✨︎ Resumen (TL;DR):
- El equipo secuenció los primeros genomas nucleares de alta cobertura de Miracinonyx trumani a partir de cuatro fósiles.
- El puma actual es su pariente vivo más cercano, con una separación de unos 2.6 millones de años; el ancestro común con el guepardo africano se remonta a unos 4.7 millones.
- Tres fósiles del Yukón, identificados al principio como pumas, extendieron más de 20 grados de latitud hacia el norte el rango conocido y apuntan a una dieta de pescado.
Un estudio encabezado por la Universidad de California en Santa Cruz y publicado el 4 de septiembre de 2026 en Current Biology determinó que Miracinonyx trumani, conocido durante décadas como el “guepardo americano”, estaba más emparentado con el puma actual que con el guepardo africano. El equipo secuenció los primeros genomas nucleares de alta cobertura de la especie a partir de cuatro fósiles: uno de Natural Trap Cave, en Wyoming, y tres del territorio canadiense del Yukón. Los investigadores habían identificado estos últimos como pumas; el ADN amplió la distribución conocida del felino más de 20 grados de latitud y reveló una dieta basada sobre todo en pescado.

El ADN corrigió una identificación rutinaria
El proyecto empezó con tres huesos del Yukón que pasaban por pumas. Los fósiles proceden de Bluefish Caves y Upper Quartz Creek y rondan los 31,000 años. Los investigadores los habían identificado provisionalmente como pumas porque estaban muy al norte del área de distribución conocida de M. trumani.
El plan era sencillo: usar material genético antiguo para confirmar esa identificación. El ADN mostró que los huesos pertenecían al llamado “guepardo americano”, y el proyecto cambió de escala.
“Eso desató toda una avalancha de descubrimientos”, resumió a Science News Molly Cassatt-Johnstone, candidata a doctora en el Laboratorio de Paleogenómica de UC Santa Cruz y autora principal del estudio.
Hasta entonces, el mapa de distribución ubicaba al animal en pastizales templados, desde Florida hasta el norte de las llanuras. La identificación genética extendió el área documentada más de 20 grados de latitud hacia el norte, hasta la estepa y la tundra del Yukón.
El parecido con el guepardo engañó
Para establecer el parentesco, el equipo comparó el ADN de M. trumani con el de otras nueve especies de felinos. El análisis ubicó al puma actual como su pariente vivo más cercano, con una separación de unos 2.6 millones de años. El ancestro común con el guepardo africano se remonta a unos 4.7 millones de años.
La evolución convergente es un proceso en el que linajes distintos desarrollan rasgos parecidos ante presiones de caza similares. Eso explica la silueta esbelta de M. trumani, sus patas delanteras largas y sus cavidades nasales amplias, características que alimentaron el apodo sin demostrar un parentesco cercano con el guepardo africano.
El apodo también arrastró una idea sobre su ecología. Se asumía que era un cazador especializado en presas veloces, como el berrendo, pero los datos muestran dietas muy distintas según el lugar:
- En Wyoming, el fósil mostró señales de un carnívoro terrestre de pastizal, con presas variadas.
- En el Yukón, los ejemplares registraron una señal compatible con un consumidor casi exclusivo de pescado.
Los huesos del Yukón apuntan al pescado
Como en el Yukón no había berrendos, el equipo analizó isótopos estables en el colágeno de los huesos para ubicar a los felinos en la cadena alimentaria. El nitrógeno pesado se acumula al subir de nivel trófico, por lo que los animales que comen carne registran más que los que comen plantas.
El fósil de Wyoming presentó valores de carnívoro terrestre en un pastizal. Los tres del Yukón registraron valores de nitrógeno unas seis partes por mil por encima de los de otros carnívoros de la misma región. El nivel se parece al de depredadores marinos como las orcas y encaja mejor con una dieta de salmón y otros peces que remontaban los ríos desde el mar, cientos de kilómetros tierra adentro.
Uno de los fósiles apareció en una cueva con abundantes restos de peces del Pleistoceno. Cassatt-Johnstone señaló que el hallazgo confirma que el recurso estaba disponible, pero el análisis no puede decir si M. trumani pescaba o aprovechaba cadáveres varados en la orilla.
Larisa DeSantis, paleoecóloga de la Universidad Vanderbilt que no participó en el estudio, señaló a Science News que explotar una presa abundante y de bajo riesgo evita las lesiones de perseguir animales grandes.
Matthew Wooller, profesor de la Universidad de Alaska Fairbanks y coautor del estudio, resumió el contraste entre los extremos del área de distribución: en cada uno, la especie era ultraespecializada y, al mismo tiempo, “se alimentaba de dos fuentes de comida completamente distintas”.
La diversidad genética era baja, pero el declive fue lento
Los genomas también aportaron pistas sobre la extinción de M. trumani al final del Pleistoceno. Las poblaciones de Wyoming y el Yukón tenían una diversidad genética baja, comparable con la de algunos felinos amenazados actuales, pero no mostraban las señales de endogamia severa ni los cuellos de botella bruscos que aparecen en casos como el lince ibérico.
“El declive fue lento, no repentino”, apuntó Beth Shapiro, profesora de ecología y biología evolutiva en UC Santa Cruz, codirectora del Laboratorio de Paleogenómica y autora sénior del estudio. Según su lectura, la baja diversidad genética por sí sola no condenó a la especie, aunque pudo dejarla con poco margen para adaptarse cuando cambió el clima.
El análisis detectó varios genes desactivados en las dos poblaciones. Dos genes regulan ritmos circadianos, una función que los autores relacionan con los ciclos extremos de luz de los veranos e inviernos del norte.
Otro gen codifica un receptor del sabor ácido y aparece inactivo en todos los linajes de felinos analizados. La universidad describe este hallazgo como el primer registro de esa pérdida en felinos, un rasgo que suele asociarse con dietas muy especializadas.
El nuevo parentesco debilita una vieja teoría
El apodo también alimentó una teoría popular sobre el berrendo americano. Según esa idea, el animal corre a casi 90 kilómetros por hora porque durante millones de años lo persiguió un felino veloz.
El estudio no refuta esa explicación por completo, pero sí le quita apoyo. El depredador que la sostenía se parece menos a un velocista especializado y más a un felino capaz de cambiar de presa según el ecosistema.
Los tres huesos del Yukón entraron al laboratorio como pumas. El genoma les dio media razón a quienes los etiquetaron así: no eran pumas, pero el puma sí resultó ser su pariente vivo más cercano.
Para los autores, el caso señala un problema que va más allá de M. trumani. Nombrar a un animal extinto por su parecido con una especie conocida puede fijar desde el inicio lo que los investigadores esperan encontrar, y otros animales extintos podrían seguir descritos con menos dimensiones de las que merecen.