Fósiles permiten reconstruir sonidos de insectos jurásicos

Fósiles permiten reconstruir sonidos de insectos jurásicos

Alas fósiles de hace 165 millones de años permitieron reconstruir nueve llamadas; una probablemente era ultrasónica.

Por Humberto Toledo el 1 de septiembre del 2026 a las 7:50 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un equipo internacional reconstruyó las llamadas probables de nueve especies a partir de 20 alas fosilizadas procedentes de Mongolia Interior, China.
  • Las frecuencias estimadas abarcan 5 a 20.5 kHz; Sigmaboilus peregrinus probablemente emitía ultrasonidos.
  • Los autores consideran que se trata del registro conocido más antiguo de comunicación ultrasónica en animales, aproximadamente 100 millones de años antes de los primeros murciélagos conocidos.

Un equipo internacional reconstruyó las llamadas probables de nueve especies de insectos del Jurásico Medio a partir de 20 alas fosilizadas procedentes de Mongolia Interior, China. El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), estima frecuencias de 5 a 20.5 kHz y señala que Sigmaboilus peregrinus probablemente emitía ultrasonidos hace unos 165 millones de años. Los autores consideran que se trata del registro conocido más antiguo de comunicación ultrasónica en animales, aproximadamente 100 millones de años antes de los primeros murciélagos conocidos.

El estudio no recuperó una grabación del pasado. La recreación combina rasgos conservados en las alas con comparaciones de insectos actuales, modelos biomecánicos y una estimación computacional del ritmo de las llamadas.

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Las alas fósiles conservaron la huella del sonido

Los investigadores estudiaron fósiles de ensíferos, el grupo que incluye a grillos, katídidos y sus parientes. Los machos de muchas especies producen sonido mediante estridulación: una estructura dentada de un ala roza un raspador de la otra.

La estridulación es un mecanismo de producción sonora que ocurre cuando una estructura dentada de un ala roza un raspador de la otra. El tamaño de la zona vibrante, la forma de los dientes y su separación influyen en la frecuencia resultante.

El mecanismo ofrece una pista poco común para reconstruir sonidos del pasado. El registro fósil rara vez conserva las cuerdas vocales y otros tejidos blandos de los vertebrados, mientras que las estructuras endurecidas de estas alas sí pueden fosilizarse.

El equipo midió esa anatomía y reconstruyó la relación evolutiva entre las especies. Después simuló cómo habrían vibrado las alas.

El machine learning es una técnica computacional que ayudó a estimar la tasa de sílabas, es decir, la velocidad con la que probablemente se repetían los pulsos. La IA tuvo una función acotada. No generó las frecuencias ni la mecánica de producción sonora a partir de una orden de texto. El equipo las apoyó en mediciones fósiles, modelos físicos y datos de especies vivas.

Una especie jurásica probablemente emitía ultrasonidos

Los modelos sitúan las llamadas entre 5 y 20.5 kHz. Cinco especies habrían producido tonos puros de baja frecuencia, entre 5 y 7 kHz. Las otras cuatro habrían ocupado frecuencias medias y altas, de 8 a 20.5 kHz.

El ultrasonido es un tipo de sonido que supera el umbral habitual de 20 kHz para el oído humano. Sigmaboilus peregrinus alcanzó la estimación más alta, 20.5 kHz, y probablemente emitía ultrasonidos.

Los tonos puros concentran gran parte de la energía en una banda estrecha. El estudio plantea que esa característica podía dificultar que algunos depredadores localizaran con precisión al insecto que emitía la señal.

Las frecuencias altas pierden intensidad más rápido al viajar por el entorno. Esa pérdida habría permitido atraer parejas cercanas con un alcance menor para oyentes no deseados.

La diversidad de frecuencias pudo repartir el espacio acústico entre especies que llamaban al mismo tiempo. En un bosque con muchos insectos emitiendo señales, ocupar bandas distintas reduciría el riesgo de que unas llamadas enmascararan a otras.

Los murciélagos no explican el origen por sí solos

En los insectos modernos, una explicación habitual para el ultrasonido es la presión de los murciélagos que cazan mediante ecolocalización. La cronología del estudio impide que esa sea la única explicación: las señales que reconstruyó el equipo son aproximadamente 100 millones de años anteriores a los primeros murciélagos conocidos en el registro fósil.

Los autores proponen que mamíferos tempranos y parientes no mamíferos con audición de alta frecuencia ya podían escuchar a estos insectos. Esa presión de depredadores al acecho, sumada a la competencia por el espacio acústico, pudo impulsar la diversificación de los cantos mucho antes de la aparición de los murciélagos.

La reconstrucción sonora no es una grabación

Science X difundió una reconstrucción audiovisual que permite escuchar una versión audible de las llamadas propuestas por el estudio. La recreación trasladó parte del ultrasonido al rango audible para que el oído humano pudiera percibirlo. El resultado funciona como una interpretación científica de los modelos, no como una reproducción exacta del ambiente original.

Los modelos estiman frecuencias, vibraciones y patrones temporales a partir de las estructuras disponibles. No conservan la ubicación de cada animal, el volumen exacto, la vegetación ni el resto de los sonidos del bosque.

La mezcla final representa un escenario compatible con la evidencia, no una grabación literal de hace 165 millones de años. Las alas fosilizadas no devuelven cada detalle de una noche jurásica, pero conservan señales físicas suficientes para poner a prueba cuándo aparecieron las estrategias de comunicación y qué animales pudieron escucharlas.

Para explicar el origen de la señal ultrasónica, los autores proponen considerar presiones evolutivas anteriores a los murciélagos: la presión de depredadores con audición de alta frecuencia y la competencia por el espacio acústico.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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