✨︎ Resumen (TL;DR):
- El telescopio espacial James Webb captó la atmósfera de WD 1856 b, un exoplaneta gigante gaseoso que orbita una estrella muerta a 80 años luz.
- El planeta posee una masa de entre 4 y 11 veces la de Júpiter y registra una temperatura inesperada de unos 127 °C.
- Este descubrimiento anticipa el destino final de Júpiter y Saturno cuando el Sol agote su combustible en unos 5,000 millones de años.
El telescopio espacial James Webb de la NASA detectó por primera vez la atmósfera de un planeta gigante que orbita a una estrella muerta. El hallazgo, publicado en la revista Nature el 1 de julio de 2026, aporta datos clave sobre el futuro de nuestro propio Sistema Solar, al demostrar que los planetas gigantes pueden sobrevivir a la muerte de sus soles.
WD 1856 b es un exoplaneta gigante que sobrevivió a la transformación de su estrella en una enana blanca. Este mundo, ubicado a unos 80 años luz de la Tierra en la constelación del Dragón, desafía la astrofísica al mantener su estructura intacta a una distancia tan corta de un remanente estelar.

Un planeta siete veces más grande que su sol
La configuración de este sistema invierte el orden habitual del universo. La enana blanca, que alguna vez fue una estrella similar a nuestro Sol, se redujo al tamaño de la Tierra. Mientras tanto, el planeta conserva un tamaño similar al de Júpiter.
Esto significa que WD 1856 b es unas siete veces más grande que la estrella a la que orbita. Además, completa una vuelta entera a su alrededor cada 34 horas, a una distancia menor a los 3.2 millones de kilómetros. Esta órbita es unas 50 veces más cerrada que la que separa a la Tierra del Sol.
Observar este tránsito fue un desafío extremo para los astrónomos. Las enanas blancas brillan muy poco y el paso del exoplaneta dura apenas ocho minutos. “Si parpadeas, te lo pierdes”, explicó Victoria Boehm, astrónoma de la Universidad de Cornell y coautora de la investigación.
Metano, nubes y un calor misterioso
El equipo científico utilizó el espectrógrafo de infrarrojo cercano (NIRSpec) del James Webb para analizar la luz filtrada por la atmósfera planetaria. Los análisis revelaron datos químicos clave.
“Vimos las señales inconfundibles de pequeñas partículas de nube e hidrocarburos, muy probablemente metano, y es la primera vez que observamos una atmósfera en un planeta que transita una estrella muerta”, detalló Boehm.
Los datos obtenidos por el telescopio muestran un perfil sorprendente: * Masa: De 4 a 11 veces la de Júpiter. * Composición: Presencia de metano y nubes de aerosoles en la atmósfera. * Temperatura: Alrededor de los 127 °C (400 Kelvin), una cifra desconcertante.
El calor registrado es inusualmente alto. Un gigante gaseoso situado junto a una estrella tan débil debería estar muy por debajo de los cero grados centígrados, pero este mundo está unos 130 °C más caliente de lo esperado.
Dos explicaciones para un sistema imposible
El calor excesivo sugiere que el planeta sufrió un evento de calentamiento tardío hace unos mil millones de años. Para Christopher O’Connor, astrofísico de la Universidad Northwestern y coautor del estudio, se trata de “uno de los sistemas planetarios más extraños que conocemos”.
“La gran pregunta es cómo terminó WD 1856 b donde está hoy, y hay dos teorías. Una es que el planeta fue engullido por su estrella mientras esta agonizaba y logró sobrevivir en su interior. Otra es que la migración ocurrió por el efecto gravitacional de otros objetos del sistema. La enana blanca forma parte de un sistema estelar triple, y las estrellas compañeras pudieron influir en la órbita de WD 1856 b”, detalló O’Connor.
La hipótesis de la migración gravitacional es la favorita del equipo, ya que si el planeta hubiera sido tragado por la gigante roja original, el metano de su atmósfera se habría diluido por el calor extremo.
A pesar del entusiasmo, la comunidad científica mantiene el debate abierto. Caroline Morley, astrónoma de la Universidad de Texas en Austin, coincide en los hallazgos atmosféricos pero duda sobre el recalentamiento térmico. Por su parte, Ian Crossfield, de la Universidad de Kansas, calificó la hipótesis de la migración como provocadora y señaló que se requieren más observaciones para confirmarla.
Una ventana al final de nuestro Sistema Solar
Este sistema funciona como un reflejo de lo que ocurrirá en nuestro vecindario cósmico dentro de unos 5,000 millones de años. El Sol agotará su hidrógeno y se expandirá como gigante roja antes de colapsar en una enana blanca.
En ese proceso destructivo, Mercurio, Venus y probablemente la Tierra se desintegrarán. Sin embargo, este hallazgo prueba que los planetas exteriores como Júpiter o Saturno tienen amplias posibilidades de subsistir.
“Estamos acostumbrados a mirar hacia el pasado cuando usamos telescopios, pero esta es la primera vez que podemos mirar hacia adelante, hacia lo que podría pasarles a los planetas exteriores alrededor del remanente de una estrella parecida al Sol. Es como usar una máquina del tiempo para asomarnos al futuro lejano de nuestro Sistema Solar”, concluyó Ryan MacDonald, astrofísico de la Universidad de St Andrews y autor principal del estudio.
