✨︎ Resumen (TL;DR):
- Paleontólogos describieron a Tametara mirim, una especie de serpiente fósil hallada en Brasil que vivió en el Cretácico.
- El cráneo se conservó en tercera dimensión al 60%, lo que permitió reconstruir digitalmente su cerebro por tomografía computarizada.
- La anatomía demuestra que las serpientes primitivas ya se adaptaban a diversos ambientes, desmintiendo una ruta evolutiva única.
Un equipo internacional de investigadores descubrió en Brasil el fósil de Tametara mirim, una serpiente de hace 80 millones de años cuyo cráneo tridimensional revela que estaba adaptada para excavar y vivir bajo tierra. Este hallazgo, publicado en la revista Nature, demuestra que los primeros linajes de serpientes no siguieron una única ruta evolutiva.
Los investigadores hallaron el espécimen en 2020 en el municipio de Presidente Prudente, en el estado de São Paulo. Se trata de un ejemplar de unos 42 centímetros de largo que conserva cerca del 60% del cráneo y el 70% de la columna vertebral, lo que lo convierte en el primer fósil articulado de serpiente encontrado en Brasil.
Un animal fosorial es un organismo adaptado a vivir y desplazarse bajo tierra. Los científicos confirmaron esta condición en la nueva especie gracias a que los restos no se aplastaron con el paso del tiempo, algo muy inusual para los fósiles de esta antigüedad.

Un cráneo en tercera dimensión revela sus sentidos
La excelente conservación de la estructura ósea permitió al equipo realizar tomografías computarizadas de alta resolución (micro-CT). Con estos datos, reconstruyeron digitalmente el cerebro, los nervios craneales y el oído interno del reptil para compararlo con Dinilysia patagonica (un fósil de Argentina) y más de 100 especies modernas.
La reconstrucción digital del cerebro de esta especie aportó datos clave sobre sus hábitos:
- El centro visual de su cerebro estaba poco desarrollado, lo que indica que dependía muy poco de la vista.
- La zona del oído interno que percibe vibraciones y regula el equilibrio ocupaba un espacio muy amplio en el cráneo.
- La estructura ósea presenta rasgos que coinciden con los de animales que abren túneles utilizando la cabeza.
- La forma de su cerebro era distinta a la de otras serpientes antiguas y a la de casi todos los linajes modernos.
“La parte emocionante para mí es que el cerebro cuenta una historia mucho más rica que el esqueleto por sí solo”, explicó Simone Macrì, coautora del estudio e investigadora en la Universidad de Helsinki.
Excavación con la cabeza y enigmas pendientes
Aunque el hallazgo aporta datos clave, la falta de algunas partes del esqueleto deja varias preguntas abiertas. El fósil no conserva la zona de la cadera, por lo que no es posible confirmar si todavía tenía patas traseras, aunque los investigadores sospechan que sí las poseía de forma robusta.
El fósil tampoco conserva dientes, lo que impide saber con certeza si se alimentaba de insectos o si era una especie de reptil venenoso. Sin embargo, su anatomía general deja claro que el animal convivió con dinosaurios saurópodos, aves y cocodrilos hace entre 75 y 85 millones de años.
Este descubrimiento cambia la perspectiva sobre el origen de estos reptiles. En lugar de una transición lineal y única desde el agua o la tierra, los datos indican que las serpientes primitivas probaron distintas adaptaciones ecológicas de forma simultánea.
“La condición ancestral de todas las serpientes no estaba fuertemente adaptada a un solo hábitat. Era transicional, entre ambientes subterráneos y terrestres”, señaló Tiago Simões, autor principal de la investigación.
Mientras que algunas especies antiguas se quedaron en la superficie y otras se adaptaron al mar, este pequeño reptil brasileño demuestra que el subsuelo fue otro de los grandes escenarios donde comenzó a diversificarse la historia de las serpientes modernas.
