✨︎ Resumen (TL;DR):
- Hito de distancia: El 18 de noviembre de 2026, la Voyager 1 cruzará la barrera de distancia de un día luz respecto a la Tierra, lo que significa que una orden tardará 24 horas en alcanzarla.
- Energía al límite: Su generador de plutonio pierde unos 4 vatios de potencia eléctrica al año, obligando a apagar sus calefactores e instrumentos de medición.
- Sobreviviendo con lo básico: Tras desactivar el sensor de partículas cargadas en abril de 2026, la sonda mantiene únicamente dos herramientas científicas encendidas.
El 18 de noviembre de 2026, la sonda Voyager 1 de la NASA se convertirá en el primer objeto fabricado por el ser humano en ubicarse a un día luz de la Tierra, a una distancia de 25,900 millones de kilómetros. A partir de ese momento, cualquier instrucción de radio enviada desde nuestro planeta tardará 24 horas en alcanzar a la nave espacial y otro día entero en recibir respuesta. Este hito coincide con un apagado progresivo de sus sistemas debido al agotamiento de su batería nuclear.
Estar a un día luz de la Tierra significa que la sonda opera en un aislamiento absoluto. La luz viaja a 299,792 kilómetros por segundo, y para cubrir la gigantesca distancia de más de 25,900 millones de kilómetros que separan a la Voyager 1 de su hogar, la señal necesita un día completo de ida y otro de vuelta.
La nave viaja por el espacio interestelar a 61,000 km/h desde que cruzó la heliopausa en agosto de 2012. Sin embargo, para los ingenieros de la misión, el reto principal no es la distancia física, sino el suministro de energía que la mantiene con vida en la oscuridad.

La agonía eléctrica de una leyenda de 1977
La Voyager 1 no cuenta con paneles solares porque en su ubicación actual la radiación de nuestra estrella es insignificante. La computadora de a bordo y los instrumentos se alimentan de generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), un sistema que aprovecha el calor de la desintegración del plutonio-238 con una eficiencia menor al 10%.
Este generador pierde unos 4 vatios de potencia al año. Con un margen de energía cada vez más estrecho, un giro de rutina realizado el 27 de febrero de 2026 casi provoca un colapso eléctrico que habría activado el protocolo automático de protección por bajo voltaje, forzando una recuperación de sistemas muy arriesgada.
Para evitar una pérdida definitiva, los ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en California apagaron el pasado 17 de abril de 2026 el instrumento de Partículas Cargadas de Baja Energía (LECP), que operaba casi sin interrupción desde su lanzamiento en 1977.
“Apagar un instrumento científico no es la opción que nadie querría, pero es la mejor disponible”, explicó Kareem Badaruddin, gerente de la misión Voyager en el JPL. Anteriormente, en febrero de 2025, el equipo ya había desactivado el subsistema de rayos cósmicos.
Los dos últimos centinelas interestelares
Con estas drásticas medidas, la Voyager 1 conserva únicamente dos herramientas científicas encendidas:
- El magnetómetro: Encargado de registrar el campo magnético del medio interestelar.
- El instrumento de ondas de plasma: Capta las vibraciones del gas ionizado profundo para medir su densidad.
“A la Voyager 1 le quedan dos instrumentos científicos en operación: uno que escucha las ondas de plasma y otro que mide los campos magnéticos. Siguen funcionando de maravilla, enviando datos desde una región del espacio que ninguna otra nave construida por el ser humano ha explorado. El equipo se mantiene enfocado en mantener ambas Voyager en marcha el mayor tiempo posible”, detalló Badaruddin.
El plan “Big Bang” para sobrevivir hasta 2030
La NASA no se rinde ante la falta de energía. Para estirar la vida útil de los sistemas, planean ejecutar una maniobra de alta precisión apodada “Big Bang”, la cual consiste en transferir la carga eléctrica a componentes internos de menor consumo energético.
Este procedimiento se probará primero en la Voyager 2 entre mayo y junio de 2026, aprovechando que cuenta con mayores reservas de energía. Si la prueba resulta exitosa, los ingenieros aplicarán la misma reconfiguración en la Voyager 1 durante el mes de julio, abriendo incluso la posibilidad de encender nuevamente el instrumento de partículas desactivado.
El objetivo final es asegurar que ambas naves mantengan al menos un sensor científico transmitiendo datos hasta entrada la década de 2030. Actualmente, la comunicación se gestiona mediante las antenas de la Red del Espacio Profundo, operando a una velocidad de transmisión sumamente baja, de apenas 100 bits por segundo.
A pesar de las limitaciones físicas y las fallas de hardware resueltas a distancia, como la reescritura de código en 2024 para corregir un chip de memoria dañado, la Voyager 1 seguirá alejándose en silencio con el mítico disco de oro a bordo. Cuando la energía nuclear se agote por completo y la transmisión se apague definitivamente, la sonda continuará su viaje eterno como el testimonio más lejano de nuestra civilización.
