✨︎ Resumen (TL;DR):
- La sonda Juno midió por primera vez el calor interno de Ío bajo su superficie.
- La temperatura sube más de 22 °C en los primeros metros, liberando hasta 30 veces la energía de la Tierra.
- Esta técnica de microondas abre camino para vigilar volcanes terrestres y analizar lunas heladas.
La sonda Juno de la NASA tomó por primera vez la temperatura bajo la superficie de Ío, la luna con mayor actividad volcánica del sistema solar. Los datos revelan que la temperatura del subsuelo aumenta más de 22 °C en apenas los primeros metros de profundidad, un incremento que la radiación del Sol no puede explicar.
El Radiómetro de Microondas (MWR) es un instrumento científico que capta la emisión térmica en longitudes de onda de 1.3 a 51 centímetros para medir el calor en diferentes capas de profundidad. Aunque se diseñó originalmente para estudiar la atmósfera de Júpiter, el equipo científico lo apuntó hacia las lunas galileanas durante la fase extendida de la misión.
El estudio, liderado por Shannon Brown del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, se publicó el 22 de julio de 2026 en el Journal of Geophysical Research: Planets. Las mediciones se realizaron durante dos sobrevuelos cercanos el 30 de diciembre de 2023 y el 3 de febrero de 2024, a una altura de aproximadamente 1,500 kilómetros.
Anteriormente, los astrónomos solo conocían el calor superficial de Ío mediante observaciones en el infrarrojo. Ahora, el uso del MWR permitió registrar datos a profundidades de entre dos y seis metros.
“Donde quiera que miramos, encontramos que la temperatura subía más de 40 grados Fahrenheit a solo unos pies bajo la superficie, un gradiente mucho más pronunciado de lo que el calentamiento solar puede explicar”, declaró Shannon Brown.
El flujo térmico de fondo detectado oscila entre 1 y 3 watts por metro cuadrado. Aunque parece una cantidad pequeña, al multiplicarse por toda la superficie de la luna equivale a liberar hasta 30 veces la energía promedio de la Tierra.

Dos hipótesis para explicar el calor interno
Los investigadores plantean dos posibles causas para este aumento de temperatura en la corteza. La primera es que el calor suba de forma constante desde el interior a través de una corteza conductora. La segunda es que Juno detectara lava enfriándose bajo una costra solidificada de 9 a 11 metros, cubriendo un 10% de la superficie del cuerpo celeste.
Esta segunda opción encaja mejor con la presencia de altas montañas en Ío, las cuales no podrían sostenerse si el calor interno subiera de forma totalmente homogénea.
La textura del suelo también sorprendió a los científicos. La superficie de Ío se comporta en el rango de microondas como una llanura lisa de ceniza esponjosa de baja densidad, similar a la piedra pómez o escarcha de azufre, que descansa sobre capas más densas a unos metros de profundidad.
De las lunas de Júpiter a los volcanes de la Tierra
Ío no genera calor por radiación como la Tierra, sino por la tremenda fricción gravitacional que Júpiter, Europa y Ganímedes ejercen sobre ella. Sin embargo, la capacidad de leer el subsuelo rocoso con microondas tiene aplicaciones directas en nuestro planeta.
“El descubrimiento sorpresivo de que podíamos ver bajo la superficie de una luna rocosa tiene implicaciones importantes para estudiar los volcanes de la Tierra”, señaló Scott Bolton, coautor de la investigación e integrante del Southwest Research Institute.
Un sensor similar al MWR podría instalarse cerca de volcanes terrestres activos, como el Popocatépetl, para medir cambios térmicos subterráneos antes de que ocurra una erupción, mejorando los sistemas de alerta temprana. Además, esta misma técnica ayudará a descifrar cómo fluye el calor en las cortezas heladas de Europa y Ganímedes para evaluar si sus océanos internos albergan vida.
