✨︎ Resumen (TL;DR):
- Xiaowei Wang y un equipo de la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento modelaron una arquitectura en dos pasos: abrir un cráter y detonar después una carga nuclear dentro.
- En un asteroide de 1 kilómetro, una carga de 3 megatones a 30 metros produjo cerca de 30 cm/s, frente a un máximo de 9.2 cm/s con un cráter superficial.
- El cálculo usa un material equivalente a concreto reforzado C30. No existe una misión nuclear aprobada ni una amenaza conocida que haya motivado el estudio.
Un equipo encabezado por Xiaowei Wang, de la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento, calculó en una simulación que una carga nuclear de 3 megatones colocada a 30 metros de profundidad en un cráter produciría un cambio de velocidad de unos 30 cm/s en un asteroide de 1 kilómetro. Dentro de una cavidad, una fracción mayor de la energía rompe y expulsa material, lo que genera el retroceso. El estudio no describe una misión real ni responde a una amenaza conocida.
El trabajo apareció el 18 de mayo de 2026 en la revista Space: Science & Technology. Sus resultados provienen de simulaciones, no de una prueba realizada en el espacio.

La carga nuclear llegaría después del cráter
La propuesta no consiste en que la explosión abra el camino por sí sola. Un penetrador convencional golpearía el asteroide para excavar un cráter; después, otro dispositivo entraría en la cavidad antes de detonar.
El esquema no contempla astronautas ni una perforadora mecánica. Todos los vehículos serían no tripulados.
- Impacto directo: un proyectil delantero abriría un cráter de hasta unos 5 metros mientras el módulo que lo sigue transporta la carga nuclear. Puede salir con poco aviso, pero resulta difícil elegir el punto de impacto, la cavidad sería poco profunda y el dispositivo tendría que soportar una colisión a enorme velocidad.
- Preexcavación durante un sobrevuelo: una plataforma se acercaría al asteroide, observaría su forma y elegiría el sitio. Después liberaría el penetrador para abrir una cavidad profunda y guiaría la carga hasta ella. La misión tendría más etapas, aunque permitiría controlar mejor el lugar y la profundidad de la explosión.
La profundidad determina cuánto impulso recibe la roca. Una detonación superficial libera buena parte de su energía hacia el espacio. Dentro de una cavidad, una fracción mayor del material se rompe y sale en una dirección; esa expulsión genera un retroceso que modifica la velocidad del cuerpo.
Tres megatones, 30 metros y un cambio de 30 cm/s
El equipo probó cargas equivalentes a 300 kilotones y 3 megatones de TNT sobre cuerpos de distintos tamaños. La simulación arrojó estos resultados:
- Una carga de 300 kilotones desintegró en el modelo un asteroide de 50 metros.
- En un cuerpo de 100 metros, la misma carga produjo un cambio de velocidad de 2 a 10 m/s. Una carga de 3 megatones causó la desintegración completa del cuerpo simulado.
- En un asteroide de 1 kilómetro, la carga de 3 megatones dentro de un cráter superficial produjo entre 8 y 9.2 cm/s de cambio de velocidad.
- Con preexcavación, la misma carga produjo cerca de 11 cm/s a 10 metros de profundidad, 18 cm/s a 20 metros y 30 cm/s a 30 metros.
El valor de 30 cm/s, equivalente a 0.30 m/s, es unas 3.26 veces el máximo de 9.2 cm/s obtenido con el método superficial. El estudio reserva la destrucción completa para los cuerpos más pequeños de su modelo. En los objetos de escala kilométrica, la estrategia busca apartarlos de la trayectoria de impacto.
La cifra de 60 días no sale de una sola bomba
Los investigadores también construyeron una base virtual de asteroides que chocarían con la Tierra después de periodos de aviso de 1 a 20 años. Consideraron exitosa una maniobra cuando, en el momento original del impacto, el objeto pasaba a una distancia superior a 1.5 diámetros terrestres.
El tiempo mínimo dependió del cambio de velocidad supuesto:
- Con 0.5 cm/s, hacían falta al menos 1,626 días, unos 4.45 años.
- Con 3 cm/s, el mínimo bajaba a 560 días.
- Con 18 cm/s, se reducía a 139 días.
- Con 1 m/s, algunos escenarios cumplían el objetivo con 60 días y todos los casos de la base virtual lo conseguían en un máximo de 81 días.
Este bloque de resultados está separado del ejemplo de 3 megatones a 30 metros. En el cuerpo de 1 kilómetro, esa configuración entregó alrededor de 0.30 m/s, no 1 m/s. Presentar los 60 días como el resultado directo de una sola bomba de 3 megatones mezcla dos partes distintas del análisis.
El blanco del modelo se parece al concreto C30
Para calcular la formación de cráteres y la fractura, el equipo usó parámetros de un material equivalente al concreto reforzado C30, con una resistencia de 30 megapascales. Esa elección permitió comparar las dos arquitecturas bajo las mismas condiciones, pero no representa automáticamente a un asteroide real.
Un cuerpo real puede ser roca compacta, metal, un objeto poroso o un montón de escombros unido débilmente por su propia gravedad. Cada estructura puede alterar el cráter, la cantidad de material expulsado y el impulso final.
Por eso, el trabajo ordena dos diseños dentro de un laboratorio virtual, pero no define cuál sería el mejor para cualquier asteroide. Si la explosión rompe el blanco, seguir cada fragmento sería indispensable, en vez de asumir que todo el cuerpo se moverá como una sola pieza.
La misión DART de la NASA dejó una medida útil: los escombros expulsados de Dimorphos amplificaron entre 2.2 y 4.9 veces el cambio de momento aportado por la nave. Antes de aplicar una intervención mucho más energética, una misión tendría que conocer la densidad, cohesión, rotación y estructura interna del asteroide.
El cálculo de 110x no equivale a DART
Parte de la cobertura presentó el resultado como una técnica 110x más potente que DART. La cifra sale de dividir los 0.30 m/s de la simulación china entre los cerca de 0.0027 m/s que la NASA midió en Dimorphos después del impacto de DART. El cociente ronda 111.
Esa cuenta no convierte ambos resultados en una misma medición. DART golpeó una pequeña luna de unos 160 metros y cambió en 33 minutos su órbita alrededor de Didymos.
La cifra china corresponde a un asteroide idealizado de 1 kilómetro, una carga nuclear de 3 megatones y un cráter profundo que nunca se han probado juntos. Cambian el tamaño, la estructura, la fuente de energía, la trayectoria que se intenta modificar y el estatus del dato. Una cifra es una medición espacial; la otra es el resultado de un modelo.
Esta investigación tampoco es la prueba de impacto cinético que China estudia para antes de 2030. Ese proyecto usaría una nave sin carga nuclear y su blanco ha cambiado varias veces.
Una opción de último recurso sigue en computadora
El trabajo ofrece una arquitectura para emergencias con objetos grandes y poco tiempo de aviso. Convertirla en una misión exigiría resolver varios problemas que una simulación puede mantener bajo control:
- Detectar la amenaza con tiempo suficiente y medir su órbita con precisión.
- Reconocer la composición, la forma, la rotación y las fracturas del asteroide antes de elegir el punto de impacto.
- Abrir un cráter profundo, guiar otra nave hasta la cavidad y mantener operativos sus sistemas entre los escombros.
- Calcular la trayectoria de los fragmentos para evitar que la intervención reparta el peligro en múltiples impactos.
- Resolver el transporte de una carga nuclear al espacio y la coordinación internacional que requeriría una operación de ese tipo.
No existe una misión nuclear aprobada detrás de este estudio. El CNEOS de la NASA no registra ninguna amenaza significativa conocida para los próximos 100 años o más.
El aporte del estudio es específico: dentro del modelo, la misma potencia transfirió mucho más impulso a mayor profundidad. El impacto cinético ya cuenta con la prueba espacial de DART; la variante nuclear profunda permanece en la simulación.
La propia base virtual muestra una diferencia que no se puede borrar con un titular: el aviso requerido va de 60 días a 1,626 días, según el cambio de velocidad asumido. Mientras no haya una misión que mida un asteroide real y pruebe esta arquitectura fuera de la computadora, los 30 cm/s siguen siendo un resultado numérico, no una capacidad disponible.
