✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo de Lancaster, Leicester y Granada detectó calentamiento adicional en Marte cuando un evento de partículas energéticas solares coincidió con la tormenta global de polvo de junio de 2018.
- El Trace Gas Orbiter registró unos 50 °C extra entre 75 y 125 km de altura; cuatro de los cinco eventos revisados no mostraron esa señal.
- El estudio no dice que el Sol apagara a Opportunity: el rover perdió la luz por una opacidad de 10.8, y la coincidencia todavía necesita más casos.
Un equipo de las universidades de Lancaster y Leicester y del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), en Granada, halló calentamiento adicional en la atmósfera baja de Marte cuando un evento de partículas energéticas solares coincidió con la tormenta global de polvo de junio de 2018, la misma que dejó sin luz a Opportunity. El Trace Gas Orbiter midió unos 50 °C extra entre 75 y 125 kilómetros de altura. El grupo presentó el resultado el 21 de julio de 2026 en el National Astronomy Meeting de la Royal Astronomical Society, en Birmingham, pero advierte que una sola coincidencia no prueba una relación de causa y efecto.
Los autores describieron el resultado como la primera evidencia de que una tormenta solar y una tormenta de polvo pueden calentar juntas la atmósfera baja marciana. El análisis revisó cinco llegadas de partículas energéticas solares registradas entre 2018 y 2021. Cuatro no mostraron una señal térmica; la quinta, en junio de 2018, coincidió con el inicio de la tormenta que terminó cubriendo el planeta.
Un evento de partículas energéticas solares (SEP) es una descarga de partículas cargadas de alta energía que liberan las llamaradas solares y las eyecciones de masa coronal.
En la Tierra, el campo magnético protege al planeta y el efecto visible suele quedarse en auroras que aparecen más al sur de lo normal. Marte perdió su campo magnético global hace miles de millones de años y tiene una atmósfera muy delgada, así que recibe esas partículas casi sin filtro.
Ya se sabía que los SEP alteran la atmósfera alta marciana mediante ionización, auroras difusas e interferencias de radio. La pregunta era si también dejaban una huella más abajo, en la región donde ocurre el clima.
Para buscarla, el equipo usó datos de MAVEN, de la NASA, para caracterizar los eventos, y las mediciones de temperatura del Trace Gas Orbiter, de la Agencia Espacial Europea. Después comparó esos perfiles con los valores esperados de la Mars Climate Database.

El caso de junio de 2018 se salió del patrón
Cuatro de los cinco eventos no dejaron una señal térmica clara. El de junio de 2018 sí: el Trace Gas Orbiter registró unos 50 °C adicionales entre 75 y 125 km de altura.
El equipo detectó primero el calentamiento y solo después revisó qué distinguía a ese evento. Lana Williams, doctoranda de Lancaster que encabeza el trabajo, lo explicó así en el comunicado de la Royal Astronomical Society: “Las tormentas de polvo no formaban parte originalmente de nuestra investigación”.
El calendario apuntó a la tormenta global de polvo que comenzaba a tragarse Marte entero. El polvo puede calentar la atmósfera al absorber luz solar, pero los autores sostienen que el patrón térmico observado no encaja con el efecto del polvo por sí solo.
Un segundo episodio, ocurrido en julio de 2021, dejó una señal parecida, aunque mucho más débil: entre una décima y una quinta parte de la registrada en 2018.
El calor ocurrió muy por encima de Opportunity
El calentamiento se midió entre 75 y 125 kilómetros de altura. Opportunity estaba en el suelo, dentro de Perseverance Valley, en el borde oeste del cráter Endeavour. Entre ambos puntos hay decenas de kilómetros de atmósfera.
Una tormenta solar no mató a Opportunity. El estudio no lo afirma. El resultado solo muestra una coincidencia entre el evento solar, la tormenta global de polvo y el calentamiento detectado a gran altura.
Lo que dejó sin comunicación al rover fue la oscuridad. La opacidad atmosférica se expresa con un índice llamado tau. Sobre Opportunity, el valor habitual rondaba 0.5, pero el 10 de junio de 2018 llegó a 10.8, según los reportes de la NASA de esos días.
La tormenta global de 2007, que Opportunity sobrevivió al entrar en hibernación, había alcanzado cerca de 5.5. Para un rover que dependía de paneles solares, la caída de luz cortó la energía disponible.
El historial de la misión deja clara la diferencia entre lo que se esperaba del rover y lo que consiguió:
- La misión tenía un objetivo inicial de 90 soles de operación y debía recorrer al menos 600 metros, con 1 kilómetro como meta ambiciosa.
- Opportunity aguantó 5,111 soles y recorrió 45.16 kilómetros, todavía el récord de conducción fuera de la Tierra.
- El Mars Reconnaissance Orbiter detectó la tormenta el 30 de mayo de 2018. En una semana, el polvo cubría más de 18 millones de kilómetros cuadrados; el 19 de junio, Bruce Cantor, de Malin Space Science Systems, la declaró de escala planetaria.
- La NASA envió más de 1,000 comandos sin recibir respuesta y cerró la misión el 13 de febrero de 2019.
La frase más famosa asociada con el final del rover tampoco salió de Marte. “Mi batería está baja y está oscureciendo” fue una traducción libre que escribió Jacob Margolis, entonces reportero de ciencia de la radio pública KPCC y de su sitio LAist, a partir de lo que dos científicos de la misión le explicaron sobre los últimos datos.
Margolis publicó una aclaración el 16 de febrero de 2019, pero la frase siguió circulando fuera de contexto. Snopes y Newsweek dejaron zanjado que no eran palabras transmitidas por Opportunity.
La última transmisión real, del 10 de junio de 2018, fue un paquete de datos de ingeniería y un cuadro incompleto de la cámara panorámica, apuntando hacia un Sol que ya casi no se veía.
La NASA buscaba esta coincidencia desde 2024
En mayo de 2024, con el Sol entrando en su máximo de actividad, la NASA publicó en español que una coincidencia entre una tormenta global de polvo y una tormenta solar permitiría poner a prueba una teoría antigua.
La teoría plantea que el polvo levanta vapor de agua hasta altitudes donde la radiación solar lo rompe y el hidrógeno escapa para siempre. Repetido durante eones, ese proceso ayudaría a explicar cómo Marte pasó de tener ríos y lagos a ser un desierto helado.
Shannon Curry, investigadora principal de MAVEN en el Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado en Boulder, dijo en ese texto: “Este año me encantaría ver ocurrir en Marte el gran evento”.
Curry hablaba de 2024 y de lo que estaba por venir, no del estudio presentado en 2026. La coincidencia que la NASA quería observar ya estaba archivada desde hacía seis años en los discos de MAVEN y del Trace Gas Orbiter.
El equipo de Lancaster tampoco salió a buscarla de forma deliberada. Llegó a ese caso mientras investigaba otra pregunta.
Confirmar el patrón será más difícil
La participación española aparece en la autoría: el Instituto de Astrofísica de Andalucía, del CSIC, figura junto con las universidades de Lancaster y Leicester.
Los datos del estudio llegaron de dos naves. Ahora, una de ellas ya no puede aportar nuevas mediciones.
MAVEN perdió el contacto el 6 de diciembre de 2025, al salir de detrás de Marte. Entró en un giro descontrolado que agotó sus baterías y la NASA la declaró irrecuperable el miércoles 3 de junio de 2026, tras 11 años de trabajo.
El Trace Gas Orbiter sigue arriba y todavía hay datos suyos de 2022 en adelante sin analizar. Williams ya puso la mira en la tormenta solar de mayo de 2024, cuyas partículas quedaron registradas como manchas blancas en las cámaras de Curiosity, aunque reconoce que por ahora faltan datos para avanzar más.
Curiosity y Perseverance enfrentan otro riesgo
Curiosity y Perseverance funcionan con energía nuclear, por lo que una tormenta de polvo no las deja sin electricidad. El riesgo que sigue sobre la mesa es la radiación: la NASA usa el detector RAD de Curiosity para calcular cuánta protección necesitarían los astronautas que lleguen a Marte.
El resultado no cambia la explicación del final de Opportunity: una opacidad de 10.8 bloqueó la luz de sus paneles y el rover dejó de comunicarse el 10 de junio de 2018. El calentamiento se midió decenas de kilómetros más arriba, no en el suelo donde estaba la máquina.
Su alcance es más específico. Si nuevos datos confirman que el Sol y el polvo se refuerzan al coincidir, los modelos que los tratan por separado podrían quedarse cortos durante los episodios extremos, justo los que ponen a prueba a las máquinas y a las tripulaciones.
Por ahora hay una señal clara en junio de 2018, un episodio mucho más débil en julio de 2021 y un caso de mayo de 2024 pendiente de revisión. MAVEN ya no puede buscar otro ejemplo; el Trace Gas Orbiter y su archivo son la vía que queda para comprobar si se trató de una coincidencia aislada.
