✨︎ Resumen (TL;DR):
- El IBEC observó que la queratina se reorganiza en haces con forma de estrella y saca al núcleo de la malla que lo rodea.
- El cambio tomó 424 minutos en las células control y 146 minutos cuando el equipo debilitó el vínculo entre actina y queratina.
- El estudio describe el mecanismo, pero aún no determina si el núcleo liberado queda más protegido o más expuesto.
Un equipo dirigido por el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) descubrió cómo un tejido epitelial sometido a tensión sostenida reorganiza sus filamentos de queratina hasta sacar al núcleo de la malla que lo rodea. El trabajo, publicado el 27 de julio de 2026 en Nature Physics, muestra que el cambio tarda una media de 424 minutos en células MDCK y ocurre durante horas. Ese ritmo sitúa el fenómeno como una adaptación lenta al estiramiento prolongado, no como un amortiguador de tirones bruscos. Los autores todavía no saben si el núcleo liberado queda más protegido o más expuesto.
La liberación del núcleo es un proceso celular que describe la salida del núcleo de la malla de queratina que normalmente lo rodea, provocada por la reorganización de esos filamentos bajo tensión sostenida. El estudio también usa el término nuclear uncaging para nombrar este fenómeno.
Hasta ahora, se sabía que la queratina ayuda a proteger los tejidos frente a deformaciones grandes, pero no cómo se comportaba durante un estiramiento largo. El nuevo mecanismo tarda horas y puede extenderse hasta días, avanza de célula en célula y no se revirtió durante el experimento.

Una cúpula de células para sostener la tensión
El equipo usó células MDCK, una línea epitelial derivada de riñón de perro. Las modificó para que su queratina 18 brillara en verde bajo el microscopio.
Después colocó las láminas celulares sobre un dispositivo microfluídico con orificios de 80 micras y una membrana porosa. Al inyectar líquido por debajo, el tejido se despegó en esos puntos y formó una cúpula, una especie de globo vivo que podía inflarse y mantenerse a presión constante. En los experimentos principales, la presión fue de 200 pascales.
Lo primero que vieron fue lo que no ocurrió: la queratina no se movió al estirar el tejido. Solo después de decenas de minutos aparecieron huecos en las uniones tricelulares, los puntos donde se encuentran tres células vecinas.
En cuatro horas y media, esos huecos crecieron hasta ocupar unas 43 micras cuadradas. Los filamentos desalojados se acumularon en haces gruesos que cruzaron las fronteras entre células hasta dibujar una estrella.
La actina y las uniones celulares se mantuvieron intactas durante todo el proceso. Por eso, la lámina no perdió su integridad mientras la queratina cambiaba de organización.
El cambio tarda horas y avanza en grupo
Las mediciones del equipo dibujaron una secuencia precisa:
- La transición completa tardó una media de 424 minutos, poco más de siete horas, en las células control.
- Los primeros haces aparecieron alrededor de los 200 minutos de inflado, a un ritmo medio de una célula por hora.
- A los 470 minutos, un 16% de las células de la cúpula ya había cambiado de estado. Al final del inflado, la proporción llegó a 24%.
- En las cúpulas que se formaron de manera espontánea, 12% de las células apareció completamente reorganizado y 29% quedó a medias. Ninguna célula de fuera de la cúpula, que no estaba estirada, hizo el cambio.
- El proceso avanzó en grupo: 78% de las células que se reorganizaron estaba junto a un cúmulo ya formado; solo 22% inició uno nuevo.
- El cambio fue irreversible en la escala de tiempo del experimento. Aunque la cúpula se desinflara y volviera a inflarse, los haces no se deshicieron.
La comparación de tiempos cambia la lectura del fenómeno. La rigidez que adquiere un epitelio cuando se estira aparece en segundos; esta reorganización toma horas y hasta días. Por eso, los autores concluyen que los haces no actúan como un cinturón de seguridad para frenar una deformación rápida. Son la última fase de una adaptación lenta al estiramiento sostenido.
La actina frena la liberación del núcleo
El equipo buscó qué retenía el proceso y apuntó a la plectina, una proteína que amarra la queratina a la actina y, mediante la nesprina-3, al núcleo.
Los investigadores expresaron una versión truncada de plectina que conservaba el enganche con la actina, pero perdía el de la queratina. Con esa modificación, la transición se completó en una media de 146 minutos, menos de dos horas y media frente a las siete horas registradas en las células control. El cambio ocurrió casi tres veces más rápido.
Cuando desmontaron directamente el andamio de actina con latrunculina A, la queratina se reagrupó en menos de una hora, aunque no llegó a formar la estrella completa.
El resultado va contra la intuición inicial: la actina no empuja la reorganización, la retiene.
Un modelo explica cómo la queratina expulsa al núcleo
La parte física del trabajo usó una versión propia de Cytosim, un simulador de fibras del citoesqueleto de código abierto. En el modelo tridimensional, conforme el tejido se estira, los filamentos que cubren la parte superior del núcleo se van perdiendo.
La presión que esos filamentos ejercen sobre el núcleo sube de golpe. Cuando el núcleo sale de la jaula, la presión se desploma.
“La simulación de la dinámica intracelular reveló que el mismo proceso que forma estos llamativos haces también genera fuerzas que, en última instancia, empujan al núcleo fuera de su jaula”, afirma Marco Pensalfini, profesor adjunto de la Universidad Queen Mary de Londres.
La microscopía en vivo confirmó esa predicción. Mientras los haces se engrosaban, los picos de señal de la queratina y del ADN se separaron en el eje vertical. Al final, el núcleo quedó apoyado encima del nudo central, rodeado apenas por una cantidad residual de filamentos.
La protección del núcleo sigue sin respuesta
El estudio describe el mecanismo, pero se detiene antes de establecer qué efecto tiene la liberación sobre el núcleo. Xavier Trepat lo plantea así:
“Una de las preguntas más intrigantes que plantea nuestro estudio es si este proceso de liberación protege en última instancia al núcleo o lo hace más vulnerable”, afirma Xavier Trepat. “Por un lado, la eliminación de la jaula de queratina podría exponer al núcleo de forma más directa a las fuerzas mecánicas. Por otro lado, y aunque pueda parecer contradictorio, la desconexión del núcleo de una red citoesquelética sometida a gran tensión podría, de hecho, protegerlo al impedir la transmisión de la fuerza. Para comprender cuál de estos efectos predomina, serán necesarios estudios adicionales que examinen cómo responden los núcleos a una tensión mecánica prolongada”.
El trabajo no demuestra que el núcleo sin su jaula esté más seguro ni que sea más vulnerable. Tampoco estudió personas. El equipo trabajó con células epiteliales de riñón de perro dentro de un dispositivo de laboratorio; el estiramiento descrito es una deformación mecánica sostenida del tejido, no una rutina de ejercicio.
Vejiga, glándula mamaria y embriones
Los autores señalan que el mismo mecanismo podría aparecer donde existan deformaciones grandes que duren horas y haya poca matriz extracelular alrededor. Tom Golde, investigador postdoctoral del grupo de Trepat y primer autor del estudio, lo explica así:
“Estos hallazgos pueden ayudarnos a comprender mejor cómo se adaptan los tejidos al estiramiento prolongado en una amplia variedad de contextos biológicos”, afirma Tom Golde, investigador postdoctoral del grupo de Trepat y primer autor del estudio. “Se dan condiciones mecánicas similares durante el desarrollo embrionario y en órganos que se expanden y contraen repetidamente, como la vejiga o la glándula mamaria. También creemos que los mecanismos que hemos descubierto podrían ser relevantes para enfermedades en las que la red de queratina se ve alterada”.
El artículo menciona la epidermólisis bullosa simple como un caso en el que esas interacciones de la queratina están dañadas. También plantea que la física de la transición podría servir como plantilla para diseñar materiales poliméricos que cambien de propiedades mecánicas de golpe, con tiempos de transición controlables. Es una posibilidad que el trabajo señala, no una aplicación demostrada en el estudio.
El artículo es de acceso abierto. Los modelos de célula única quedaron disponibles en GitLab; el resto del código y los datos siguen disponibles a petición de los autores.
Tom Golde aparece como primer autor. Xavier Trepat, profesor de investigación ICREA en el IBEC, profesor de la UB y miembro del CIBER-BBN, fue colíder del trabajo. Marco Pensalfini y Marino Arroyo estuvieron al frente de la parte computacional. También participaron LaCàN de la UPC, la Facultad de Medicina de la UB, el CIMNE, la Queen Mary de Londres, el University College de Londres, la Universidad de Viena y la Universidad de Columbia.
Por ahora, el dato firme es mecánico: una red que sostiene al núcleo puede reorganizarse durante un estiramiento continuo, terminar expulsándolo y conservar ese estado después de desinflar y volver a inflar la cúpula. La pregunta pendiente es si esa desconexión reduce la fuerza que recibe el núcleo o lo deja más expuesto.
