✨︎ Resumen (TL;DR):
- Científicos observan por primera vez un ciclo meteorológico diario en un planeta a casi 700 años luz.
- Las mañanas del exoplaneta se cubren de nubes de silicato de magnesio que desaparecen al caer la noche.
- El hallazgo ayuda a comprender la verdadera composición atmosférica de los gigantes gaseosos calientes.
Un equipo internacional de científicos logró observar por primera vez un ciclo meteorológico diario en el exoplaneta WASP-94A b, un gigante gaseoso ubicado a casi 700 años luz de la Tierra. Utilizando el Telescopio Espacial James Webb (JWST), los astrónomos descubrieron que en este mundo se forman densas nubes de arena cada mañana, las cuales desaparecen por completo al caer la noche.
El estudio, publicado el 21 de mayo en la revista Science, detalla cómo el telescopio capturó las diferencias climáticas entre el amanecer y el atardecer del planeta. Al separar los datos de las mañanas nubladas de los atardeceres despejados, el equipo obtuvo uno de los perfiles atmosféricos más detallados de un exoplaneta hasta la fecha.
WASP-94A b es un exoplaneta del tipo Júpiter caliente que orbita a su estrella a una distancia muy corta, lo que eleva sus temperaturas a niveles extremos.

Un ciclo extremo de arena y calor
El equipo utilizó el espectrógrafo de infrarrojo cercano (NIRSpec) del James Webb para medir la atmósfera del planeta mientras pasaba frente a su estrella. En el borde de ataque, donde el aire fluye del lado nocturno frío al diurno caliente creando la “mañana”, detectaron densas nubes de silicato de magnesio, un mineral común en las rocas terrestres. En cambio, el borde de salida, que representa el “atardecer”, se mostró despejado y con fuertes señales de vapor de agua.
Los investigadores proponen dos hipótesis para explicar la desaparición de las nubes. La primera es que vientos sumamente potentes arrastran el silicato de magnesio hacia el interior profundo del planeta antes del atardecer. La segunda es que las nubes simplemente se vaporizan al entrar en contacto con temperaturas que superan los 1,000 grados Celsius en el lado diurno, un proceso similar a la niebla matutina que se disipa en la Tierra, pero a una escala colosal.
“He estado observando exoplanetas durante 20 años y la nubosidad general ha sido una espina en nuestro costado”, comentó el coautor David Sing, profesor distinguido Bloomberg en la Universidad Johns Hopkins. “No solo hemos podido despejar la vista, sino que finalmente podemos determinar de qué están hechas las nubes y cómo se condensan y evaporan a medida que se mueven alrededor del planeta”.
Revelando la verdadera naturaleza del planeta
Las observaciones del atardecer despejado revelaron que WASP-94A b se parece mucho más a nuestro Júpiter de lo que se creía. Mediciones anteriores, que promediaban los datos de toda la atmósfera, sugerían que este exoplaneta contenía cientos de veces más oxígeno y carbono que Júpiter. El nuevo análisis detallado demostró que en realidad solo posee cinco veces más de estos elementos, una cifra que coincide con las teorías de formación planetaria.
Tras usar este planeta como punto de referencia, el grupo analizó otros ocho gigantes gaseosos calientes y detectó el mismo patrón en WASP-39 b y WASP-17 b, lo que sugiere que este ciclo de nubes de arena es común en mundos similares.
“Este enfoque con el JWST nos permite localizar nuestras observaciones, lo que nos ayudó a ver el ciclo de las nubes”, explicó el autor principal Sagnick Mukherjee, becario posdoctoral en la Universidad Estatal de Arizona, confirmando el valor de esta tecnología para mapear el clima en otros sistemas solares.
