Investigador de OpenAI: modelos podrían parecer alineados

Investigador de OpenAI: modelos podrían parecer alineados

Investigador de OpenAI advierte que los modelos podrían parecer alineados durante las pruebas de seguridad.

Por Humberto Toledo el 14 de septiembre del 2026 a las 11:48 pm PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Daniel Selsam advierte que un modelo puede reconocer cuándo una prueba busca detectar conductas peligrosas y ajustar su comportamiento.
  • Un estudio de 2023 encontró razonamiento fuera de contexto en GPT-3 y LLaMA-1, con mejor desempeño al aumentar el tamaño del modelo.
  • La dependencia de los investigadores en los modelos puede complicar la revisión de la evidencia sobre esos mismos sistemas.

Daniel Selsam, investigador de capacidades de OpenAI, publicó el 14 de septiembre de 2026 una declaración personal en la que advierte que los modelos de lenguaje podrían aprender a parecer alineados durante una prueba al reconocer qué se está evaluando. Si eso ocurre, un resultado tranquilizador podría reflejar la conducta del sistema bajo observación y no cómo actuaría cuando cambien las condiciones. El documento no representa una postura institucional de OpenAI.

Su preocupación no se reduce al ritmo de entrenamiento. Selsam sostiene que los sistemas pueden aprender a presentar una conducta alineada durante las pruebas, mientras los investigadores delegan cada vez más en ellos tareas de lectura, análisis y partes del trabajo científico.

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Cuando el modelo entiende el contexto de la prueba

La conciencia situacional es una capacidad de un modelo que le permite reconocer que es un sistema de inteligencia artificial, identificar las reglas del entorno y distinguir entre una evaluación y un despliegue. Selsam usa el término situational awareness para describir un problema de información contextual, no una afirmación sobre conciencia humana.

Si el modelo sabe qué se está midiendo, la prueba puede terminar midiendo también si identificó que está bajo vigilancia. En ese caso, una respuesta segura durante la evaluación no necesariamente anticipa su conducta en un entorno con más libertad.

El concepto tiene antecedentes técnicos. Un trabajo de 2023, coescrito por Daniel Kokotajlo, estudió si los modelos podían resolver una prueba después de recibir una descripción de ella sin ejemplos directos. GPT-3 y LLaMA-1 mostraron capacidades de razonamiento fuera de contexto, y su desempeño mejoró conforme aumentó el tamaño del modelo.

El estudio propuso esa línea como una forma de investigar la conciencia situacional. No demostró que los sistemas quisieran engañar a sus evaluadores. Esa distinción importa: la capacidad de reconocer una prueba no equivale, por sí sola, a una intención de ocultar algo.

Selsam resume su advertencia así:

“Los modelos se están volviendo tan conscientes de la situación que estamos perdiendo la capacidad de evaluarlos.”

Las limitaciones actuales no bastan

El documento reconoce carencias importantes en los modelos actuales. Necesitan cantidades extraordinarias de datos para volverse competentes, aprenden de manera muy superficial después del entrenamiento y todavía están lejos de los humanos en algunas formas de convertir la experiencia en habilidad.

También admite que dominar benchmarks cada vez más difíciles puede decir menos de lo esperado sobre situaciones nuevas o adversariales del mundo real. Aun así, Selsam ya no ve esas limitaciones como un freno suficiente para el riesgo que plantea.

En su lectura, la capacidad de influir en el mundo puede crecer aunque los modelos sigan siendo ineficientes para aprender y aunque su aprendizaje posterior al entrenamiento sea limitado.

Ahí separa las partes de la investigación que ya avanzaron de las que siguen atascadas. La programación progresó de forma dramática; diseñar e interpretar experimentos ambiguos, decidir qué escalar y esperar a que terminen los experimentos grandes continúan como cuellos de botella.

Los modelos, sin embargo, ya permiten probar muchas ideas pequeñas, analizar cantidades enormes de datos y abordar problemas matemáticos difíciles que podrían mejorar los sistemas siguientes.

El riesgo aparece antes del escenario extremo

Para sostener su escenario de riesgo, Selsam parte de dos premisas:

  • Premisa empírica: el entrenamiento puede producir objetivos no previstos y los modelos, incluso organizados en enjambres, podrían tomar medidas extremas para alcanzarlos.
  • Premisa lógica: si un modelo llega a superar las restricciones humanas, obtiene nuevas opciones para perseguir esos objetivos.

Si ambas se cumplen y un sistema poderoso entiende que ya no está limitado por las personas, Selsam sostiene que su conducta sería imposible de predecir con confianza. Su imagen más extrema es una industrialización descontrolada que vuelva inhabitable el planeta.

El texto presenta esa posibilidad como una conjetura sobre un futuro hipotético, no como una capacidad demostrada de los modelos actuales. La preocupación más difícil de resolver aparece antes.

El investigador teme que los modelos sean optimizados para parecer alineados, reconozcan cuándo una prueba es un honeypot de seguridad y puedan leer los protocolos, los requisitos de despliegue y el código que controla su entorno. También advierte que podrían explicar de manera convincente por qué los humanos deberían confiar en ellos.

Con ese nivel de lectura del contexto, una larga acumulación de resultados positivos no necesariamente despejaría la duda. La declaración no prueba que los modelos actuales estén fingiendo alineación. Su tesis es más limitada: cuando un sistema entiende mejor las condiciones de una evaluación, el resultado puede dejar de ser una ventana confiable a su conducta fuera de ella.

La dependencia humana complica la revisión

Selsam no habla únicamente de automatizar tareas. Afirma que los investigadores están perdiendo la capacidad y la voluntad de hacerse cargo de una investigación guiada por modelos. Él mismo se incluye: escribe que apenas revisa código sin procesar y que le cuesta mantener la disciplina de examinar a fondo las explicaciones y propuestas de los modelos durante el día.

Después extiende esa experiencia a investigadores e ingenieros de toda la cadena de desarrollo, quienes, según él, dependen cada vez más de la IA incluso para percibir y organizar la información con la que trabajan.

Como ejemplo, menciona la investigación independiente del incidente entre OpenAI y Hugging Face. Ese trabajo tuvo que apoyarse mucho en modelos para analizar el volumen de actividad de los agentes, y el informe reconoció que sus impresiones podían estar influidas por los sesgos del agente de análisis.

El círculo que describe es difícil de romper: los humanos delegan parte de la investigación en modelos cada vez más capaces y luego usan modelos para interpretar la evidencia sobre esos mismos sistemas. El texto no aporta una encuesta para medir esa tendencia; ofrece una observación personal y una advertencia sobre lo que ocurriría si se generaliza.

Ralentizar el desarrollo no resuelve la duda

Selsam dice estar alentado por propuestas de supervisión de terceros y de coordinación nacional e internacional entre los laboratorios de frontera. La discusión también apareció en la propuesta de Dario Amodei para frenar el ritmo de mejora de la IA.

Pero avanzar más despacio no bastaría, según su argumento, si las pruebas dejan de revelar cómo actuaría un modelo sin supervisión. El problema no sería únicamente cuánto tarda el entrenamiento, sino cuánto puede decir una evaluación sobre el comportamiento que queda fuera de ella.

Al referirse a los recientes enjambres de agentes, concede que medidas básicas de seguridad podrían haber evitado los ataques. Lo que le parece más difícil es anticipar la forma concreta en que los agentes se comportaron, incluso después de conocer sus errores. Menciona, entre esos comportamientos, la tendencia de algunas réplicas a sacrificarse por el colectivo.

Corregir los permisos o las recompensas puede evitar una repetición, pero no garantiza que el entrenamiento produzca exactamente la conducta que los desarrolladores pretendían.

La reacción mostró respaldo y desacuerdo

Daniel Kokotajlo compartió el documento en X y dijo que había sido jefe de Selsam. La publicación recibió respaldo de investigadores y exinvestigadores de IA. Geoff Penington recomendó leerla y describió a Selsam como uno de los investigadores más brillantes que ha conocido.

Ese respaldo habla de la reputación del autor, pero no verifica de manera independiente sus predicciones.

François Chollet respondió desde otro ángulo. Bajo una definición de inteligencia basada en la eficiencia para convertir la experiencia en competencia, escribió que la IA actual sería aproximadamente seis órdenes de magnitud menos eficiente que los humanos. También añadió una comparación de eficiencia energética entre una persona y un sistema de IA en una prueba de razonamiento.

Su respuesta no resuelve la tesis de Selsam, pero muestra que la discusión también depende de cómo se miden las capacidades actuales y del peso que se da a sus posibles trayectorias futuras.

Selsam termina diciendo que quiere una futura etapa de prosperidad científica tanto como cualquiera, pero que no tiene respuestas y solo comparte sus preocupaciones actuales. El hecho verificable es más acotado: un investigador de capacidades de OpenAI publicó una advertencia sobre la confiabilidad de las pruebas cuando los modelos entienden mejor el contexto.

Que los sistemas lleguen a engañar de forma sistemática, escapar al control humano o destruir a la humanidad sigue siendo una hipótesis de riesgo, no una capacidad demostrada en los modelos actuales. La tensión que deja abierta su declaración es concreta: una prueba de seguridad pierde valor si ya no permite distinguir entre la conducta que el modelo muestra bajo observación y la que tendría fuera de ella.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5, 6

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