✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo de la Universidad de Bergen comparó tres registros satelitales de zonas cercanas a la mancha de basura del Pacífico entre 2002 y 2022.
- MODIS, GlobColour y CCI registraron un aumento estadísticamente significativo de luz azul y verde, con una tendencia hacia el cian.
- Las simulaciones mostraron el patrón cian en 3% de los espectros con factores naturales y en 13% cuando incluyeron microplásticos, pero ese resultado no prueba causalidad.
Un equipo de la Universidad de Bergen detectó un aumento de luz azul y verde en zonas cercanas a la gran mancha de basura del Pacífico entre 2002 y 2022. El patrón, visible en tres registros satelitales y compatible con lo que producirían microplásticos, podría servir para vigilar la contaminación desde el espacio. El estudio, publicado el 5 de noviembre de 2026 en Communications Earth & Environment, no demuestra que esas partículas causen el cambio ni ofrece todavía un método operativo para contarlas desde un satélite.
La mancha de basura del Pacífico es una región del Pacífico norte que concentra residuos por acción de las corrientes. No es una isla sólida de basura: contiene fragmentos de distintos tamaños dispersos en el agua.
Tres registros muestran el mismo cambio
Los investigadores combinaron registros de color del océano con modelos sobre cómo interactúan la luz y las partículas. Para ello analizaron los productos de datos MODIS, GlobColour y CCI.
En áreas próximas a la mancha, los tres registros mostraron un aumento estadísticamente significativo del brillo en bandas azules y verdes. En los mapas elaborados a partir de esos datos, la combinación aparece como una tendencia hacia el cian.
Los resultados no fueron idénticos. El estudio reporta diferencias entre los productos que pueden relacionarse con el comportamiento de los sensores y con la forma de procesar y combinar los datos.
La señal describe cambios en la luz registrada. No es una imagen en la que el satélite distinga los fragmentos de plástico.
El modelo sugiere, pero no demuestra
Para explorar la posible causa, los autores simularon cambios en los componentes naturales del agua. En otro conjunto añadieron variaciones de microplásticos y después compararon los espectros de luz que mostraban un aumento de brillo.
Cuando el modelo solo variaba factores naturales, 3% de esos espectros mostró el patrón cian. En el conjunto que también incluía microplásticos, la proporción fue de 13%. Según el equipo, la combinación de azul y verde apareció con mayor frecuencia bajo las condiciones simuladas con esas partículas.
Esos porcentajes describen los resultados del modelo, no la probabilidad de que el plástico haya causado el cambio real. Los autores reconocen que la coincidencia entre el patrón calculado y el observado no demuestra por sí sola la causa.
El trabajo se centra en partículas menores de 300 micrómetros, es decir, menos de 0.3 milímetros. Según el artículo, los investigadores todavía no han medido explícitamente las concentraciones de esos fragmentos pequeños en la zona estudiada.
El equipo propone comprobar sus propiedades y su abundancia mediante mediciones directas en el agua. Sin esa verificación, el resultado describe una coincidencia entre una señal calculada y una observación satelital.
El color del mar tiene otras explicaciones
El color del mar también puede variar por el fitoplancton, la materia orgánica disuelta y otras partículas. En el Pacífico ecuatorial, la NASA observó en 2026 un cambio asociado con una menor presencia de fitoplancton durante El Niño.
Aquella observación ocurrió en otra región y correspondió a otro fenómeno. Por eso, no identifica el origen de la señal registrada cerca de la mancha.
Anna Sànchez-Vidal, investigadora de contaminación por plásticos de la Universidad de Barcelona, consideró que el trabajo ofrece una posibilidad para seguir partículas difíciles de muestrear. En declaraciones al Science Media Centre España, advirtió que hacen falta campañas que combinen muestras de microplásticos con observaciones satelitales simultáneas.
Andrés Cózar, profesor de Ecología de la Universidad de Cádiz, dijo al mismo organismo que el estudio no lo convencía, aunque necesitaba examinarlo con más detalle. Cuestionó si las concentraciones bastan para detectar esa señal con los sensores empleados y señaló que también podrían influir cambios en los instrumentos, las correcciones atmosféricas o el fitoplancton.
La estimación de 2018 no mide lo mismo
El tamaño de las partículas complica la comparación con estimaciones previas. Un estudio de 2018 calculó que flotaban alrededor de 1.8 billones de piezas de plástico en la zona. Los microplásticos representaban 94% de las piezas estimadas, pero 8% de su masa.
Sin embargo, aquella categoría incluía fragmentos de 0.5 a 5 milímetros. El nuevo modelo evalúa partículas menores de 300 micrómetros, por debajo de 0.3 milímetros. Por eso, las cifras de 2018 no describen directamente las concentraciones de las partículas pequeñas analizadas ahora.
Las próximas campañas tendrán que medir directamente el agua y comparar esas muestras con observaciones satelitales simultáneas. Si las mediciones confirman la relación propuesta, los registros de color podrían ayudar a localizar zonas de acumulación.
Por ahora, los datos muestran una señal compatible con microplásticos, no un conteo satelital ni una prueba de causalidad. La pregunta pendiente es cuánto del cambio de luz corresponde al plástico y cuánto a otros componentes del océano.
