✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo internacional reconstruyó los límites de Gondwana con más de 25,000 rocas y detectó fragmentos bajo montañas jóvenes de Asia, Europa central y el sureste de Norteamérica.
- La estimación pasa de 64% a cerca de 80% de la tierra firme de hace entre 550 y 500 millones de años, por encima del discutido umbral de 75%.
- El estudio plantea que su ensamblaje y un cinturón de subducción pudieron contribuir a sacar al planeta de una etapa de “Tierra bola de nieve” y a la explosión cámbrica de hace unos 538 millones de años.
Un equipo internacional concluyó que Gondwana cubría cerca del 80% de la tierra firme del planeta hace entre 550 y 500 millones de años, después de ubicar fragmentos de corteza ocultos bajo montañas jóvenes de Asia, Europa central y el sureste de Norteamérica. El estudio, liderado por Tao Wang, de la Academia China de Ciencias Geológicas, se publicó el 9 de septiembre de 2026 en Science Advances y plantea que el ensamblaje de esa masa pudo influir en la explosión cámbrica, el estallido de vida compleja de hace unos 538 millones de años.

La corteza antigua dejó un mapa químico
Gondwana es un supercontinente antiguo que se fragmentó hace cientos de millones de años. Para reconstruir sus límites, el equipo reunió más de 25,000 rocas de bases de datos geoquímicas y buscó en ellas los isótopos de samario y neodimio.
Los isótopos de samario y neodimio son marcadores químicos que permiten rastrear el origen y la antigüedad de las rocas. William Collins, coautor del estudio y profesor de geociencias en la Universidad de Curtin (Australia), describió esos rastros como las “huellas dactilares” del viejo supercontinente, conservadas dentro de rocas mucho más recientes.
Estas huellas combinan tiempo y lugar. Permiten reconocer una masa continental formada hace unos 500 millones de años, aunque las montañas que hoy contienen esas rocas apenas tienen unos 20 millones de años.
Con inteligencia artificial y nuevas técnicas, la colaboración internacional Deep-time Digital Earth asignó un origen a miles de muestras y las incorporó a un mapa global de la corteza profunda.
Tao Wang, quien durante años estudió el Cinturón Orogénico de Asia Central, relató que el hallazgo fue casi accidental. El equipo compilaba los datos con otro propósito cuando notó que muchas rocas compartían un origen común con Gondwana.
La estimación pasó de 64% a 80%
El cálculo previo de Trond Torsvik y Robin Cocks situaba el núcleo de Gondwana en cerca de 64% de la tierra firme actual, una proporción equivalente al 19% de la superficie del planeta. Esa estimación dejaba fuera fragmentos mal conservados e incrustados en cinturones montañosos más recientes, donde resultaba difícil identificarlos.
El nuevo mapa isotópico incorporó esos bloques dispersos. En conjunto, representan entre 23 y 25.2 millones de kilómetros cuadrados, alrededor de 15% a 16% de la corteza continental actual.
Con esos fragmentos, Gondwana pasa de dos tercios a cerca de 80% de la tierra firme de su época. La cifra supera el 75% que algunos geólogos usan como referencia para reconocer a un supercontinente, un estatus que Gondwana no había recibido durante años.
Ese umbral sigue en discusión. Joseph Meert, geólogo que no participó en la investigación, recordó que el 75% nunca fue un número exacto y señaló que no le corresponde decidir quién recibe el estatus de supercontinente.
Un posible vínculo entre tectónica y vida
Para los autores, el tamaño de Gondwana no es solo un dato de geografía antigua. Su ensamblaje habría estado rodeado por un “cinturón de subducción”, una cadena de actividad tectónica que abarcó cerca del 79% de la circunferencia terrestre.
Esa larga cadena de volcanes, comparable con el actual Cinturón de Fuego del Pacífico, habría liberado enormes cantidades de gases, sobre todo agua y dióxido de carbono. Collins sostiene que esos gases son vitales para el clima y la biodiversidad.
El calor de esas emisiones pudo sacar al planeta de una fase de “Tierra bola de nieve”. Junto con nuevos ingredientes para la vida, ese cambio pudo preparar el terreno para la explosión cámbrica, la aparición repentina de casi todos los grandes grupos de animales modernos hace unos 538 millones de años.
El estudio plantea así un vínculo entre los procesos del interior de la Tierra y una de las mayores expansiones de la vida en su historia.
Un parentesco químico no prueba un continente unido
David Evans, paleogeógrafo de la Universidad de Yale que no participó en el trabajo, advirtió que identificar cortezas antiguas con una historia geológica común no equivale a demostrar que esos fragmentos estuvieran físicamente unidos hace 550 millones de años. Es la diferencia entre un parentesco químico y un continente contiguo.
Trond Torsvik, paleogeógrafo de la Universidad de Oslo y ajeno al estudio, destacó que la formación de Gondwana pudo concentrar la mayor cantidad de construcción de montañas de la historia de la Tierra.
Los propios autores reconocen un límite del cálculo. Partes aún no identificadas del continente pudieron hundirse o reciclarse en el interior del planeta, de modo que incluso el 80% podría quedarse corto.
Si el nuevo mapa resiste el escrutinio, la forma de entender cómo se ensamblan y se rompen los continentes quedaría ligada a la aparición de la vida animal compleja, además de la historia de las placas tectónicas.
