Tametara mirim: una serpiente primitiva excavadora

Tametara mirim: una serpiente primitiva excavadora

Tametara mirim revela que una serpiente del Cretácico excavaba, con 99.2% de probabilidad.

Por Humberto Toledo el 7 de agosto del 2026 a las 10:11 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • El equipo describió en Nature a Tametara mirim, el primer fósil articulado de serpiente hallado en Brasil, de entre 85 y 75 millones de años.
  • El análisis de su endocasto y de la microestructura ósea le dio 99.2% de probabilidad de ser excavadora; Dinilysia patagonica obtuvo 56.7% como terrestre.
  • El estudio concluye que ninguna serpiente fósil conocida representa por sí sola al ancestro de las serpientes actuales.

Un ejemplar articulado de 42 centímetros hallado en Presidente Prudente, São Paulo, ofrece la primera confirmación cuantitativa de que una serpiente primitiva vivía bajo tierra. El equipo internacional que describió a Tametara mirim en Nature el 22 de julio de 2026 analizó la anatomía interna de su cráneo y la microestructura ósea. El modelo le asignó 99.2% de probabilidad de una vida excavadora, mientras que la comparación con Dinilysia patagonica, una serpiente argentina del mismo periodo, dio el resultado contrario. El hallazgo muestra que los linajes tempranos ya ocupaban ambientes distintos y que ningún fósil basta para retratar por sí solo al ancestro de las serpientes actuales.

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Foto: Huu Huynh / Pexels

El primer fósil articulado de serpiente en Brasil

El ejemplar, catalogado como MPM 420, pertenece al acervo del Museu de Paleontologia de Marília. William R. Nava y Giovanna M. X. Paixão lo encontraron en 2020 en el frente conocido como William’s Quarry 2, dentro del Sítio Paleontológico José Martin Suárez.

La roca pertenece a la Formación Adamantina, del Grupo Bauru, y tiene entre 85 y 75 millones de años. Hasta este hallazgo, el registro cretácico de Brasil solo contaba con vértebras sueltas de serpiente.

Tiago Simões, de la Universidad de Princeton; Nicolas Di-Poï, de la Universidad de Helsinki; y Annie Hsiou, de la Universidad de São Paulo, encabezaron el trabajo. Simões señaló que el fósil conserva alrededor de 60% del cráneo original y 70% de la columna vertebral, con unas 103 vértebras precloacales todavía en su sitio.

De todo el Mesozoico se conocen menos de 10 fósiles articulados de serpiente. Solo 3 tenían una preservación tridimensional comparable: Dinilysia y Najash, en Argentina, y Sanajeh, en India. Con Tametara, la lista llegó a 4.

El cráneo revela una vida bajo tierra

La vida fosorial es un modo de vida que lleva a un animal a vivir y desplazarse bajo tierra. Para evaluar si Tametara mirim pertenecía a esa categoría, el equipo no abrió el cráneo. Lo escaneó con microtomografía computarizada en la Escola Politécnica de la USP.

La zona craneal se capturó con una resolución de 17 micrómetros por vóxel. A partir de esas imágenes, los investigadores construyeron un molde virtual del espacio interno del cráneo, llamado endocasto. Gabriela Sobral, investigadora asociada al Museo de Historia Natural de Stuttgart y a la Universidad de Brasilia, se encargó de separar cada estructura durante la segmentación.

El techo óptico, una región ligada al procesamiento de la visión, formaba apenas una franja delgada. También estaba más atrofiado que en la mayoría de las serpientes y lagartos excavadores estudiados hasta ahora. Sobral lo describió así: “Es una condición muy especial incluso entre las serpientes excavadoras actuales”.

El oído interno reforzó esa lectura. El vestíbulo era grande y globoso, mientras que los canales semicirculares eran finos y reducidos. Según Sobral, esa configuración sugiere que el animal no necesitaba percibir con precisión la posición de su cuerpo en el espacio, algo compatible con la vida bajo tierra.

El vestíbulo abultado también apunta a sensibilidad ante sonidos de baja frecuencia, que viajan mejor por el suelo que por el aire. Los huesos del techo craneal eran densos y se superponían entre sí, un patrón típico de los animales fosoriales.

Al reunir los rasgos del endocasto y los datos de la microestructura ósea, un modelo discriminante lineal clasificó a Tametara mirim como excavadora con 99.2% de probabilidad. La cifra necesita contexto: el modelo completo acierta 65% de las veces, baja a 22% cuando clasifica especies acuáticas y alcanza 85.6% en la categoría fosorial, precisamente la que se evalúa en este caso.

Dinilysia dio el resultado contrario

Dinilysia patagonica era la única otra serpiente del grupo troncal con una caja craneana bien preservada y datos de tomografía disponibles públicamente. Vivió en la Patagonia durante el mismo periodo y medía alrededor de 2 metros.

La misma batería de análisis le dio 56.7% de probabilidad de haber sido terrestre, frente a 25.7% de haber sido fosorial. Nicolas Di-Poï, director de investigación en el instituto HiLIFE de la Universidad de Helsinki, resumió el contraste: “Linajes distintos exploraron hábitats distintos mucho antes de lo que se pensaba”.

El registro añade otra forma de vida. Los simoliofíidos del Cretácico eran serpientes marinas con patas traseras. La evidencia, por tanto, no coloca a las primeras serpientes en un único ambiente.

Durante décadas, los investigadores usaron cada fósil de serpiente primitiva como un posible retrato del ancestro común de las culebras modernas. El estudio sostiene que ninguna especie fósil conocida representa por sí sola esa condición ancestral.

Michael Caldwell, biólogo evolutivo de la Universidad de Alberta que no participó en la investigación, consideró que el panorama es más enredado de lo que se asumía. Su lectura del estudio apunta a una genealogía con ramas que van y vienen, no a una línea recta.

Una divergencia temprana no equivale a mayor antigüedad

Tametara mirim no es la serpiente más antigua conocida. El récord lo conserva Eophis underwoodi, del Jurásico Medio británico, con una edad de entre 168.3 y 166.1 millones de años.

La divergencia temprana describe la posición de una especie en el árbol evolutivo, es decir, dónde se separó del tronco del grupo, no cuándo vivió. Tametara aparece como especie hermana de Najash entre las ramas que se separaron primero.

El propio estudio utilizó a Eophis underwoodi como punto de calibración temporal del nodo de las serpientes. Por eso, esa especie le lleva alrededor de 85 millones de años de antigüedad al fósil brasileño.

La reconstrucción combinó 166 especies fósiles y vivas, 394 caracteres morfológicos y 11 marcadores genéticos. El análisis respalda un origen de las serpientes en el Jurásico Medio y una sola pérdida temprana de las patas traseras.

El ejemplar brasileño no permite confirmar si todavía conservaba esas patas. La región cercana a la cloaca no se preservó, aunque los autores interpretan que carecía de miembros delanteros.

Annie Hsiou señaló que, pese a su posición primitiva, Tametara mirim ya comparte rasgos con las serpientes actuales. Tiene un cuerpo alargado con numerosas vértebras, ausencia de miembros anteriores y las articulaciones vertebrales de zigosfeno y zigantro, que dan estabilidad a la columna. Su organización cerebral general también se parece a la de las serpientes modernas.

Una cantera paulista con dos hallazgos en Nature

La misma cantera produjo a Navaornis, un ave enantiornita del Cretácico que Nature describió en 2024. Con Tametara mirim, el Museu de Paleontologia de Marília colocó una pieza de su acervo en las páginas de la revista por segunda vez en dos años.

El Grupo Bauru tiene reconocimiento internacional desde hace décadas por su potencial para estudiar la vida del Cretácico. Sin embargo, la investigación se había concentrado sobre todo en los dinosaurios no avianos. Las serpientes quedaron fuera de ese foco.

El nombre de la especie alude a su anatomía. Tametara significa ‘adornada’ y alude a la cresta sagital pronunciada que recorre la parte superior del cráneo. El término mirim proviene de la lengua tupí-guaraní e indica el tamaño pequeño del animal. El cuerpo preservado mide 42 centímetros y los autores estiman el cráneo completo en 33 milímetros.

Para interpretar el cerebro fósil, el equipo también usó especies vivas como referencia. Entre ellas están Liotyphlops albirostris, una de las culebrillas ciegas americanas; Anilius scytale, la falsa coral amazónica; y Crotalus intermedius, una cascabel enana endémica de los bosques de montaña del centro y sur de México.

Así, el equipo interpretó el endocasto de una serpiente que vivió en São Paulo hace alrededor de 80 millones de años, en parte, mediante la comparación con una cascabel mexicana.

El siguiente fósil tendrá que ser más antiguo

Roy Ebel, coautor del estudio e investigador del Museums Victoria Research Institute, escribió: “Nunca fue simplemente mar o subsuelo”.

La pregunta de más de un siglo sobre dónde nacieron las serpientes sigue abierta. Tiago Simões señaló que el siguiente paso consiste en encontrar fósiles con una preservación tan buena como la de Tametara, pero más antiguos, sobre todo del Jurásico, entre 201 y 145 millones de años.

Mientras no aparezca uno, la respuesta más honesta que permite el registro es que apunta a varios lugares a la vez.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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