✨︎ Resumen (TL;DR):
- PNAS comparó la pisada de 15 chimpancés y 12 participantes humanos; todos los pasos naturales de los participantes humanos empezaron con el talón.
- Apoyar primero la parte delantera del pie costó a las personas entre 26% y 41% más energía metabólica que caminar con el talón.
- La tasa de carga del impacto fue hasta 138% mayor en chimpancés bípedos y 162% mayor en humanos al usar el talón frente al apoyo medio.
Un estudio publicado el 8 de septiembre de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) encontró que los participantes humanos aterrizaron con el talón en todos sus pasos naturales, mientras los chimpancés variaron la forma de apoyar el pie, sobre todo al caminar en dos piernas. El equipo de Nicholas Holowka, antropólogo de Penn State, midió el intercambio: el talón abarata la marcha, pero la tasa de carga del impacto fue hasta 162% mayor en humanos frente al apoyo medio. Los autores relacionan esa fuerza con talones más gruesos y articulaciones más grandes.
La idea previa, apoyada principalmente en descripciones cualitativas, decía que los humanos compartían la pisada de talón con los grandes simios africanos. El equipo la puso a prueba con cámaras de alta velocidad y alta resolución, además de pistas planas equipadas con placas metálicas que registran la fuerza del impacto.

Los chimpancés cambian el apoyo que los humanos fijan
En la Universidad de Stony Brook, los investigadores grabaron a 3 chimpancés machos mientras caminaban en cuatro patas y sobre dos piernas, en una pasarela de unos 11 metros. Sumaron datos de otros 3 chimpancés recopilados por otro equipo y revisaron material de 2 estudios adicionales, hasta reunir 15 chimpancés.
La parte humana se realizó en la Universidad de Buffalo con 12 participantes. 9 caminaron descalzos, con marcadores reflectantes, sobre una pista de unos 7.6 metros. Cada participante repitió el recorrido 2 veces: primero con su paso natural y después con una pisada alterada para imitar la de los chimpancés.
El apoyo medio es un patrón de pisada que toca primero el suelo con la zona situada detrás del dedo pequeño y después baja el talón. Los investigadores pidieron a los participantes humanos reproducirlo de manera intencional, no caminar así de forma espontánea.
Después, los participantes caminaron en una caminadora con un sistema portátil de respirometría. El equipo midió su consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono. El análisis reunió 4 medidas centrales: la forma de aterrizar, el rango del ángulo de apoyo, la tasa de carga del impacto y el gasto metabólico.
En la marcha natural, cada paso humano comenzó con el talón. Los chimpancés variaron la pisada y aterrizaron de talón menos veces al caminar en dos piernas que al desplazarse en cuatro. La mayoría de sus apoyos ocurrió sobre el borde o la base de los dedos.
Los chimpancés también mostraron rangos de ángulos de apoyo del pie entre 2.4 y 8.6 veces más amplios que los humanos. En las personas, el ángulo con el que el pie tocó el suelo se mantuvo muy parejo dentro de cada participante y entre participantes.
El talón ahorra energía, pero eleva el impacto
La pisada de talón generó fuerzas de impacto bastante mayores que el apoyo medio en las dos especies. En chimpancés que caminaban sobre dos piernas, la tasa de carga del impacto llegó a ser hasta 138% mayor con el talón que con el apoyo medio. En humanos, la diferencia alcanzó hasta 162%.
El gasto energético apuntó en la dirección contraria. En los participantes humanos, apoyar primero la parte delantera del pie costó entre 26% y 41% más energía metabólica que caminar con el talón. El experimento no midió ese gasto en los chimpancés.
Esa cifra expresa el sobrecosto del apoyo medio, no el porcentaje de ahorro que aporta el talón. El comunicado de Penn State presentó la comparación como un ahorro, pero leerla desde el otro extremo no produce el mismo porcentaje.
La anatomía paga la cuenta del paso
Holowka, profesor asistente de antropología de Penn State con un nombramiento conjunto en los Huck Institutes of the Life Sciences, considera que el talón ha recibido menos atención de la que merece. Lo resumió así: “Aterrizar sobre el talón es un aspecto único de la marcha humana, quizá subestimado.”
Según la interpretación del equipo, los primeros ancestros humanos caminaban de una forma más parecida a los chimpancés, con aterrizajes menos consistentes. Esa variación limitaba cuánto podían recorrer.
El talón permite rodar hacia los dedos y abarata el paso, pero descarga la pierna de golpe. Por eso, los autores proponen que los homininos necesitaron después talones más gruesos y articulaciones de rodilla y tobillo más grandes para soportar esas fuerzas.
Con ese esqueleto, el grupo sostiene que la caminata larga y diaria asociada con las estrategias de caza y recolección se volvió viable. Nathan Thompson, profesor asociado del New York Institute of Technology College of Osteopathic Medicine y coautor del trabajo, comparó la pisada con cruzar un piso de madera que rechina.
Apoyar la parte delantera del pie reduce la velocidad de carga y el ruido. Es una forma más suave de pisar, y los chimpancés la prefieren cuando caminan sobre dos piernas.
La prueba fue pequeña y ocurrió en laboratorio
Los datos provienen de una muestra pequeña y de condiciones controladas. La prueba humana se hizo descalzo en una pista de laboratorio, mientras que los datos de chimpancés combinaron el experimento de Stony Brook con registros de otros equipos.
El apoyo medio de los participantes humanos fue una imitación deliberada, no su forma natural de caminar. Además, el protocolo midió caminata, no carrera.
Holowka señaló que los entornos actuales, con superficies duras y pavimentadas, podrían alterar este equilibrio evolutivo. El equipo quiere estudiarlo en investigaciones futuras. El antropólogo también indicó que caminar mucho sigue siendo un ejercicio muy saludable, que el cuerpo evolucionó para lidiar con ese impacto y que no hay razón para evitarlo.
El trabajo recibió financiamiento de una beca de la National Science Foundation, la Leakey Foundation y la Wenner-Gren Foundation.
El estudio no indica que alguien deba cambiar su forma de caminar mañana. Su resultado ubica el rasgo distintivo de la marcha humana en la manera en que el pie toca el suelo, además de la espalda recta y las piernas extendidas. También muestra el precio anatómico de ese paso de menor costo energético: una carga de impacto mayor sobre huesos y articulaciones.
