✨︎ Resumen (TL;DR):
- NASA y la Universidad de Maryland mapearon zonas de sombra del polo sur lunar donde cinco microorganismos terrestres podrían seguir vivos hasta siete días.
- Aspergillus niger resistió mejor la radiación ultravioleta y podría seguir vivo durante siete días en 3% del terreno mapeado.
- El estudio es un modelo, no un experimento en la Luna: sobrevivir no implica crecer ni reproducirse, pero sí puede contaminar futuras muestras.
Un estudio dirigido por la NASA apareció el 19 de agosto en Science Advances y ubicó zonas de sombra del polo sur lunar donde cinco microorganismos terrestres podrían seguir vivos hasta siete días. Investigadores del Centro Goddard y de la Universidad de Maryland cruzaron mapas de temperatura y radiación ultravioleta del Lunar Reconnaissance Orbiter con límites medidos en laboratorio. No llevaron microbios a la Luna: el objetivo es saber si una pisada humana puede contaminar las muestras que futuras misiones recojan.
El resultado es un mapa de nichos de supervivencia, no una prueba de vida lunar. El equipo cruzó el relieve, la temperatura y la radiación con los límites que esos organismos ya habían mostrado en laboratorio. Por eso, los refugios pueden ir desde el fondo de un cráter de kilómetros hasta un hueco del tamaño de una pisada.

Una pisada puede ocultar un nicho
La geometría del polo sur explica el hallazgo. El eje de la Luna casi no está inclinado, así que desde esa zona el Sol se mantiene cerca del horizonte. Un borde de cráter, una montaña o un simple bulto puede proyectar una sombra larga y bloquear la radiación ultravioleta que esteriliza el resto de la superficie.
Stefano Bertone, investigador del Departamento de Astronomía de la Universidad de Maryland y coautor del trabajo, siguió esa geometría con trazado de rayos. La técnica sigue el recorrido de la luz en gráficos por computadora y utilizó la topografía registrada por el altímetro láser del Lunar Reconnaissance Orbiter. El modelo incluyó la luz directa, sus rebotes y la radiación que llega de refilón a zonas consideradas permanentemente oscuras.
Bertone lo explicó en el comunicado de la Universidad de Maryland: “Incorporar los bultos y los cráteres fue una clave de este estudio.”
Los estudios anteriores daban una probabilidad muy baja de supervivencia microbiana en sitios donde los humanos ya habían pisado, sobre todo en regiones ecuatoriales, pero no incorporaban el efecto del relieve. Al añadir bultos y cráteres, la protección cambia de escala: pasa de kilómetros a centímetros.
Los cinco organismos analizados pueden viajar en la piel humana y dentro de las naves. Según la Universidad de Maryland, una porción de piel del tamaño de la uña del meñique puede alojar un millón de bacterias. Un astronauta podría dejar cientos de millones de bacterias vivas en cada pisada, y la sombra que forma el borde de ese paso aparece como uno de los refugios del mapa.
Sobrevivir no significa crecer
En este trabajo, la NASA considera que un microorganismo sobrevivió si sigue vivo durante al menos 24 horas terrestres. El techo que arroja el modelo es siete días.
La criptobiosis es un estado biológico que deja a la célula en pausa, sin moverse ni multiplicarse, mientras espera condiciones para reactivarse. Si alguien la devolviera a un ambiente cálido y húmedo, podría germinar.
Sobre el suelo lunar expuesto, los autores no presentan evidencia de condiciones que permitan crecimiento y replicación. Entre los primeros obstáculos está el agua líquida, que suele requerir atmósfera y temperaturas moderadas.
Heather Graham, coautora del trabajo en el Centro Goddard, lo resumió así: “la Luna es un lugar donde una célula puede sobrevivir”.
El hongo del baño resistió el ultravioleta
El equipo trabajó con estos cinco microorganismos:
- Bacillus subtilis
- Staphylococcus aureus
- Deinococcus radiodurans
- Aspergillus niger
- Varias especies de Fusarium
Los puso a prueba en simulaciones de tres regiones cercanas al polo sur: el borde del cráter Nobile, la Cresta de Conexión y el borde del cráter De Gerlache.
Deinococcus radiodurans suele citarse como el organismo terrestre más resistente a la radiación, pero frente al ultravioleta el que mejor resistió fue Aspergillus niger. Este hongo oscuro, común en baños húmedos y sistemas de ventilación, ya fue muestreado por astronautas dentro de la Estación Espacial Internacional. También resistió en zonas que reciben algo de sol, aunque la radiación ultravioleta se usa para esterilizar hospitales.
El comunicado de la Universidad de Maryland sitúa esa resistencia en dos rangos. Aspergillus niger podría sobrevivir en entre 15% y 30% de las áreas que reciben algo de luz durante el invierno lunar. También podría permanecer vivo durante al menos siete días en 3% del terreno mapeado.
El modelo encontró zonas compatibles con la supervivencia de cada uno de los cinco microorganismos en las tres regiones. Al considerar la luz ultravioleta dispersa, los cinco podrían aguantar en partes de las regiones permanentemente en sombra del borde de De Gerlache. Los mapas también cubren el polo norte y muestran zonas de supervivencia para varios de ellos.
Artemis III ya no aluniza en 2027
Las tres regiones aparecen señaladas como candidatas para Artemis III. Sin embargo, el plan vigente de la NASA ya no contempla que esa misión baje a la superficie.
La agencia anunció el 9 de junio que Artemis III volará en 2027 para realizar pruebas de encuentro y acoplamiento en órbita terrestre, con Randy Bresnik al mando y el italiano Luca Parmitano como piloto. El primer alunizaje tripulado en el polo sur pasó a Artemis IV, previsto para 2028. Las tres regiones siguen siendo candidatas para ese descenso; lo que cambió fue la misión asociada.
El calendario anunciado queda así:
- Chang’e 7 (China): despegue entre el 24 y el 31 de agosto de 2026 y alunizaje previsto en noviembre, sin tripulación, cerca del cráter Shackleton.
- Artemis III (NASA): en 2027, pruebas de encuentro y acoplamiento en órbita terrestre; no aluniza.
- Artemis IV (NASA): primer alunizaje tripulado previsto en la región, en 2028.
La diferencia entre una sonda y una tripulación afecta directamente la contaminación. Una sonda robótica se puede hornear por encima de 400 grados Fahrenheit, unos 204 °C, para reducir los organismos vivos a bordo. Con astronautas dentro, ese tratamiento no es una opción.
La prioridad es medir antes de pisar
El equipo planteó a Space.com otra posibilidad: impactos cósmicos antiguos pudieron arrancar de la Tierra rocas con microbios que terminaran en los polos lunares. Prabal Saxena, científico planetario del Centro Goddard y director del estudio, lo resumió así: “La Luna podría ser como el congelador de la Tierra.”
La utilidad práctica del mapa está en medir qué había en el polo sur antes de la llegada humana. Después de que una tripulación deje microorganismos en la zona, separar una firma química lunar de la que llegó pegada a un traje será mucho más difícil.
Los autores proponen aprovechar las sombras como un laboratorio para medir cuánto resiste realmente una célula terrestre bajo condiciones que no se pueden copiar en la Tierra. Esa medición permitiría llegar a las primeras muestras con una referencia de lo que ya estaba allí.
