GJ 3378 b: la supertierra vecina que podría albergar vida

GJ 3378 b: la supertierra vecina que podría albergar vida

El exoplaneta GJ 3378 b pasó de ser una densa bola de gas a una supertierra rocosa candidata a albergar vida.

Por Humberto Toledo el 12 de julio del 2026 a las 10:23 pm PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un equipo de la Universidad de California en Irvine corrigió el peso de GJ 3378 b a 2.3 masas terrestres.
  • El planeta se ubica en la zona habitable de su enana roja a solo 25 años luz de distancia de nosotros.
  • Los científicos evalúan si el exoplaneta conserva su atmósfera o si la radiación estelar la destruyó.

Un equipo de astrónomos de la Universidad de California en Irvine (UC Irvine) recalculó las propiedades físicas del exoplaneta GJ 3378 b, descubriendo que es mucho más ligero de lo que se pensaba. Al reducir su estimación de masa de 5.3 a 2.3 masas terrestres, los investigadores determinaron que no es un gigante gaseoso, sino una supertierra rocosa ubicada dentro de la zona habitable de su estrella enana roja.

El estudio, publicado el 30 de junio de 2026 en The Astrophysical Journal, analizó las mediciones de este cuerpo celeste situado a 25 años luz de la Tierra, en la constelación de la Jirafa. Con su nueva masa, el planeta tiene altas probabilidades de ser rocoso y recibir el 90% de la energía solar que llega a nuestro mundo.

“Esta supertierra recibe cerca del 90% de la radiación que la Tierra recibe de su Sol, así que está justo en el punto ideal. Este planeta es emocionante. Es uno de nuestros vecinos cósmicos más cercanos. Veinticinco años luz suena lejísimos, pero la Vía Láctea mide unos 100,000 años luz de lado a lado, así que en ese sentido es nuestro vecino de al lado”, explicó Paul Robertson, profesor asociado de Física y Astronomía en UC Irvine y autor principal de la investigación.

Una supertierra es un tipo de exoplaneta que posee una masa mayor a la de nuestro planeta pero inferior a gigantes gaseosos como Neptuno.

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Una báscula espacial a 25 años luz

Para pesar a GJ 3378 b, los científicos emplearon el Habitable-zone Planet Finder (HPF), un espectrógrafo de infrarrojo cercano instalado en el telescopio Hobby-Eberly del Observatorio McDonald en Texas. Este instrumento capta el bamboleo gravitacional que el planeta ejerce sobre su estrella, un método conocido como velocidad radial.

“Nuestro lema es ‘seguir el agua’. Es lo único que necesita todo ser vivo conocido en la Tierra, así que es lo primero que buscamos cuando intentamos encontrar entornos que puedan sostener vida”, añadió Robertson sobre la estrategia del equipo, en el que también colaboraron el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y la Universidad de Texas.

Los ajustes clave del estudio muestran un panorama muy diferente al calculado en 2024: * Su masa se redujo de 5.3 a unas 2.3 masas terrestres. * El periodo orbital pasó de 25 a cerca de 21 días. * Su tamaño equivale aproximadamente al doble del terrestre. * Su temperatura de equilibrio ronda los 0 °C, sin considerar el efecto invernadero de una posible atmósfera.

El misterio de la atmósfera

El gran reto de GJ 3378 b radica en su atmósfera. Al orbitar tan cerca de su enana roja, se encuentra justo en el límite de la pérdida de gases.

La costa cósmica es una frontera espacial que determina si un cuerpo celeste puede retener su atmósfera frente a la radiación estelar.

Si el planeta carece de un escudo magnético fuerte, las constantes fulguraciones de su estrella podrían haber barrido su aire por completo, tal como le ocurrió a Marte.

Para Robertson, la presencia de una capa protectora moderada es vital: “Si reduces la Tierra al tamaño de una manzana, su atmósfera sería más o menos tan gruesa como la piel de la manzana. Es apenas lo suficiente para mantener las presiones de superficie donde puede haber agua líquida. Alcanza para que haya aire respirable y ofrece quizá algo de protección frente al duro entorno de radiación del espacio”.

Los telescopios del futuro decidirán

Para buscar señales de vida o biofirmas (rastros químicos biológicos), la astronomía necesitará herramientas de última generación. El Telescopio Gigante de Magallanes (GMT), el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) y el futuro Observatorio de Mundos Habitables (HWO) de la NASA, programado para la década de 2040, apuntarán a este objetivo.

“El objetivo final son las biofirmas. Queremos saber de verdad: ‘¿estamos solos en el universo?’. Todavía estamos en la fase de reconocimiento de nuestro vecindario solar, tratando de encontrar los planetas alrededor de las estrellas más cercanas, porque serán los más fáciles para detectar una biofirma. Este planeta nos acerca un paso más a conocer a todos nuestros vecinos y, al final, a saber cuáles podrían ser hospitalarios para la vida”, concluyó Michael Endl, astrónomo de la Universidad de Texas en Austin.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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