✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo encabezado por Jong-Min Choi detectó tres perturbaciones sobre Norteamérica durante el lanzamiento y dos maniobras de Artemis II.
- El análisis usó señales de unas 3,500 estaciones terrestres y encontró que las maniobras posteriores fueron hasta 9 veces más intensas que las del ascenso.
- El manuscrito calculó variaciones de electrones, no errores de navegación en tierra ni una interrupción comprobada del GPS.
La misión Artemis II de la NASA produjo tres perturbaciones en la ionosfera sobre Norteamérica, una durante el lanzamiento del 1 de abril de 2026 y dos en maniobras posteriores, según un equipo encabezado por Jong-Min Choi, de la Universidad Nacional Cheng Kung de Taiwán. El análisis de señales recibidas por unas 3,500 estaciones terrestres detectó cambios en la región por la que pasan las señales de GPS, GLONASS y Galileo, pero no midió errores de posición para celulares, vehículos o receptores ni documentó una interrupción del servicio.
Tres perturbaciones durante el viaje de Artemis II
El cohete Space Launch System (SLS) despegó del Centro Espacial Kennedy, en Florida, el 1 de abril de 2026, con cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orion. Durante el ascenso apareció la primera perturbación: los investigadores identificaron ondas cerca de la trayectoria del cohete y otras que se propagaron hacia el norte y el sur.
El grupo analizó datos de unas 3,500 estaciones terrestres distribuidas por América, que recibieron señales de GPS, GLONASS y Galileo. Esa cifra corresponde a la red usada para el análisis, no a estaciones que hayan dejado de funcionar.
La segunda perturbación apareció aproximadamente una hora y 48 minutos después del despegue, durante una maniobra para elevar el punto más alto de la órbita de Orion. El motor de la etapa superior del SLS ejecutó la maniobra y permaneció encendido unos 18 minutos.
Los investigadores calcularon que esa señal se extendió más de 5,000 kilómetros a lo largo de la trayectoria, en una franja de unos 50 grados de longitud sobre Norteamérica.
Más de 25 horas después del lanzamiento, Orion encendió su propio motor para dirigirse hacia la Luna. Para entonces, la cápsula ya se había separado de la etapa superior. La NASA confirmó por separado que la maniobra de inyección translunar se realizó con el motor del módulo de servicio de la nave.
Las maniobras posteriores fueron más intensas
Las dos maniobras posteriores produjeron alteraciones más intensas que las observadas durante el ascenso del SLS. En la comparación del equipo, llegaron a ser hasta 9 veces más intensas.
Los autores plantean que liberar energía directamente a la altura de la ionosfera ayuda a explicar la diferencia, aunque esos motores eran menos potentes que el cohete de despegue.
El estudio siguió electrones, no errores de ubicación
La ionosfera es una región de la atmósfera que contiene partículas cargadas y electrones libres, y que las señales de navegación satelital atraviesan antes de llegar a los receptores en tierra.
La NASA explica que, si cambia la cantidad de electrones en el recorrido, también puede variar el tiempo que tarda la señal en llegar. Ese retraso puede introducir errores en el cálculo de distancias y, con ello, en la posición estimada.
Para estudiar Artemis II, los investigadores usaron las señales recibidas en tierra para calcular variaciones en el contenido de electrones. Detectar esas variaciones no equivale a medir cuánto se equivocó el celular, el vehículo o el receptor de una persona.
El manuscrito no presenta una cifra de error de navegación atribuible a la misión ni documenta una interrupción del servicio.
Charles Lin, coautor del trabajo, advirtió a Space.com que una imprecisión de unos metros podría ser relevante para vehículos autónomos y drones. “Un error de posicionamiento de un par de metros es suficiente para que un automóvil autónomo cambie de carril”, dijo.
La declaración describe un riesgo potencial; no demuestra que un vehículo haya cambiado de carril por Artemis II.
La perturbación no equivale a una falla del GPS
El propio estudio distingue las ondas examinadas de las zonas con disminución de electrones asociadas a las maniobras. Los autores proponen estudiar esas zonas por separado.
Por eso, describir el resultado como una rotura permanente de la atmósfera o como una caída comprobada del GPS iría más allá de lo que presenta el manuscrito.
Una investigación sobre la tormenta geomagnética de noviembre de 2025 sí midió errores de posición superiores a 10 metros en zonas de Estados Unidos. Esas mediciones corresponden a otro evento y no permiten calcular el efecto que pudo tener Artemis II sobre los receptores.
La versión consultada es un manuscrito difundido por Spaceweather.com. El sitio informó el 27 de octubre que el trabajo había sido aceptado para su publicación en Geophysical Research Letters.
El análisis permite seguir tres alteraciones producidas por una sola misión y comparar su intensidad. Para saber si se tradujeron en errores de navegación y de qué tamaño, harían falta mediciones o análisis adicionales centrados en ese efecto.
