La Vía Láctea habría formado 170 millones de agujeros negros

La Vía Láctea habría formado 170 millones de agujeros negros

Una simulación estima 170 millones de agujeros negros en la Vía Láctea; 91% estaría aislado.

Por Humberto Toledo el 3 de agosto del 2026 a las 11:09 pm PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Tom Wagg dirigió una simulación que calcula cerca de 170 millones de agujeros negros de masa estelar en la Vía Láctea.
  • El modelo de referencia calcula que 91% está aislado, 9% conserva compañía y 2.7% habría escapado de la galaxia, cerca de 3%.
  • Roman, Gaia DR4 y los sondeos espectroscópicos pondrán a prueba la masa y la ubicación previstas para esos objetos.

Una simulación dirigida por Tom Wagg, del Flatiron Institute de Nueva York, estima que la Vía Láctea habría formado alrededor de 170 millones de agujeros negros de masa estelar. El modelo calcula que 91% de la población está aislada, 9% conserva compañía y 2.7%, cerca de 3%, habría escapado de la galaxia. El cálculo busca corregir el sesgo de los catálogos, que encuentran con mayor facilidad los agujeros negros acompañados por una estrella u otro objeto compacto. El equipo envió el trabajo a revistas de la American Astronomical Society; el preprint apareció en arXiv el 24 de julio de 2026 y todavía espera revisión por pares.

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El cálculo parte de una galaxia virtual

El problema que el estudio intenta corregir está en la forma de encontrar estos objetos. Los agujeros negros que conservan una estrella u otro objeto compacto pueden delatarse mediante rayos X, movimientos orbitales u ondas gravitacionales. La mayoría prevista por el modelo carece de esa ventaja de detección.

cogsworth es un programa de código abierto que combina la evolución estelar binaria con las trayectorias de los sistemas dentro del campo gravitacional galáctico. El equipo simuló primero 600 millones de masas solares en estrellas, cerca de una centésima parte de la masa estelar adoptada para la Vía Láctea, y después escaló los resultados.

En total, las distintas pruebas siguieron la evolución de unos 53 millones de agujeros negros simulados. El cálculo incorporó:

  • el momento, la ubicación, la velocidad y la composición química con que nacieron las estrellas;
  • las transferencias de materia, fusiones y demás interacciones entre estrellas binarias;
  • el colapso de estrellas masivas y los impulsos que una explosión asimétrica puede dar al remanente;
  • el recorrido posterior de cada sistema dentro del potencial gravitacional de la Vía Láctea.

El modelo de referencia produjo 173 millones de agujeros negros, cifra que el resumen del estudio redondea a 170 millones. En conjunto, concentrarían 1,500 millones de masas solares. La masa mediana sería de 7.2 veces la del Sol, aunque la distribución llegaría hasta unas 55 masas solares.

Esa cifra no funciona como un censo. Las 32 variantes examinadas por los investigadores arrojaron entre 30 y 392 millones de agujeros negros. El rango depende sobre todo de cómo se modelan el colapso estelar, la masa inicial de las estrellas y la formación del remanente.

Por qué nueve de cada diez quedan aislados

La simulación parte de una población cuyos progenitores nacen todos en sistemas binarios. Aun con ese punto de partida, 91% de los agujeros negros termina aislado.

Los autores atribuyen alrededor de 59% de la población total a sistemas que se rompieron durante un colapso estelar. Una explosión asimétrica puede impulsar al agujero negro recién nacido con fuerza suficiente para deshacer la órbita. Otro 33% proviene de parejas cuyas estrellas se fusionaron antes de que alguna llegara al colapso. Los porcentajes están redondeados.

El 9% que conserva compañía tampoco forma un grupo uniforme. El modelo calcula aproximadamente:

  • 6.7 millones de sistemas con dos agujeros negros;
  • 1.3 millones de sistemas con una enana blanca;
  • 140,000 sistemas con una estrella de neutrones;
  • 171,000 sistemas con una estrella luminosa.

Esos sistemas tienen más oportunidades de entrar en un catálogo porque la compañía puede revelar al agujero negro mediante rayos X, movimientos orbitales u ondas gravitacionales. Un ejemplo es oMEGACat BH-2. Los investigadores pudieron identificarlo porque una estrella compañera trazó su órbita durante más de 20 años.

El preprint contabiliza 3 agujeros negros en órbitas amplias descubiertos con datos de Gaia y confirmados mediante espectroscopia. Para los objetos verdaderamente aislados, el trabajo señala 1 caso detectado mediante microlente gravitacional. Esa diferencia explica por qué la muestra conocida puede representar mal a la población galáctica completa.

Los agujeros negros ocupan un disco más grueso

Los impulsos recibidos durante el nacimiento también alteran el mapa de la galaxia. En la simulación, las estrellas visibles presentan una altura efectiva de 306 parsecs respecto al plano galáctico. La población de agujeros negros llega a 786 parsecs, unas 2.5 veces más.

La masa cambia con la altura. Cerca del plano, a menos de 1 kiloparsec, la mediana alcanza 7.7 masas solares. A más de 10 kiloparsecs, baja a 5 masas solares.

El modelo ofrece una explicación concreta: los agujeros negros ligeros reciben impulsos más fuertes porque menos material vuelve a caer sobre ellos después de la explosión. Los más pesados conservan más material, amortiguan el empujón y permanecen cerca del lugar donde nacieron.

En los alrededores del Sol, la simulación obtiene una densidad de 0.00016 agujeros negros por parsec cúbico. A partir de esa densidad, calcula que el más cercano estaría, en promedio, a 19 parsecs, cerca de 62 años luz. El equipo no localizó un objeto a esa distancia ni trazó una trayectoria hacia el sistema solar. Es una media estadística, no la ubicación de un agujero negro conocido.

Cerca de 2.7% de los agujeros negros consigue escapar de la Vía Láctea. La fracción sube a 6.8% cuando el equipo permite que el potencial galáctico crezca con el tiempo. En ese escenario, una galaxia joven y menos masiva retiene peor a los objetos que reciben impulsos fuertes.

Roman y Gaia pondrán a prueba el mapa

La microlente gravitacional es una técnica de detección que revela un objeto invisible cuando su gravedad desvía y amplifica temporalmente la luz de una estrella distante. La duración del evento, la amplificación y el desplazamiento aparente de la estrella permiten estimar la masa y el movimiento del objeto que actúa como lente.

El telescopio espacial Nancy Grace Roman podría detectar cientos de agujeros negros aislados mediante esta técnica. También permitiría medir su masa, distancia y movimiento sin exigir que emitan luz.

Los datos de Gaia DR4 y los futuros estudios espectroscópicos ampliarán la muestra de sistemas binarios. Al combinar esa muestra con los eventos de microlente, los astrónomos podrán medir si los agujeros negros ligeros aparecen más lejos del plano galáctico y si existen huecos concretos en la distribución de masas. Una de las variantes, por ejemplo, predice una escasez casi completa de objetos entre 10 y 18 masas solares.

La comprobación dependerá de que los datos reproduzcan la relación prevista entre masa, velocidad y distancia al plano galáctico. Si las masas disminuyen con la altura y la población aislada domina, los astrónomos podrán reconstruir cómo explotaron las estrellas que produjeron esos objetos. Si aparece otra distribución, tendrán que revisar los modelos de colapso y los impulsos que reciben los agujeros negros al nacer.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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