Fósil de Texas revela un insecto con 24 patas

Fósil de Texas revela un insecto con 24 patas

Un fósil de Texas mal clasificado durante 40 años revela un insecto de 324 millones de años con 24 patas.

Por Humberto Toledo el 30 de agosto del 2026 a las 12:43 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un equipo internacional describió en Nature a Chosha praecursor, un insecto primitivo de hace unos 324 millones de años recuperado en la Formación Tesnus, en el oeste de Texas.
  • La anatomía suma 24 estructuras: seis patas torácicas para caminar y 18 apéndices abdominales; los pares posteriores terminaban en remos aplanados.
  • La imagen con luz polarizada cruzada reveló rasgos de insecto en un ejemplar que permaneció 40 años catalogado como cría de crustáceo.

Chenyang Cai y Erik Tihelka encabezaron el equipo internacional que describió como Chosha praecursor un fósil recogido en Texas en 1985. Nature publicó el estudio el 26 de agosto de 2026 y lo presenta como un insecto primitivo de hace unos 324 millones de años, después de que el ejemplar pasara 40 años catalogado como cría de crustáceo. Sus 24 estructuras incluyen seis patas torácicas y 18 apéndices abdominales, una combinación que ayuda a reconstruir la transición entre el agua y la tierra.

El equipo estuvo encabezado por Chenyang Cai, del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing de la Academia China de Ciencias, y Erik Tihelka, paleoentomólogo y doctorando en la Universidad de Cambridge. La especie Chosha praecursor vivió durante el Misisípico tardío del Carbonífero y procede de la Formación Tesnus, en el oeste de Texas.

Su anatomía combina las seis patas torácicas de un insecto actual con nueve pares de apéndices abdominales que ningún insecto vivo conserva. Para el equipo, esa mezcla indica que los insectos no salieron del agua de un solo salto.

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Solo seis de sus 24 estructuras servían para caminar

La cifra de 24 patas necesita una precisión. El tórax de Chosha tiene tres segmentos y tres pares de patas, la disposición estándar de los insectos actuales. El abdomen tiene 11 segmentos y lleva apéndices segmentados en los segmentos 1 al 9.

Los nueve pares abdominales suman 18 apéndices. Solo las seis patas del tórax servían para caminar. Los pares posteriores se ensanchaban en estructuras planas y acanaladas que el estudio interpreta como remos o branquias. Ningún insecto actual conserva algo comparable.

  • Tórax: tres segmentos, tres pares y seis patas para caminar.
  • Abdomen, segmentos 1 al 9: nueve pares y 18 apéndices segmentados. Los pares traseros terminaban en estructuras planas y acanaladas.
  • Abdomen de un insecto actual: no conserva apéndices comparables. El grupo corona perdió esas estructuras y conserva solo los tres pares torácicos.

El cuerpo mide 32.09 milímetros. Si se suman el filamento caudal central y los dos cercos, la longitud total llega a 49.66 milímetros. La forma es fusiforme y se estrecha hacia los dos extremos.

El fósil también conserva un ovipositor, el tubo rígido para poner huevos. Ese rasgo indica que el ejemplar era una hembra adulta y no la larva que se le supuso durante décadas.

Cai explicó a Xinhua que, en los insectos actuales, los apéndices abdominales están muy reducidos y solo sobreviven los tres pares del tórax. Este fósil captura ese proceso en una etapa intermedia.

Erik Tihelka lo resumió con una ironía sobre el término hexápodo: a los insectos se les llama así por sus seis patas, “pero los primeros tenían muchas más”.

La luz polarizada sacó el fósil del cajón

El ejemplar salió en 1985 de un afloramiento del condado de Brewster, al norte del Parque Nacional Big Bend. La misma lutita oscura contenía a Tesnusocaris goldichi, un crustáceo segmentado, y los investigadores de entonces lo interpretaron como un juvenil de esa especie.

Con esa etiqueta, el fósil entró a un cajón del Museo de Historia Natural de San Diego. Ahí permaneció durante 40 años.

La pista que lo devolvió a la investigación apareció en un manual ruso de paleontología comprado de segunda mano por Tihelka. Dentro encontró un dibujo lineal del fósil. Rastreó los artículos originales y la identificación como crustáceo no le cuadró. Después viajó a San Diego para examinarlo.

Según contó a Science News, el ejemplar apenas se distinguía de una mancha negra sobre la roca oscura.

La imagen con luz polarizada cruzada es una técnica de visualización que reduce los reflejos y aumenta el contraste. La técnica hizo visibles el tórax de tres segmentos, las antenas, el filamento caudal central flanqueado por dos cercos, el ovipositor y las patas.

Durante ese mes, otro fósil pasó por una revisión: la datación por radiocarbono de una tibia denisovana contradijo la edad que ese mismo hueso tenía asignada desde 2023.

El análisis lo aleja de los remipedios

El equipo reconstruyó el parentesco con una matriz de 58 caracteres para 23 taxones y probó varias posiciones posibles de Chosha en el árbol evolutivo.

El test estadístico rechazó las 3 topologías que sacaban a Chosha de los hexápodos y lo acercaban a los remipedios, un grupo de crustáceos. Sus valores p fueron 0.0259, 0.0153 y 0.0146.

Las 2 topologías que colocaban a Chosha dentro del linaje de los insectos no pudieron descartarse. El valor p es 0.6367 si Chosha es grupo hermano de los insectos actuales y 0.1945 si lo es de los hexápodos actuales.

El análisis descarta con más firmeza la lectura como crustáceo que una de las dos posiciones dentro del linaje de los insectos. Nature resume el hallazgo como “un probable insecto de ramificación temprana”.

Fuera del equipo, William Shear, paleobiólogo jubilado del Hampden-Sydney College, dijo a Science News que el trabajo ofrece nuevas vías para estudiar la evolución de los insectos y expresó su deseo de que aparezcan más ejemplares.

Dany Azar, paleoentomólogo de la Universidad Libanesa y del instituto de Nanjing, describió al mismo medio a Chosha como una pieza importante de un periodo del que casi no había evidencia fósil. Azar también figura entre los revisores identificados del artículo en Nature.

Un vacío de 80 millones de años

Los primeros cuerpos de hexápodos indiscutibles aparecen en el chert de Rhynie, en Escocia, hace unos 405 millones de años. Los fósiles de insectos claramente reconocibles no se vuelven abundantes hasta el Carbonífero tardío.

Entre ambos puntos hay un vacío de unos 80 millones de años, mientras los relojes moleculares sitúan la separación de los hexápodos y sus parientes crustáceos marinos mucho antes, en el intervalo Cámbrico-Ordovícico.

Además de Chosha, el equipo revisó otros 3 fósiles problemáticos: Leverhulmia, del Devónico de Escocia, y 2 ejemplares sin describir del yacimiento de Mazon Creek, en Illinois. Con Chosha, el equipo asigna los 4 fósiles a un linaje primitivo de insectos.

Hay una discrepancia en el recuento: el comunicado institucional habla de 3 fósiles revisados en total, mientras que el artículo de Nature detalla 4.

Con esa asignación, el equipo adelanta la diversificación temprana de los insectos: la sitúa en el Devónico temprano y no en el Carbonífero tardío. El registro fósil se acerca así algo más a lo que ya sugerían los relojes moleculares.

Los autores proponen que la reducción progresiva de los apéndices abdominales fue una adaptación a la vida terrestre. También plantean que estos animales vivían en zonas húmedas de transición entre el agua y la tierra, donde se alimentaban de humus, restos vegetales y esporas de hongos.

El nombre conecta con un mito navajo

El nombre procede de un mito navajo de creación. En esa historia, unos seres parecidos a insectos habitaban un mundo primordial y sus descendientes poblaron la Tierra. Chosha viene de ch’osh, “insecto” en navajo, y praecursor es “precursor” en latín.

El trabajo lo firman 6 investigadores de instituciones de China, Reino Unido, Estados Unidos y España. La parte española corresponde a Jesus Lozano-Fernandez, del Departament de Genètica, Microbiologia i Estadística y del Institut de Recerca de la Biodiversitat de la Universitat de Barcelona.

El estudio contó con financiación de 2 proyectos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de fondos NextGenerationEU.

Frederick R. Schram, el cuarto firmante, también aparece como coautor del relato de la expedición de 1985 a la Formación Tesnus y de la monografía de 1991 sobre la paleontología de los remipedios, según la bibliografía del estudio. Los agradecimientos reconocen a Michael J. Emerson, codescubridor del ejemplar tipo, quien murió en 1990.

El equipo depositó en Zenodo la matriz de caracteres y los archivos del análisis. Otros grupos pueden rehacer la reconstrucción y comprobar si Chosha se sostiene en la posición que propone el estudio.

Por ahora, el análisis descarta la antigua lectura como crustáceo, pero no elige entre las dos posiciones de insecto que siguen en pie. Como señaló Shear, encontrar más ejemplares del mismo animal sería la vía más directa para resolver esa diferencia.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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