✨︎ Resumen (TL;DR):
- La NASA lanzó el telescopio espacial Nancy Grace Roman el 30 de agosto de 2026 a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX y lo puso en trayectoria hacia L2.
- La agencia prevé cerca de 100,000 detecciones por tránsito y más de 1,000 por microlente gravitacional durante los cinco años de misión primaria.
- El estudio detrás de la cifra principal calcula entre 60,000 y 200,000 tránsitos detectables, pero esas señales todavía deben superar el proceso de confirmación.
La NASA lanzó el telescopio espacial Nancy Grace Roman el 30 de agosto de 2026 rumbo al punto de Lagrange L2, a unos 1.5 millones de kilómetros de la Tierra, para vigilar más de 100 millones de estrellas del bulbo galáctico y buscar exoplanetas. Durante sus cinco años de misión primaria, la agencia prevé cerca de 100,000 detecciones por tránsito y más de 1,000 por microlente gravitacional. El estudio que sustenta la cifra principal calcula entre 60,000 y 200,000 tránsitos detectables, no planetas confirmados.
El Falcon Heavy de SpaceX despegó a las 7:26 de la mañana, hora del este de Estados Unidos, 11:26 UTC, del domingo 30 de agosto de 2026. El cohete salió del complejo 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida.
La NASA informó que el observatorio estableció comunicación a las 7:56 y se separó de la segunda etapa un minuto después, 31 minutos después del despegue. Roman quedó en trayectoria hacia L2, a unos 1.5 millones de kilómetros de la Tierra. Según la propia NASA, el lanzamiento ocurrió nueve meses antes de lo previsto.

Dos técnicas, una misma región del cielo
Roman buscará planetas de dos formas dentro de la misma región del cielo. Las dos técnicas se aplicarán sobre las mismas imágenes, pero cada una responde mejor a distintos tipos de sistemas planetarios.
El tránsito planetario es una técnica que detecta un planeta cuando cruza frente a su estrella y reduce periódicamente una fracción de su luz.
La microlente gravitacional es una técnica en la que la gravedad de una estrella en primer plano, junto con la de sus planetas, amplifica durante un rato la luz de otra estrella situada detrás. La alineación casi nunca se repite.
En la previsión que la NASA comunicó en mayo de 2026, el tránsito concentra cerca de 100,000 planetas previstos, mientras que la microlente suma más de 1,000. La diferencia refleja capacidades distintas.
El tránsito favorece planetas enormes y muy calientes porque bloquean más luz y pasan frente a su estrella con mayor frecuencia. La microlente alcanza órbitas amplias y masas pequeñas, incluso del tamaño de la Tierra o de Marte, además de explorar regiones donde los demás métodos apenas han encontrado planetas fuera del Sistema Solar.
El bulbo galáctico es la zona central de la Vía Láctea donde las estrellas se apiñan más que en ninguna otra parte. Elisa Quintana, investigadora de exoplanetas del Centro Goddard de la NASA, planteó que la galaxia tiene ambientes muy variados, mientras que la búsqueda de exoplanetas se ha concentrado en el vecindario del Sol. Roman vigilará más de 100 millones de estrellas en esa zona central.
El estudio calcula un intervalo, no una cifra única
El trabajo que sostiene la previsión de tránsitos lo encabezó Robert F. Wilson junto con otros 10 autores, entre ellos Quintana, y fue aceptado en The Astrophysical Journal Supplement Series.
En lugar de hacer una estimación general, el equipo simuló píxel a píxel las imágenes que Roman tomará del bulbo. Para hacerlo, creó campos estelares sintéticos, repartió sistemas planetarios entre ellos y ejecutó pruebas de detección sobre esas imágenes.
El resultado fue un intervalo de 60,000 a 200,000 tránsitos detectables, una cifra que el estudio coloca a más de un orden de magnitud por encima de lo que se conoce hoy.
La mayoría serían planetas gigantes de más de cuatro radios terrestres, en órbitas por debajo de 0.3 unidades astronómicas, muy cerca de sus estrellas. Los planetas menores de cuatro radios terrestres quedarían en una franja de 7,000 a 12,000.
Ese subtotal es el más sensible del cálculo. Los propios autores estiman que cambios moderados en la cadencia de observación o en la duración de cada temporada podrían moverlo entre 10% y 20%.
Las cifras asociadas al pronóstico miden cosas distintas:
| Cifra | Qué mide | Origen y fecha |
|---|---|---|
| Cerca de 6,300 | Planetas confirmados acumulados en tres décadas de búsqueda | NASA, mayo de 2026 |
| Unos 100,000 | Detecciones previstas por tránsito en el bulbo galáctico | NASA, mayo de 2026 |
| Más de 1,000 | Planetas previstos por microlente gravitacional | NASA, mayo de 2026 |
| 60,000 a 200,000 | Rango de tránsitos detectables en una simulación píxel a píxel | Wilson y coautores, ApJS, 2023 |
| 7,000 a 12,000 | Planetas menores de cuatro radios terrestres dentro de ese rango | Wilson y coautores, ApJS, 2023 |
Una detección todavía debe pasar el filtro
Ninguna de estas cifras equivale todavía a un planeta confirmado. Un tránsito detectado empieza como candidato y, en un campo tan apretado como el bulbo galáctico, abundan las señales que pueden imitarlo.
Entre ellas están las estrellas binarias eclipsantes, las mezclas de luz de dos astros superpuestos en la misma línea de visión y las manchas estelares que producen bajones parecidos en el brillo.
El catálogo de 6,300 planetas reúne señales que ya pasaron ese filtro. La previsión de 100,000 describe señales que todavía deben superarlo.
La química de la Vía Láctea mueve el pronóstico
El resultado depende sobre todo de la distribución de metalicidad de la Vía Láctea. La distribución de metalicidad es un patrón que describe cómo se reparten por la galaxia las estrellas ricas en elementos más pesados que el hidrógeno y el helio.
Robert F. Wilson, investigador posdoctoral del Centro Goddard de la NASA, lo explicó así: “Las estrellas con más elementos pesados tienden a albergar más planetas, sobre todo gigantes”.
La relación funciona en los dos sentidos. Si el modelo cambia la proporción y la ubicación de las estrellas ricas en metales, también cambia el número de planetas gigantes cercanos que Roman podría encontrar.
El telescopio contará planetas y, con ese mismo conteo, pondrá a prueba el modelo galáctico que sirvió para calcular su propia previsión. Las estrellas del bulbo son mucho más viejas que las del disco y tienen una mezcla química distinta, más rica en silicio, oxígeno y magnesio.
La comparación se hará entre poblaciones que nunca se habían medido con el mismo instrumento. El otro extremo del problema, cuánto tiempo tiene un planeta gigante para formar su atmósfera antes de que su disco se quede sin gas, se midió días antes con datos de archivo del James Webb.
El conteo real todavía no empieza
El viaje hasta L2 y la puesta a punto del observatorio todavía deben ocurrir antes de que comience el trabajo científico. Ya en vuelo libre, la NASA confirmó el despliegue del escudo solar de seis paneles, que funciona como fuente de energía y sombra térmica, junto con la visera del instrumento inferior.
La misión primaria está planeada para cinco años. Durante ese periodo, Roman también cartografiará miles de millones de galaxias y estudiará agujeros negros, por lo que el sondeo del bulbo formará parte de un programa científico más amplio.
La NASA ha dicho que los datos de Roman serán públicos. Eso permitirá revisar el conteo desde fuera de la agencia y comparar el resultado con el modelo de la Vía Láctea.
Si el resultado se acerca a 200,000 tránsitos, apuntará a un bulbo con más estrellas ricas en metales de las que supone el modelo actual. Si queda cerca de 60,000, seguirá siendo una medición de la Vía Láctea, no una falla del instrumento.
