de 41 días enterrada, pero el estudio todavía no prueba el lavado, la abrasión, la transpirabilidad ni la comodidad de uso.
El micelio vivo es un material biológico formado por filamentos de hongo que conserva células capaces de volver a crecer. La investigación, descrita en la revista revisada por pares Science Advances, llevó esa capacidad a una prenda que puede reparar daños bajo ciertas condiciones.

Cómo convirtieron el micelio en láminas
Los investigadores cultivaron esporas de C. militaris en un medio líquido hasta que el hongo formó pellets esféricos de hifas. Después los colocaron en moldes y los secaron a 45 °C durante 6 horas. La red fúngica se consolidó con el secado y adoptó la forma del molde sin andamio ni adhesivo.
El primer material era quebradizo. Añadir glicerol, que interactúa con polisacáridos como la quitina de la pared celular, corrigió esa rigidez: una formulación con 10% de glicerol aumentó la ductilidad 50% frente al material sin tratar y conservó una resistencia útil. Cuatro tiras de 1 milímetro de ancho, trenzadas en una cuerda, sostuvieron 1 kilogramo.
El vestido lo confeccionó la empresa berlinesa Peelsphere, no el laboratorio. Su fundadora, YouYang Song, resolvió el diseño; su colega Ruochen Wang, en China, se encargó del corte y el armado. El cuerpo reúne unos 20 módulos azules autopigmentados, el cuello usa piezas con forma de hoja y el ruedo, pétalos cubiertos de hifas aéreas.
Color de levaduras y melanina contra la radiación UV
El color añadido no provino del hongo base. El equipo incorporó células de Saccharomyces cerevisiae modificadas para exhibir proteínas que se unen a la quitina, de modo que la levadura quedara sujeta a los filamentos del hongo. Los investigadores mezclaron esas células con los pellets antes de que las láminas terminaran de formarse.
Tras 6 horas de ultrasonido, las levaduras con ese sistema conservaron cerca de 75% de eficiencia de unión, frente a 18% de las que no lo llevaban. Distintas cepas produjeron azul claro, rojo, naranja y morado oscuro; al mezclarlas aparecieron tonos intermedios. La intensidad del color bajó durante 14 días de prueba, aunque la saturación se mantuvo estable.
La protección ultravioleta corrió por cuenta de otro hongo. Los investigadores rociaron esporas de Aspergillus niger con nutrientes sobre el textil y estas germinaron en una capa rica en melanina. Al colocar el material tratado sobre esporas expuestas durante 3 horas a luz ultravioleta de 254 nanómetros, las protegidas germinaron casi con normalidad y las descubiertas quedaron muy por debajo.
La reparación funciona, pero la abrasión la desgasta
El sistema opera en dos modos:
- Cortes grandes: los investigadores los rellenan con pellets húmedos que se adhieren al secar.
- Cortes pequeños: en las láminas con glicerol, unos microlitros de agua bastan para cerrarlos.
Después de 10 ciclos de reparación asistida con agua, las muestras conservaron alrededor de 68% de su rigidez original. Las superficies regeneradas volvieron a repeler el agua, con ángulos de contacto cercanos a 145 grados, y mantuvieron cerca de 89% de su módulo de Young.
El efecto resistió ciclos de mojado y secado, 24 horas de inmersión y compresión, pero la abrasión lo degradó. Esa última limitación importa para una prenda, porque el estudio todavía no establece cuánto desgaste cotidiano soportaría el material.
La biodegradabilidad no resuelve el uso diario
El análisis de ciclo de vida encontró cargas ambientales concretas. El pretratamiento consume una cantidad importante de agua, la filtración pesa de forma notable en el potencial de calentamiento global y producir glicerol añade sus propias cargas. Las materias primas, sobre todo el medio de cultivo, explican más del 95% del costo estimado de producción.
La lista de pruebas pendientes es básica para cualquier prenda: lavado, resistencia a la abrasión, transpirabilidad, comodidad de uso y consistencia de fabricación. Por eso los autores apuntan a usos de vida corta, como textiles temporales, empaques, montajes artísticos e instalaciones arquitectónicas.
Ke Li, quien encabeza la investigación, lo planteó en agosto a Dezeen con cautela: harían falta “mejoras en durabilidad, resistencia a la humedad, seguridad y consistencia de fabricación” antes de pensar en ropa de uso corriente o en arquitectura permanente.
El dato más firme está en el final de vida útil: una estructura pequeña hecha con estas láminas se degradó casi por completo tras 41 días enterrada. Por ahora, ese resultado encaja mejor con un empaque o una vitrina que con un clóset: la reparación mostró resultados en las pruebas del estudio, pero el lavado y el desgaste cotidiano siguen sin respuesta.