✨︎ Resumen (TL;DR):
- El MIT y sus colaboradores midieron la magnetización de cinco inclusiones ricas en calcio y aluminio, o CAI, del meteorito antártico DOM 08006.
- El campo del Sistema Solar temprano se situó entre 150 y 600 microteslas, de 3 a 12 veces el campo terrestre actual.
- La señal pudo grabarse en los primeros 200,000 años o unos 2 millones de años después; solo el primer escenario la convertiría en el registro más antiguo.
Un equipo encabezado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) midió la magnetización que conservan cinco inclusiones microscópicas del meteorito antártico DOM 08006 y estimó un campo magnético de 150 a 600 microteslas en el Sistema Solar temprano. La intensidad, entre 3 y 12 veces la del campo terrestre actual, apunta a que el magnetismo ayudó a mover el gas hacia el Sol naciente, aunque la fecha exacta en que quedó grabada la señal sigue abierta.
El estudio se publicó el 24 de agosto de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences. Cauê Borlina lo encabezó cuando era estudiante de posgrado del MIT y ahora es profesor asistente en Purdue. Benjamin Weiss y colegas de Tsinghua, Cambridge, Caltech y UCLA también firman el trabajo.

La roca antártica conservó una señal antigua
El programa estadounidense ANSMET recogió el meteorito en 2008 sobre el hielo de la cordillera Dominion, junto al manto de hielo de la Antártida oriental. La ficha de la Meteoritical Society lo registra con 667.3 gramos y medidas de 10.5 por 11 por 4.5 centímetros. Es una condrita carbonácea CO3 con grado de meteorización A/B. Nadie observó su caída.
El interés de DOM 08006 está en cuánto se alteró, o mejor dicho, en cuánto no se alteró. La mayoría de los meteoritos pasó por agua, impactos y calentamientos dentro de su asteroide progenitor, procesos que pueden borrar una magnetización anterior. DOM 08006 se libró casi por completo.
Benjamin Weiss, profesor de Ciencias de la Tierra y Planetarias del MIT, lo describió así: “De algún modo, DOM ha experimentado menos alteración que cualquier otro meteorito.”
Una inclusión rica en calcio y aluminio (CAI) es un grano que se condensó por encima de los 1,000 grados Celsius cerca del protosol durante los primeros 200,000 años del Sistema Solar. Estas inclusiones son los sólidos más antiguos que se conservan.
Al enfriarse, los fragmentos de hierro y de hierro-níquel dentro de las CAI se alinearon con el campo magnético del entorno. Esa orientación quedó fijada durante miles de millones de años, y es la que el equipo buscó en DOM 08006.
Cinco granos y dos microscopios
El equipo localizó 25 inclusiones en dos secciones del meteorito y seleccionó cinco que contenían minerales capaces de retener magnetismo. Esos granos medían entre 100 y 300 micrómetros.
La señal era demasiado débil para un magnetómetro convencional. Para leerla, los investigadores recurrieron a dos instrumentos:
- Microscopio SQUID, basado en dispositivos superconductores de interferencia cuántica.
- Microscopio cuántico de diamante, un instrumento que mapea campos diminutos mediante defectos atómicos del cristal usados como sensores.
El desorden de las direcciones sostiene la medición
Solo 3 de las 5 inclusiones conservaron un componente magnético especialmente resistente, y sus señales apuntaban en direcciones distintas entre sí. Ese desorden es el argumento central del trabajo.
Si el asteroide progenitor hubiera recalentado la roca después de reunir los granos, todas las señales habrían quedado alineadas hacia el mismo lado. Como apuntan a lugares diferentes, lo más probable es que cada grano se magnetizara por separado antes de quedar empacado en la misma roca.
Las mediciones de isótopos de oxígeno atrapados en las CAI indican que los granos no alcanzaron temperaturas capaces de borrar el registro. Además, la clasificación del meteorito confirma que la meteorización terrestre fue mínima.
El magnetismo pudo mover el gas del disco
La intensidad obtenida encaja con modelos en los que el campo magnético de un disco en rotación genera turbulencia, empuja el gas hacia adentro y calienta la región más interna hasta unos 1,000 kelvin.
La medición apunta a que el magnetismo ayudó a mover el gas hacia la estrella naciente, una tarea que la explicación habitual dejaba en manos de la gravedad. Borlina presentó el resultado como un cambio en la lista de ingredientes del Sol y los planetas: “Deberías incluir los campos magnéticos entre los ingredientes que los forman.”
La fecha de la señal sigue abierta
El comunicado del MIT presenta el hallazgo como la evidencia más temprana conocida de un campo magnético en el Sistema Solar. Sin embargo, los autores no pueden determinar con certeza cuándo se grabó la magnetización. El trabajo deja dos escenarios abiertos y uno descartado:
- Magnetización original: pudo registrarse en los primeros 200,000 años, al formarse las CAI o poco después, durante calentamientos breves. Solo este escenario convertiría la señal en el registro magnético más antiguo recuperado del Sistema Solar.
- Recalentamiento en el disco: pudo ocurrir unos 2 millones de años después, si las CAI viajaron hacia afuera y volvieron a calentarse. La intensidad medida se mantendría, pero la señal perdería el récord de antigüedad.
- Remagnetización en el asteroide: habría ocurrido después de que los granos quedaran unidos dentro de la misma roca. Los autores descartan esta posibilidad porque las direcciones magnéticas de los granos no coinciden.
La diferencia afecta la antigüedad del registro, no la física que describe. En cualquiera de los dos escenarios abiertos, el campo sigue siendo intenso y el magnetismo ya operaba mientras se formaban los primeros sólidos.
Lo que está en juego es si la señal corresponde a la etapa en que el Sol reunía más del 90% de la masa que acabaría teniendo, o a un momento posterior, cuando ya se estaban armando otros cuerpos rocosos.
Cinco granos de un meteorito no cierran el caso
El artículo estudió cinco CAI, y no todas produjeron componentes de calidad suficiente para calcular una paleointensidad completa. En algunas solo fue posible fijar una cota superior. La proporción entre hierro y magnetita introduce incertidumbre adicional en el cálculo.
Hasta ahora, las pruebas paleomagnéticas fiables del disco solar procedían de materiales formados entre 1 y 4 millones de años después del arranque del Sistema Solar, con intensidades de 50 a 100 microteslas. El grupo del MIT ya había documentado señales a partir de los 2 millones de años, cuando el Sol estaba en su lugar y los planetas empezaban a juntarse.
Las CAI llevan esa ventana a una etapa anterior, cuando la estrella seguía embebida en la nube que la formó y el ritmo al que caía materia hacia el centro era mucho más alto.
Según el estudio, hasta ahora no se había recuperado un registro magnético fiable de material con CAI. El método puede aplicarse a inclusiones de otros meteoritos, pero el siguiente paso exige medir más CAI de más rocas para saber si la firma se repite y con qué margen puede fecharse.
Por ahora, el dato firme es la intensidad de 150 a 600 microteslas en un Sistema Solar que todavía no tenía planetas. El récord de antigüedad depende de resolver cuándo esos cinco granos quedaron magnetizados.
