✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo comparó un mapa global de rugosidad con las crestas y escarpes tectónicos de Mercurio.
- La corrección eleva la contracción radial estimada de 8.3 a 11.6 kilómetros; el diámetro perdido pudo llegar a 23 kilómetros.
- El hallazgo modifica los modelos sobre el enfriamiento y el interior de Mercurio, pero no indica que el planeta se esté encogiendo hoy.
Un equipo liderado por Gaku Nishiyama, del Centro Aeroespacial Alemán y la Universidad de Hokkaido, calculó que la contracción total de Mercurio pudo ser entre 10% y 30% mayor que en las estimaciones previas. Geophysical Research Letters publicó el estudio el 10 de septiembre. En él, el equipo comparó la rugosidad global del planeta con sus crestas y escarpes tectónicos y estimó hasta 23 kilómetros de contracción acumulada en el diámetro, un dato que ayuda a reconstruir cómo se enfrió Mercurio y qué composición podría tener su interior.
Mercurio no está encogiéndose de manera visible en el presente. La cifra describe la contracción total acumulada desde su formación, hace 4,500 millones de años, no una pérdida de tamaño anual o mensual.
El estudio calculó esa contracción a partir de las estructuras geológicas que sobrevivieron en la superficie. Con el catálogo completo de estructuras tectónicas, la estimación radial pasa de 8.3 a 11.6 kilómetros después de aplicar una corrección por rugosidad.
Los autores resumen el sesgo como una subestimación de entre 10% y 30%. El resultado cambia según qué estructuras se consideren señales de contracción global y cómo se modele su deformación. En el diámetro total, las estimaciones previas de entre 4 y 16 kilómetros pueden llegar a 23 kilómetros.

La rugosidad pudo ocultar las huellas de contracción
Mercurio se formó a partir de colisiones que calentaron su interior. Al perder ese calor, el planeta se contrajo y su corteza tuvo que acomodarse a una superficie menor. Ese proceso dejó escarpes lobulados, crestas y otras estructuras de acortamiento que permiten calcular cuánto se redujo su radio.
Los impactos posteriores cubrieron muchas zonas con cráteres y material expulsado. Nishiyama y sus colegas compararon mapas de esas estructuras con un mapa global de rugosidad basado en datos topográficos. Encontraron menos arrugas visibles en las regiones más accidentadas, aunque las propias crestas también añaden rugosidad al terreno.
El resultado admite varias explicaciones. El material expulsado por cráteres grandes pudo enterrar relieves tectónicos antiguos. Una superficie demasiado irregular también puede dificultar su identificación. Además, un regolito poroso podría absorber parte de la deformación sin producir fallas grandes.
La relación entre rugosidad y estructuras aparece con claridad, pero los autores no presentan una causa única como definitiva.
Una contracción mayor ajusta los modelos del interior
Una contracción mayor cambia los márgenes de los modelos sobre la evolución térmica de Mercurio. Según Nishiyama, el resultado podría ser compatible con un núcleo metálico más grande, una menor cantidad de elementos ligeros, como el silicio, mezclados en ese núcleo, o una temperatura inicial más elevada.
Son posibilidades para los modelos del interior, no mediciones directas de la composición del núcleo. El propio artículo trata la corrección como un límite inferior.
La fuerza de la litosfera puede almacenar parte de la deformación. El vulcanismo puede cubrir estructuras antiguas y la resolución de los modelos topográficos también limita la reconstrucción. La cifra revisada, por tanto, no cierra la historia geológica de Mercurio: muestra cuánto puede faltar en el registro visible.
Paul Byrne, científico planetario de la Universidad de Washington que no participó en la investigación, señaló a Scientific American que este enfoque puede ayudar a estudiar otros mundos difíciles de visitar. La investigación menciona a la Luna como un caso especialmente relevante, porque su superficie es todavía más rugosa que la de Mercurio.
BepiColombo podrá revisar la estimación
La reconstrucción actual depende en gran medida de los datos de la misión MESSENGER de la NASA, que terminó en 2015. Esos datos no permiten identificar con fiabilidad todas las estructuras pequeñas.
Europa y Japón desarrollaron la misión BepiColombo, que comenzará a estudiar Mercurio desde su órbita en noviembre de 2026. Su altímetro láser podrá analizar la rugosidad a escalas mucho menores y ayudar a distinguir entre estructuras tectónicas, depósitos de impacto y cambios posteriores en la superficie.
Con esos datos, los investigadores podrán comprobar si las huellas enterradas elevan la cifra de contracción y si el mismo sesgo afecta las estimaciones de otros cuerpos rocosos.
Por ahora, el resultado revisa la reconstrucción del pasado de Mercurio, pero no indica que el planeta esté encogiéndose de forma visible en el presente. La pregunta pendiente es cuántas huellas de su contracción quedaron escondidas bajo una superficie transformada por impactos.
