Espermatozoides cooperan: la evolución lo repitió 45 veces

Espermatozoides cooperan: la evolución lo repitió 45 veces

Un estudio de 621 especies rastrea cómo los espermatozoides cooperan desde hace más de 450 millones de años.

Por Humberto Toledo el 4 de agosto del 2026 a las 5:03 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un equipo de Syracuse University, la Universidad de Siena y la Universidad de Szeged reconstruyó la conjugación espermática en 621 especies de artrópodos y grupos emparentados.
  • La reconstrucción sitúa el origen probable entre 452.6 y 508.5 millones de años y estima cerca de 45 ganancias y otras tantas pérdidas evolutivas.
  • El hallazgo describe la reproducción de artrópodos, no un tratamiento para la infertilidad humana ni una técnica de control de plagas.

Un equipo de Syracuse University, la Universidad de Siena y la Universidad de Szeged reconstruyó la evolución de la conjugación espermática en 621 especies de artrópodos y grupos emparentados. El análisis ubica su origen probable entre 452.6 y 508.5 millones de años y estima unas 45 ganancias y otras tantas pérdidas. El trabajo amplía la imagen de la fecundación como una carrera individual, pero no evaluó terapias para la infertilidad humana.

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La cooperación empieza dentro del aparato reproductor

La conjugación espermática es una estrategia reproductiva que une físicamente a dos o más espermatozoides para que se desplacen como grupo. Ocurre dentro del aparato reproductor masculino, y cada especie forma esas unidades mediante adaptaciones morfológicas y secreciones propias.

El análisis registró cinco configuraciones principales entre los animales estudiados:

  • parejas de células que viajan juntas;
  • células reunidas dentro de una envoltura común;
  • agregados de diferentes tamaños;
  • conjuntos llamados rouleaux, con las cabezas apiladas en filas parecidas a platos;
  • espermatozoides adheridos a un espermatostilo, una varilla especializada que organiza el grupo.

Muchas de estas asociaciones dependen del SAM, el material asociado a los espermatozoides, abreviado así por su nombre en inglés. SAM es una sustancia extracelular rodeada por una membrana que puede unir células, envolverlas o crear la estructura donde el grupo se sujeta.

En la base de datos del estudio no apareció ningún caso de conjugación sin SAM. Esa relación llevó a los autores a examinarlo como posible antecedente de formas cooperativas más complejas.

Un árbol evolutivo sitúa el origen en el Cámbrico u Ordovícico

El estudio, publicado en Nature Communications, no observó directamente cientos de millones de años de reproducción. Los investigadores reunieron datos microscópicos publicados durante décadas para 611 especies y prepararon muestras nuevas de otras 10.

La selección final incluyó 615 artrópodos y seis ecdisozoos externos al grupo, incorporados para la comparación evolutiva. Después, los investigadores colocaron la presencia, la ausencia y el tipo de conjugación sobre un árbol filogenético calibrado con fósiles.

El equipo usó BEAST 2.6.3 para estimar las edades de las ramas y realizó 1,000 reconstrucciones estocásticas de estados ancestrales. El método calcula qué escenarios evolutivos encajan mejor con la distribución observada en la actualidad.

No es un registro fósil de células blandas. Las fechas y el número de transiciones son estimaciones estadísticas.

La primera aparición probable se ubica en la rama que conduce a insectos y remipedios, hace entre 452.6 y 508.5 millones de años, durante el Cámbrico u Ordovícico. Artrópodos y ecdisozoos relacionados habrían pasado cerca de dos tercios de su historia evolutiva con alguna forma de conjugación.

La reconstrucción calcula cerca de 45 ganancias del rasgo y otras tantas pérdidas. Esa repetición no describe un solo cambio evolutivo conservado sin variaciones, sino una historia de apariciones y desapariciones en distintos linajes.

El análisis también propone que el antepasado común de todos los insectos tenía espermatozoides conjugados. La línea de tiempo del estudio sigue la aparición y desaparición del SAM y de los grupos celulares durante unos 600 millones de años.

Linajes distantes reutilizaron una solución molecular

La repetición en ramas muy alejadas apunta a evolución convergente: distintos linajes llegaron por separado a soluciones parecidas. Para examinarlo, los autores compararon las proteínas de los espermatostilos en chinches verdaderas y escarabajos, dos grupos que desarrollaron esas varillas de manera independiente.

El análisis encontró en ambos el uso paralelo de un conjunto genético compartido. Es una pista de que la evolución reutilizó herramientas moleculares antiguas para construir estructuras semejantes.

“Los espermatozoides son el tipo de célula que evoluciona con mayor rapidez”, explicó Scott Pitnick, autor sénior del estudio y profesor de biología en Syracuse University.

La ventaja de cooperar todavía debe medirse

Una vez fuera del cuerpo masculino, las células deben moverse, conservarse y funcionar dentro del ambiente físico y químico del tracto reproductor femenino. Formar un grupo podría mejorar la dirección del movimiento, proteger a las células o transportar moléculas hacia un sitio específico.

Son posibilidades plausibles, pero el análisis comparativo no determinó una ventaja universal. Además, el comportamiento de los espermatozoides sobre vidrio o en líquidos de laboratorio puede diferir del que muestran dentro de un organismo vivo.

El equipo quiere observar estos grupos en el tracto reproductor y medir qué beneficios y costos tienen. También busca entender por qué algunas ramas abandonaron la cooperación después de conservarla durante millones de años.

Fertilidad humana y plagas: preguntas abiertas

El hallazgo pertenece a la biología evolutiva de artrópodos. No participaron personas, pacientes ni embriones humanos, y los autores no probaron una terapia para la infertilidad.

El equipo plantea otra posible aplicación en la mosca linterna manchada (Lycorma delicatula), una plaga invasora que afecta cultivos y árboles en el este de Estados Unidos. Sus espermatozoides no forman grupos, pero cada célula está encerrada en una capa gruesa de SAM.

Los científicos todavía desconocen cómo se mueven dentro de ese material. Si la cubierta resulta indispensable para reproducirse, interferir con ella podría servir algún día para controlar la especie de forma dirigida. Esa línea sigue en etapa hipotética: el estudio no presenta una técnica probada en campo, una evaluación de seguridad ni evidencia de que el método reemplace los controles agrícolas disponibles.

El aporte inmediato es una descripción evolutiva concreta: en numerosos artrópodos, la fecundación combina la competencia entre células con estructuras colectivas que la evolución armó y desarmó durante casi 500 millones de años. La carrera hacia el óvulo no siempre ocurre de manera individual.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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