✨︎ Resumen (TL;DR):
- La subducción recicla más corteza oceánica en los bordes del Pacífico de la que crean sus dorsales, por eso la cuenca se estrecha.
- Un modelo publicado el 28 de septiembre de 2022 proyecta el cierre del océano en 200 a 300 millones de años y la formación de Amasia.
- El agua no desaparece y una objeción científica formal mantiene el escenario como hipótesis, no como consenso.
El océano Pacífico se reduce a escala geológica porque en sus bordes se recicla más corteza oceánica de la que se crea. Chuan Huang, Zheng-Xiang Li y Nan Zhang publicaron el 28 de septiembre de 2022 un modelo que proyecta su cierre dentro de 200 a 300 millones de años y la formación de Amasia. La predicción enfrenta una objeción científica formal: el proceso tectónico es real, pero el mapa del próximo supercontinente sigue en debate.
La afirmación volvió a circular en agosto de 2026, pero mezcla dos niveles de certeza. El movimiento de las placas y la actividad en sus límites permiten observar el estrechamiento de la cuenca; Amasia depende de proyectar durante cientos de millones de años fuerzas que pueden reorganizarse mucho antes.
El Pacífico pierde área, no agua
El Pacífico sigue siendo el mayor de los cinco océanos actuales. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, cubre más de 155 millones de kilómetros cuadrados, frente a unos 149 millones de kilómetros cuadrados de tierra emergida en el planeta. Su superficie supera la de todas las tierras emergidas juntas.
La cuenca ocupa más del 30% de la superficie terrestre y contiene casi el doble de agua que el Atlántico. Su profundidad media ronda los 4,000 metros, mientras que Challenger Deep, en la fosa de las Marianas, supera los 11,000 metros.
Ese tamaño no es fijo. La corteza del fondo oceánico nace, se desplaza y termina reciclada en el interior de la Tierra. El Pacífico conserva el primer lugar entre los cinco océanos, pero buena parte de su contorno está rodeada por límites donde las placas convergen.
La subducción es un proceso tectónico que introduce una placa debajo de otra y la hace descender hacia el manto. En los límites divergentes ocurre lo contrario: las placas se separan, el magma asciende y forma corteza oceánica nueva.
Ambos procesos operan en el Pacífico. La Dorsal del Pacífico Oriental crea fondo marino, mientras numerosas zonas de subducción consumen corteza alrededor de la cuenca. El balance favorece el reciclaje y la distancia entre algunos de sus bordes disminuye lentamente.
El Cinturón de Fuego del Pacífico recorre cerca de 40,250 kilómetros y reúne más de 450 volcanes, según la NOAA. Sus fosas, sismos y arcos volcánicos son manifestaciones de los encuentros entre placas. No forman un aro que se cierre de manera uniforme hacia el centro, porque cada límite tiene dirección y velocidad propias.
Curtin University resume el cambio neto como una reducción de unos cuantos centímetros por año. La institución usa una dimensión aproximada de 10,000 kilómetros para explicar por qué un posible cierre exigiría cientos de millones de años.
“Actualmente se está reduciendo unos cuantos centímetros al año”, explicó Zheng-Xiang Li, coautor del estudio y profesor de Curtin University.
El agua del Pacífico no está desapareciendo. Cambia la forma y el área de la cuenca que la contiene por el movimiento de las placas tectónicas; ese proceso no es una consecuencia del cambio climático.
Amasia nació de una simulación geodinámica
Chuan Huang, Zheng-Xiang Li y Nan Zhang emplearon modelos geodinámicos en cuatro dimensiones para estudiar cómo la fuerza de la litosfera oceánica puede alterar el siguiente ciclo de supercontinentes. El trabajo apareció en National Science Review y utilizó recursos del Pawsey Supercomputing Centre, en Australia.
El planteamiento parte del enfriamiento de la Tierra durante miles de millones de años. Los autores sostienen que la corteza oceánica se ha vuelto más delgada y que una litosfera oceánica más débil favorece la extroversión.
La extroversión es una ruta de ensamblaje continental que cierra el antiguo océano exterior que rodeaba al supercontinente anterior. En el caso actual, ese océano sería el Pacífico, remanente de Panthalassa.
El estudio comparó tres rutas generales para la próxima reunión continental:
- Extroversión: cerraría el Pacífico y acercaría las Américas a Asia. Australia se incorporaría después de chocar con Asia.
- Introversión: cerraría los océanos Atlántico e Índico, creados tras la fragmentación de Pangea.
- Ortoversión: no exigiría cerrar ninguno de los dos grandes sistemas oceánicos y reuniría los continentes en otra orientación.
En las simulaciones de Huang y sus colegas, la primera ruta resultó favorecida. Amasia es una configuración de supercontinente en la que el Pacífico termina cerrado y Asia y las Américas quedan unidas; Australia se incorporaría después de chocar con Asia.
Curtin University situó ese escenario entre 200 y 300 millones de años en el futuro. Si llegara a formarse, sus autores esperan un nivel del mar más bajo y un enorme interior continental seco, con fuertes variaciones diarias de temperatura. Son consecuencias calculadas para ese escenario, no condiciones que ya estén desarrollándose.
Una objeción científica mantiene abierta la hipótesis
La predicción recibió una objeción formal dentro de la misma revista. Bernhard Steinberger, investigador del GFZ German Research Centre for Geosciences y de la Universidad de Oslo, publicó en noviembre de 2022 un comentario sobre el trabajo.
Steinberger cuestionó la premisa de que una corteza más gruesa produzca necesariamente una litosfera más fuerte y señaló varias simplificaciones del modelo. Entre sus objeciones mencionó las zonas debilitadas que los autores introdujeron para iniciar la subducción y la forma difusa en que el modelo generaba la expansión del fondo oceánico, en lugar de reproducir dorsales bien definidas.
Para Steinberger, esos supuestos podían inclinar el resultado hacia el cierre del Pacífico.
“En general, considero que es un artículo interesante, pero su predicción es bastante incierta”, escribió Bernhard Steinberger.
Huang, Li y Zhang respondieron en la misma revista. Defendieron que sus pruebas variaron la viscosidad de las zonas débiles sin cambiar la ruta de ensamblaje y argumentaron que la corteza oceánica no se comporta como la continental.
También reconocieron que el modelado geodinámico requiere simplificaciones y que persisten ambigüedades que deberán resolver otros trabajos. El intercambio cambia la lectura del titular: la ciencia no discute si las placas se mueven o si la subducción recicla el fondo del Pacífico. El desacuerdo aparece cuando un modelo convierte esos procesos actuales en un mapa situado a un cuarto de mil millones de años.
Qué no permite concluir sobre el presente
La frase “el Pacífico se encoge” puede sugerir efectos que el estudio no reporta. La reducción de la cuenca no permite concluir lo siguiente:
- No describe una pérdida de agua oceánica. Cambia el recipiente geológico, no desaparece su contenido.
- No explica ni contradice el aumento actual del nivel del mar. Son fenómenos distintos y operan en escalas de tiempo diferentes.
- No es una consecuencia del calentamiento global. El enfriamiento citado por el estudio corresponde a la evolución térmica del interior terrestre durante miles de millones de años.
- No permite pronosticar un sismo o una erupción. Esos riesgos dependen de fallas y segmentos tectónicos concretos, no de la fecha hipotética de Amasia.
Para México y el resto del borde americano del Pacífico, la parte tangible de esta historia está en la subducción que ya forma fosas y alimenta actividad sísmica y volcánica. El cierre completo, si el modelo acierta, quedaría a cientos de millones de años. Presentar a Amasia como un destino asegurado va más lejos de lo que hoy permite la evidencia.
