✨︎ Resumen (TL;DR):
- El instrumento SPHERE del VLT localizó a Betelgeuse B con una significancia estadística de 6.1 sigma, superando con creces los intentos previos de otros observatorios.
- La estrella compañera posee una masa estimada de entre 2.6 y 3.1 veces la del Sol, superando las predicciones científicas y facilitando su detección directa.
- Aunque el hallazgo es casi definitivo, el estudio mantiene la etiqueta de “candidata” hasta fotografiarla del otro lado de la supergigante roja en su órbita de casi seis años.
El instrumento SPHERE del Very Large Telescope (VLT) capturó la imagen más nítida hasta la fecha de la estrella compañera de Betelgeuse, poniendo fin a una búsqueda astronómica de casi cien años. Un equipo internacional liderado por el astrónomo Miguel Montargès, del Observatorio de París, logró detectar este cuerpo celeste con una solidez estadística sin precedentes, aunque el estudio mantiene formalmente la etiqueta de “candidata” hasta completar observaciones adicionales de su órbita.
Betelgeuse B es una estrella binaria que orbita alrededor de la famosa supergigante roja en la constelación de Orión y regula parte de su comportamiento luminoso.
La investigación, publicada el 28 de julio de 2026 en la revista Astronomy & Astrophysics, detalla cómo el telescopio ubicado en el desierto de Atacama, Chile, apuntó a Betelgeuse las noches del 3 y el 6 de diciembre de 2024. Gracias a avanzados algoritmos de posprocesamiento, los científicos lograron aislar una señal limpia a una separación de apenas 52.32 milisegundos de arco de la estrella principal. Esta distancia equivale a unas 8.8 unidades astronómicas (UA), una separación similar a la que tiene Saturno de nuestro Sol.

Una masa inesperada que facilitó la cacería
El éxito de la detección radica en un inesperado error de cálculo. Los astrónomos estimaban que la estrella vecina tendría una masa similar a la de nuestro Sol, e incluso mediciones del telescopio Gemini North en Hawái la situaban en 1.5 masas solares. Sin embargo, los nuevos datos del VLT revelan que Betelgeuse B posee entre 2.6 y 3.1 masas solares, clasificándose como una estrella azulada de tipo espectral B8.5V a B9.5V que ya entró en la secuencia principal.
Al ser más masiva, la estrella emite mucha más luz de la proyectada, lo que abrió la ventana para su observación directa. El contraste sigue siendo un reto colosal: el astro compañero brilla unas 1,200 veces menos que la gigantesca Betelgeuse en el filtro utilizado por el instrumento SPHERE.
“Salté de mi silla cuando vi las imágenes procesadas”, declaró Miguel Montargès, autor principal del estudio y miembro del Observatorio de París – PSL. Esta investigación cuenta además con la participación de Pierre Kervella, astrónomo del Laboratorio Internacional Franco-Chileno de Astronomía, quien destacó la relevancia de la tecnología empleada.
El camino hacia la confirmación definitiva
A pesar del entusiasmo y de haber alcanzado una confianza estadística de 6.1 sigma (en comparación con el débil 1.5 sigma obtenido días antes por Gemini North), la comunidad científica actúa con cautela. Para retirar formalmente la etiqueta de “candidata”, los astrónomos necesitan registrar el tránsito de la estrella por el lado opuesto de su órbita. Este proceso tomará aproximadamente tres años desde la captura original, dada su trayectoria orbital estimada de entre 5.5 y 5.9 años.
“El siguiente paso de nuestra investigación es medir con precisión su periodo orbital”, explicó Pierre Kervella, de la Universidad de Chile. Conocer esta órbita permitirá calcular por fin la masa exacta de la propia Betelgeuse, un dato crucial para predecir cuándo y cómo ocurrirá su eventual explosión como supernova.
El estudio también se apoyó en observaciones de astrónomos aficionados de la American Association of Variable Star Observers (AAVSO). Sus mediciones de brillo ayudaron a calibrar la luz de la supergigante roja para poder restar su resplandor y revelar a su compañera oculta.
Esta revelación ayuda a resolver debates abiertos en la astrofísica actual. Al adoptar una distancia de 168 parsecs (unos 550 años luz), el periodo orbital calculado coincide con el ciclo de variabilidad de 2,200 días de Betelgeuse. Si se usaran estimaciones más lejanas de 222 parsecs, las matemáticas de la órbita dejarían de encajar. Con esto, la investigación no solo capta a una compañera esquiva, sino que ayuda a definir con mayor precisión la distancia real de uno de los faros más brillantes de nuestro cielo nocturno.
