✨︎ Resumen (TL;DR):
- El Lunar Reconnaissance Orbiter fotografió el cráter que abrió la etapa superior de un Falcon 9 el 5 de agosto.
- El hoyo mide unos 18 metros de ancho y menos de 3 metros de profundidad, frente a los 3.7 metros que calculó la NASA.
- El punto de impacto previsto quedó a cerca de un kilómetro del cráter real, un margen útil para calibrar futuras predicciones.
El Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA midió el cráter que la etapa superior de un Falcon 9 abrió en la Luna el 5 de agosto. Tiene unos 18 metros de ancho y menos de 3 metros de profundidad, así que resultó más plano que el cálculo previo de la agencia. Las imágenes publicadas el 18 de agosto también permitieron medir el error del pronóstico de impacto: el punto previsto quedó a cerca de un kilómetro del cráter real.

El borde dio el ancho; la sombra puso el límite
La NASA publicó el 18 de agosto una secuencia tomada el 11 y el 12 de agosto, seis días después del golpe. El LRO usó su Narrow-Angle Camera, capaz de distinguir detalles de unos 90 centímetros. En las tomas donde el borde aparecía bien definido, los científicos midieron los 18 metros de ancho.
La secuencia surgió de un relevo entre astrónomos independientes, el centro de defensa planetaria del Laboratorio de Propulsión a Chorro y la sonda surcoreana Danuri.
La profundidad requiere cautela. El equipo la obtuvo a partir de la longitud de la sombra, por lo que menos de 3 metros es un límite superior, no una cifra cerrada. Mark Robinson, investigador principal del sistema de cámaras LROC y con base en la empresa Intuitive Machines, en Houston, describió un hoyo que aparenta quedar por debajo de esa medida.
Alrededor del cráter aparecen rayos claros y oscuros. Los oscuros son polvo y roca de la superficie alterados durante mucho tiempo por el viento solar, los rayos cósmicos galácticos y los micrometeoritos. El choque los levantó desde apenas 45 centímetros de profundidad. Los claros, pegados al borde, son material fresco excavado de zonas más profundas.
En el lado sur, el patrón de eyección en forma de V resulta, según Robinson, “consistente con impactadores naturales que golpean la Luna en ángulos bajos”. La forma se parece a la que dejan las rocas que llegan de lado.
La medición dejó atrás tres estimaciones
Antes del choque, las cifras iban de 18 a 40 metros, pero ninguna era una medición: las tres se publicaron antes del 5 de agosto, cuando todavía no existía una imagen del cráter.
| Estimación o medición | Fecha | Ancho | Profundidad |
|---|---|---|---|
| NASA, aviso | 4 de agosto de 2026 | unos 18 metros | 3.7 metros |
| Equipo de Tanner Campbell | Antes del 5 de agosto | cerca de 40 metros | No publicada |
| Preprint | 16 de julio de 2026 | entre 20 y 30 metros | No publicada |
| LRO, medición | 18 de agosto de 2026 | unos 18 metros | menos de 3 metros |
La NASA acertó el ancho, pero su cálculo de 3.7 metros dejó la profundidad al menos 70 centímetros por encima de la observada. El equipo de Tanner Campbell reconstruyó la trayectoria del objeto con cientos de observaciones ópticas y modeló un hoyo de cerca de 40 metros, más del doble del ancho que encontró el LRO.
Para el 9 de agosto, ninguna de esas cifras tenía respaldo instrumental. La medición todavía dependía por completo de que el orbitador consiguiera apuntar al sitio.
El error de un kilómetro era la prueba principal
CNEOS es un centro de la NASA que rastrea cuerpos naturales que pueden representar un peligro para la Tierra. El Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra tiene su sede en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL), en el sur de California. En este caso, usó el choque para probar y validar sus herramientas de predicción de impactos dentro del programa de defensa planetaria de la agencia.
Astrónomos independientes identificaron primero la trayectoria del cohete con datos públicos. Después, el CNEOS afinó el cálculo por etapas hasta acotar el golpe a dos elipses de 3.4 kilómetros de largo por 640 metros de ancho. Ambas partían de la misma reconstrucción de la trayectoria; solo una tomaba en cuenta el relieve lunar.
Con esa posición, la NASA avisó al equipo del Korea Pathfinder Lunar Orbiter. El orbitador surcoreano Danuri apuntó unas horas después su cámara de terreno de alta resolución, LUTI, y encontró el cráter.
El equipo coreano devolvió las coordenadas al LRO para afinar la secuencia de fotos de seguimiento. El centro del cráter quedó fijado en 19.4759 grados norte y 266.7138 grados este, a 511 metros de altitud. El pronóstico había fallado por cerca de un kilómetro.
Un impacto artificial con hora y trayectoria conocidas funciona como un blanco de calibración. Permite medir cuánto se equivocan los modelos cuando toca pronosticar una roca que sí viene hacia la Tierra.
Diez segundos podían mover la foto 16 kilómetros
El apuntado también exigió maniobras. El LRO no llevaba las cámaras dirigidas de forma permanente a la zona; sus operadores inclinaron la nave para orientar el equipo en cada pasada, a unos 97 kilómetros de altura y a 1.6 kilómetros por segundo.
El orbitador completaba una vuelta de polo a polo cada 117 minutos, el intervalo entre disparo y disparo. Como la Luna gira despacio por debajo, esperar a que el lugar del impacto quedara a la vista tomó seis días.
El reloj era igual de estricto. Si la cámara disparaba diez segundos antes o después de lo previsto, el objetivo se desplazaba 16 kilómetros del centro del encuadre. La sexta y última imagen se tomó con la mayor inclinación de toda la secuencia, 68 grados.
Esa toma ofrece una perspectiva parecida a la de un astronauta del programa Artemis asomado a la ventanilla de una Orion, con el horizonte lunar de fondo.
El cráter no altera gran cosa la superficie de la Luna. La NASA calcula que un meteorito con la misma energía que traía la etapa golpea el satélite cada seis días.
Lo que queda es el registro: el choque se anticipó con meses de antelación, se localizó con un error de cerca de un kilómetro y se midió seis días después. Ese margen es el que hereda el próximo pedazo de cohete que llegue a la Luna sin control.
