✨︎ Resumen (TL;DR):
- Científicos del AIMS y la Universidad Murdoch grabaron 22.5 horas de video usando cámaras acopladas directamente en las aletas dorsales de estos gigantes.
- El análisis detectó 36 comportamientos, incluyendo seis formas de alimentación que ocurren a profundidades de hasta 68.8 metros y que nunca habían sido descritas.
- Este nuevo catálogo estandarizado de conductas permitirá medir con precisión científica el impacto real del turismo y los choques con botes en México.
Un equipo del Australian Institute of Marine Science (AIMS) y de la Universidad Murdoch logró registrar por primera vez lo que hace el tiburón ballena a decenas de metros bajo el agua, un hábitat antes inaccesible para los científicos. Al colocar cámaras especiales en las aletas de cinco ejemplares en Australia Occidental, el grupo descubrió seis nuevas formas de alimentación que cambian nuestra comprensión sobre el pez más grande del océano.
Para ordenar estos hallazgos, los biólogos construyeron una herramienta fundamental. Un etograma es un catálogo científico estructurado que recopila e identifica de manera detallada todos los comportamientos y conductas individuales de una especie animal. En este caso, el equipo analizó 106 artículos previos y combinó esos datos con el nuevo material de video para documentar un total de 36 conductas de la especie.

Seis banquetes profundos que nadie había visto
Las seis conductas de alimentación descubiertas ocurren lejos de la superficie, en zonas donde los turistas con esnórquel no pueden llegar. Estas son las nuevas estrategias registradas por las cámaras:
- Planeo de alimentación lenta: El tiburón se deja caer usando su flotabilidad negativa, con la boca abierta y sin mover la cola. Ocupó el 6% de las grabaciones.
- Alimentación en picada: Desciende rápidamente hacia el fondo con las agallas completamente abiertas, filtrando agua durante toda la bajada.
- Alimentación en ascenso lento: Filtra agua mientras sube a la superficie. El registro más largo documentó este comportamiento desde los 65.2 hasta los 1.7 metros de profundidad.
- Alimentación en columna de agua: Come a media profundidad, sin tener contacto visual con el fondo marino ni con la superficie.
- Alimentación bentónica lenta: Rastrea el lecho marino a muy baja velocidad, rozando el suelo de forma ocasional y levantando nubes de arena.
- Ondulación lenta de superficie: El animal se mece en el primer metro de agua con las agallas abiertas, probablemente para aprovechar la fuerza del oleaje.
Comer despacio para ahorrar energía
La clásica imagen de un tiburón ballena nadando a toda velocidad en la superficie con la boca abierta es, en realidad, poco común. Las cámaras demostraron que estos gigantes prefieren comer despacio para no gastar energía de forma innecesaria en aguas con poco alimento.
“Es como picar algo de la despensa mientras decides qué vas a cocinar para la cena”, explicaron Christine Barry y Luciana Ferreira, investigadoras del estudio.
Barry detalló que, debido al tamaño del animal, la eficiencia energética es vital: “No sorprende que el pez más grande de los océanos esté tan orientado a la comida, dado que come algunas de las presas más pequeñas. Pero lo que no sabíamos es de cuántas maneras distintas lo hace, comparado con otros grandes animales filtradores como las ballenas y los tiburones peregrinos”.
El secreto está en el control de su mandíbula. El tiburón ballena puede abrir la boca entre un 50% y un 85% para ajustar la resistencia al nadar. En contraste, otras especies como el tiburón peregrino solo registraron una conducta de alimentación en 120 horas de video.
El impacto directo en las leyes de conservación en México
Este descubrimiento tiene implicaciones inmediatas en aguas mexicanas. Gran parte de los estudios analizados para este catálogo provienen de zonas de agregación clave en México, como Bahía de los Ángeles, La Paz, Holbox y la Península de Yucatán.
En México, el tiburón ballena está protegido bajo la norma NOM-059-SEMARNAT-2010 como una especie en riesgo, por lo que solo se permite su observación y nado pasivo con reglas estrictas. En Bahía de los Ángeles, la temporada opera del 1 de junio al 15 de diciembre, enfocándose en juveniles de entre 2.5 y 8 metros de largo.
Contar con este catálogo estandarizado permitirá que los guardaparques y científicos mexicanos dejen de adivinar si las embarcaciones turísticas o los nadadores están interrumpiendo la alimentación de los ejemplares. Ahora, determinar si un grupo de personas alteró el comportamiento del animal se convertirá en un dato científico exacto y medible para ajustar las políticas de protección local.
