✨︎ Resumen (TL;DR):
- King’s College London vinculó un mayor consumo de cafeína con menos sueño y pequeñas diferencias en la superficie cortical.
- El análisis incluyó a 9,632 niños de 9 a 11 años de Estados Unidos y halló una menor superficie en 22 regiones cerebrales.
- La diferencia aparecía desde una bebida con cafeína a la semana frente a ninguna, pero el estudio observacional no prueba que la bebida cause esos cambios.
Un análisis de King’s College London vinculó un mayor consumo de cafeína con menos sueño y pequeñas diferencias en la superficie de la corteza cerebral de 9,632 niños de Estados Unidos, de 9 a 11 años. Publicado en Biological Psychiatry: Cognitive Neuroscience and Neuroimaging, el trabajo encontró una menor superficie cortical en 22 regiones. Los datos muestran una asociación, no una causa demostrada, y los refrescos aportaban la mayor parte de la cafeína consumida.
King’s College London difundió el análisis el 15 de octubre de 2026. La relación principal apareció entre el consumo de cafeína, la duración del sueño y la superficie cortical, aunque las diferencias cerebrales fueron pequeñas.

Una bebida semanal no fija un umbral de daño
Según la universidad, las diferencias en la superficie cerebral total aparecían al comparar a los niños que tomaban una bebida con cafeína a la semana con quienes no tomaban ninguna. Esa comparación no establece un umbral de daño ni permite saber qué cantidad o patrón de consumo explicaría el resultado.
Derek Hill, profesor de salud digital de UCL, señaló en una evaluación del Science Media Centre que el trabajo no relaciona sus hallazgos con dosis precisas de cafeína ni con el horario de consumo.
Los refrescos aportaban la mayor parte de la cafeína que consumían los participantes. La guía en español de la American Academy of Pediatrics (AAP) muestra cuánto puede variar la exposición en una porción de 12 onzas líquidas, unos 355 mililitros:
- Diet Coke: 46 mg de cafeína.
- Mountain Dew: 54 mg de cafeína.
Esos valores son ejemplos de la guía de la AAP, no mediciones de las bebidas que tomaron los niños del estudio.
Una sola resonancia limita la interpretación
Los niños declararon su consumo de cafeína y sus síntomas de salud mental. Sus padres estimaron cuánto dormían. Además, el equipo contó con una sola medición cerebral y no siguió mediante resonancias cómo cambiaba cada cerebro.
Hill también señaló que los síntomas no procedían de una evaluación clínica. El diseño observacional no demuestra que la cafeína cause las diferencias encontradas.
Charalampos Rallis, investigador de Queen Mary University of London, consideró muy pequeñas las diferencias cerebrales y calificó de insignificante la asociación con la salud mental posterior. También señaló que el azúcar, la dieta y otros hábitos podían contribuir.
El sueño aparece como una vía estadística
Los modelos del equipo situaron el sueño más corto y la menor superficie cortical como posibles explicaciones estadísticas de parte del vínculo con más síntomas a los seis meses. A los 18 meses, persistía únicamente el vínculo a través de la superficie total.
Estos resultados describen asociaciones dentro de los modelos, no una cadena causal confirmada entre la cafeína y los cambios cerebrales.
La recomendación pediátrica ya advierte sobre el sueño
La AAP ya identifica la pérdida de sueño como un efecto de la cafeína y sostiene que evitarla es la mejor opción para los niños. Esa orientación pediátrica existe con independencia de la hipótesis cerebral que plantea este estudio.
