✨︎ Resumen (TL;DR):
- Adultos autistas tuvieron una señal cerebral de error más débil durante una tarea de distinguir tonos, aunque su precisión fue similar a la del grupo no autista.
- El primer experimento incluyó 35 adultos no autistas y 34 autistas; el seguimiento reunió 51 personas, con 36 participantes que repitieron la prueba.
- La clasificación cercana al 80 % fue experimental y no demuestra que el EEG sirva para diagnosticar autismo.
Un estudio publicado el 26 de octubre de 2026 en Journal of Neuroscience encontró que adultos autistas mostraron una señal EEG más débil al recibir retroalimentación de error en una tarea auditiva, aunque acertaron con una precisión similar a adultos no autistas. El trabajo de Nathaniel J. Zuk, Jaroslav Y. Slobodskoy-Plusnin y colaboradores examina cómo el resultado de una decisión influye en la elección siguiente y en la adaptación a contextos cambiantes.
En cada ensayo, los participantes escuchaban dos tonos e indicaban cuál era más agudo. Después recibían una señal visual de acierto o error, mientras el equipo registraba su actividad eléctrica cerebral mediante electroencefalografía, o EEG.
El manuscrito completo, disponible en bioRxiv en una versión previa a su publicación en la revista, detalla que el primer experimento incluyó 35 adultos no autistas y 34 autistas. El equipo excluyó a una persona del segundo grupo porque su rendimiento sugería dificultades para entender la tarea. También emparejó los grupos por edad, género y habilidades cognitivas y lingüísticas.
La precisión general fue similar entre ambos grupos. La diferencia apareció al evaluar el resultado de cada decisión.
La negatividad relacionada con la retroalimentación (FRN) es una señal del EEG que distingue la respuesta cerebral ante una indicación de error frente a la respuesta ante una de acierto. En el grupo autista, la amplitud de esa señal fue menor, aun cuando el desempeño general en la tarea se mantuvo semejante.

La experiencia reciente pesó menos en la decisión siguiente
El equipo también observó cuánto influía la experiencia inmediata en el siguiente ensayo. Entre los participantes no autistas, acertar en un ensayo fácil hacía que los tonos de ensayos anteriores pesaran más en la decisión siguiente. Ese ajuste resultó más débil en el grupo autista.
La diferencia afectó el sesgo que introduce la experiencia reciente. Un cambio mayor en ese sesgo podía favorecer o perjudicar la respuesta siguiente, según los tonos que aparecieran en la tarea.
Los autores relacionan este patrón con la forma de adaptar las decisiones ante contextos cambiantes. La interpretación, sin embargo, parte de un ejercicio perceptivo de laboratorio basado en distinguir tonos.
La dificultad modificó menos la respuesta cerebral
Para explorar el papel de la confianza, los investigadores compararon ensayos fáciles y difíciles según la separación entre sus frecuencias. Interpretaron los ensayos fáciles como situaciones de mayor certeza.
La dificultad modificó menos las respuestas cerebrales del grupo autista. Para los autores, esto sugiere una diferencia en la manera en que la estimación interna de certeza interviene al evaluar el resultado de una decisión.
El seguimiento repitió el patrón con límites
Un experimento realizado entre uno y dos años después reprodujo los efectos reportados, de acuerdo con el resumen publicado en la revista. El manuscrito precisa que participaron 51 personas, de las cuales 36 habían realizado el primer experimento.
Esa composición permitió estudiar la estabilidad de las medidas en las mismas personas. La repetición con una muestra completamente independiente sigue pendiente: los participantes nuevos fueron demasiado pocos para analizarlos por separado.
El perfil de la muestra también acota la interpretación. El equipo reclutó adultos autistas sin dificultades de lenguaje y la mayoría de los participantes eran hombres.
El 80 % de precisión no equivale a un diagnóstico
Al combinar medidas cerebrales y conductuales, los autores clasificaron a los participantes como autistas o no autistas con alrededor de 80 % de precisión. El manuscrito describe el entrenamiento y la evaluación de un modelo mediante divisiones de los datos del estudio.
Ese resultado corresponde a una clasificación experimental, no a una prueba diagnóstica. Los autores advierten que no demuestra utilidad para diagnosticar autismo, especialmente porque no incluyeron otros grupos con condiciones del neurodesarrollo o neuropsiquiátricas.
El EEG no localiza por sí solo el origen de la señal
Un comunicado de la Society for Neuroscience plantea investigar la corteza cingulada anterior para comprender mejor estos procesos. El manuscrito aclara que los registros de EEG utilizados no permiten localizar el origen de las señales.
Para identificar qué regiones contribuyen a cada diferencia se necesitan estudios con mayor capacidad de localización. Por ahora, el hallazgo queda acotado a una tarea perceptiva de laboratorio y a las características de la muestra analizada: una señal cerebral de error distinta, con precisión conductual semejante, pero sin utilidad diagnóstica demostrada.
