Excremento de dinosaurio da pistas sobre aves sobrevivientes

Excremento de dinosaurio da pistas sobre aves sobrevivientes

Una pluma en excremento de dinosaurio plantea una hipótesis sobre la supervivencia de las aves hace 66 millones de años

Por Humberto Toledo el 15 de septiembre del 2026 a las 4:50 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un coprolito de hace 66 millones de años conserva plumas, fragmentos de hueso y dos escamas de gar.
  • Dos plumas muestran un eje cuadrado con centro esponjoso, un rasgo registrado en aves modernas y sus ancestros inmediatos.
  • El equipo plantea que ese plumaje pudo aislar peor durante el invierno posterior al impacto de Chicxulub, pero la evidencia no confirma esa causa de extinción.

Un equipo encabezado por Jingmai O’Connor, del Field Museum de Chicago, describió un coprolito hallado en la Formación Hell Creek, Montana. El equipo publicó el estudio el 10 de septiembre de 2026 en Current Biology y atribuyó de forma probable las plumas a un hesperornitiforme, un ave buceadora extinta parecida a un colimbo. Los autores proponen que su plumaje pudo aislar peor del frío posterior al impacto de Chicxulub, una hipótesis para explicar por qué el linaje Neornithes, del que descienden todas las aves actuales, fue el único que sobrevivió. El fósil documenta una escena de depredación, pero no demuestra por sí solo la causa de la extinción.

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La roca conservó una cadena alimentaria

David DeMar Jr., investigador del departamento de Biología de la Universidad de Washington y responsable de las colecciones del Hell Creek Project en el Museo Burke de Seattle, encontró la pieza en 2016, mientras recolectaba fósiles de peces en el este de Montana.

El hallazgo era un nódulo pardo rojizo oscuro, del tamaño de media pelota de golf, con una pluma diminuta visible en la superficie. Según el comunicado de la Universidad de Washington, nadie había encontrado plumas en la Formación Hell Creek durante más de un siglo de búsquedas.

El equipo analizó la composición mineral del nódulo y lo examinó con un microtomógrafo del campus médico de la Universidad del Sur de California. Nate Carroll, paleontólogo del Carter County Museum de Montana, explicó en el comunicado del Field Museum que cada hora de procesamiento revelaba otra pluma, otra escama u otro hueso en 3D.

Un coprolito es un excremento fosilizado que puede conservar restos de una cadena alimentaria. En este caso, el ejemplar catalogado como UWBM 103150 consta de tres piezas. El fragmento que muestra la pluma se desprendió de otros más grandes, del tamaño de una pelota de softbol, que todavía podrían guardar pistas.

O’Connor señaló que los candidatos más probables para producir el excremento son un Tyrannosaurus rex o un Nanotyrannus, un tiranosaurio de menor tamaño. La identidad del depredador no está confirmada.

Los fragmentos óseos resultaron más densos que los de la mayoría de las aves, una característica que favorece el buceo. Los hesperornitiformes eran aves dentadas que en su mayoría no volaban y se impulsaban con las patas para pescar.

O’Connor explicó la conexión a National Geographic: “Los huesos parecían de hesperornitiforme, ya que son muy densos, así que las plumas debían mostrar adaptaciones acuáticas, ¡y voilà! Las mostraban”.

Las dos escamas diminutas pertenecen a un gar, un pez de la familia del pejelagarto. Según los autores, eran restos de la última comida del ave antes de que otro animal la convirtiera en presa. La escena sugerida reúne al pez, al ave buceadora y al dinosaurio que probablemente se la comió.

Matthew Shawkey, paleontólogo de la Universidad de Gante, en Bélgica, y ajeno al estudio, dijo a National Geographic que la evidencia respalda esa interpretación. También consideró convincente el trabajo comparativo del equipo: “La conservación es asombrosa, casi como si hubiera estado en ámbar”, agregó.

Richard Prum, ornitólogo de la Universidad de Yale que tampoco participó, dijo a NPR que no existe otro material de esa edad con una conservación comparable, incluida evidencia de células individuales.

O’Connor, curadora asociada de reptiles fósiles del Field Museum, dijo a NPR: “Es, sin duda, la mejor pluma que hemos encontrado jamás de la era de los dinosaurios”.

Que una pluma entera aparezca en un coprolito no sorprende a O’Connor. Si los fragmentos de hueso pueden atravesar el aparato digestivo de los grandes terópodos, también pueden hacerlo las plumas pequeñas. Karen Chin, paleontóloga de la Universidad de Colorado y coautora del estudio, añadió que muy pocos animales pueden digerir la queratina, el material resistente del que están hechas las plumas.

La Formación Hell Creek no suele conservar tejidos blandos, según O’Connor. Investigadores también hallaron en esta unidad geológica el primer rastro de huellas atribuido a un T. rex adulto, en Dakota del Norte, y lo describieron el 8 de septiembre de 2026.

Una pluma adelanta un rasgo de aves actuales

DeMar explicó en el comunicado de la Universidad de Washington que dos de las plumas, incluida la que asomaba en la superficie, tienen rasgos que hasta entonces solo se conocían en aves vivas y en sus ancestros inmediatos. Entre ellos aparece un eje de forma cuadrada con un centro esponjoso.

DeMar resumió la rareza del hallazgo: “Ninguna otra pluma del Mesozoico tiene esta combinación de rasgos”.

Hasta ahora, el registro más antiguo conocido de ese centro esponjoso correspondía al Eoceno temprano de Dinamarca, unos 10 millones de años después de la pluma de Hell Creek. El fósil de Montana adelanta ese registro dentro de la historia documentada de las plumas.

El conjunto no es uniforme. Algunas plumas parecen modernas e impermeables. Otras son plumas corporales pequeñas, primitivas y con aspecto de pelusa, similares a las asociadas con dinosaurios y enantiornites, el grupo de aves más común del Cretácico. Para el Field Museum, esa mezcla las coloca a medio camino entre las plumas de los enantiornites y las de las aves modernas.

Los comunicados del Field Museum y de la Universidad de Washington presentan el hallazgo como las primeras plumas de hesperornitiforme encontradas. El Museo de Paleontología de la Universidad de California en Berkeley registra un antecedente distinto: impresiones de un ejemplar de Parahesperornis, otro miembro del grupo, que conserva marcas de plumas gruesas con aspecto de pelo.

El frío es una hipótesis, no una conclusión

Una propuesta previa vinculaba la supervivencia de algunas aves con la vida cerca del agua, porque ese hábitat habría amortiguado parte de los efectos de la extinción. Los hesperornitiformes también vivían junto al agua y desaparecieron, así que el equipo busca una diferencia adicional.

Los autores proponen que el tipo de plumaje, la forma en que estas aves lo mudaban o ambas variables pudieron contribuir a que la extinción de finales del Cretácico fuera selectiva.

El mecanismo propuesto pasa por el frío. El asteroide de Chicxulub, cuyo cráter quedó en la península de Yucatán, llenó el aire de ceniza y hollín y enfrió el planeta. Si las plumas corporales de los hesperornitiformes y de los enantiornites aislaban peor que las de las aves modernas, esa diferencia pudo afectar su capacidad de sobrevivir al invierno de impacto.

La anatomía de estas plumas fósiles indica un plumaje menos eficaz para retener aire junto al cuerpo y conservar el calor. O’Connor, sin embargo, no presenta esta característica como una causa única: “Digo que es un factor que contribuyó”, afirmó en NPR.

Julia Clarke, bióloga evolutiva de la Universidad de Texas en Austin y ajena al estudio, cuestiona el salto entre el fósil y la extinción. Le parece forzado explicar con esta evidencia por qué unas especies sobrevivieron y otras desaparecieron: “Los fragmentos en sí están incompletos”, dijo a NPR.

Aun así, Clarke destacó la escena que el coprolito parece conservar: un dinosaurio que comió un ave acuática que había comido cierto tipo de pez. La comparó con un turducken del Cretácico, un pavo relleno de pato relleno de pollo.

La evidencia se divide en cuatro niveles:

  • Observación directa: las microtomografías ubicaron plumas, fragmentos de hueso y escamas dentro del mismo excremento fosilizado.
  • Identificación probable: la densidad de los huesos, las adaptaciones acuáticas de las plumas y las escamas de gar respaldan que el ave era un hesperornitiforme que había comido ese pez.
  • Rasgo anatómico descrito: dos plumas tienen un eje cuadrado con centro esponjoso, un rasgo que adelanta en 10 millones de años el registro conocido.
  • Hipótesis de extinción: un plumaje menos eficaz para conservar calor pudo contribuir a la desaparición de estas aves, pero O’Connor lo considera un factor entre otros y Clarke ve forzada esa conclusión.

El Museo Burke exhibe de forma permanente la pieza con la pluma expuesta dentro de la muestra Drama at the K-Pg. O’Connor adelantó a IFLScience un segundo artículo sobre la química de esta fosilización, que incluirá pistas sobre qué coprolitos conviene escanear.

Confirmar si el plumaje influyó en la extinción exigirá encontrar más fósiles. El coprolito ya suma los excrementos de dinosaurio a los lugares donde conviene buscar esas evidencias.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

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