✨︎ Resumen (TL;DR):
- El telescopio James Webb captó por primera vez el flujo de gas frío que viaja por filamentos espaciales hasta el disco de un agujero negro supermasivo.
- El disco giratorio mide unos 800 años luz y el gas corre a más de dos millones de kilómetros por hora en la galaxia NGC 4696, a 145 millones de años luz.
- Este hallazgo confirma un ciclo cósmico donde el gas caliente expulsado se enfría y regresa para alimentar de nuevo al coloso central.
El telescopio espacial James Webb captó cómo un agujero negro supermasivo en la galaxia NGC 4696 logra alimentarse de su propio material reciclado. Un equipo científico internacional liderado por la Universidad de Montreal descubrió que este gigante cósmico utiliza corrientes de gas frío para mantener activo su proceso de crecimiento, un hallazgo que resuelve un misterio astronómico de varias décadas.
Casi todas las galaxias grandes albergan un agujero negro supermasivo en su núcleo. Algunos de estos objetos devoran gas constantemente y activan su centro galáctico, expulsando chorros de energía extrema que calientan el entorno espacial.
En teoría, esta radiación debería dispersar el gas cercano y cortar el suministro de alimento del agujero negro. Sin embargo, los astrónomos sospechaban que el gas caliente terminaba por enfriarse, condensándose en filamentos delgados para volver a caer hacia el centro del sistema.
La astrofísica Julie Hlavacek-Larrondo, líder de la investigación publicada en julio de 2026 en la revista Astrophysical Journal Letters, explicó el fenómeno:
“Lo que el James Webb está revelando es que los agujeros negros podrían ser los grandes recicladores del cosmos. Liberan enormes cantidades de energía que calientan su entorno y, aun así, ese mismo gas puede enfriarse después en finos filamentos que caen de nuevo hacia dentro y vuelven a alimentar al agujero negro. Por fin estamos viendo este ciclo autosostenido en acción.”

El circuito de gas en NGC 4696
El equipo apuntó el instrumento NIRSpec del observatorio hacia la galaxia NGC 4696, ubicada a 145 millones de años luz de la Tierra. Tras ocho horas de observación, los investigadores obtuvieron mapas detallados con una resolución capaz de distinguir estructuras de apenas 30 años luz de tamaño.
Los datos revelaron que el remolino de gas cerca del agujero negro es en realidad un disco giratorio de 800 años luz de ancho. El gas en esta estructura se mueve a 600 kilómetros por segundo, lo que equivale a más de dos millones de kilómetros por hora.
Helen Russell, investigadora de la Universidad de Nottingham, señaló la importancia de esta conexión física:
“El James Webb nos está mostrando ahora el eslabón final de este circuito cerrado. La enorme red de filamentos de gas termina canalizando el material hacia un disco que alimenta al agujero negro.”
Para comprobar el mecanismo, los astrónomos simularon este proceso en computadoras y descubrieron que el comportamiento del gas real coincide con los modelos matemáticos. En este flujo, los campos magnéticos juegan un papel clave al frenar el giro del gas para dirigirlo al núcleo galáctico.
“Nuestros cálculos predicen que los campos magnéticos deberían ayudar a alimentar a los agujeros negros más grandes del universo canalizando gas frío hacia ellos, y es asombroso verlo ocurrir en estas imágenes del Webb”, comentó Mark Voit, coautor de la Universidad Estatal de Michigan.
El análisis de la luz captada por el telescopio se realizó con Cloudy, un software de modelado desarrollado por Gary Ferland en la Universidad de Kentucky, que lleva más de 45 años ayudando a descifrar la composición química del universo.
Este descubrimiento aporta la evidencia observacional más sólida hasta ahora sobre cómo conviven y evolucionan las galaxias junto a sus agujeros negros centrales a lo largo de miles de millones de años.
