✨︎ Resumen (TL;DR):
- Science publicó el 13 de agosto de 2026 la primera reconstrucción de la densidad del dosel del PETM con células fósiles de hojas.
- En la cuenca Hanna, Wyoming, el índice de área foliar (LAI) cayó cerca de 61% al inicio y quedó 35% por debajo en promedio.
- La vegetación tardó más de 100,000 años en volver a su estado previo; hoy el carbono entra a la atmósfera unas diez veces más rápido.
Un estudio publicado el 13 de agosto de 2026 en Science reconstruyó por primera vez la densidad del dosel forestal durante el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM), el episodio de calentamiento abrupto de hace 56 millones de años. El equipo, encabezado por la paleobotánica Regan Dunn, del Natural History Museum of Los Angeles County y La Brea Tar Pits, midió miles de células epidérmicas conservadas en fragmentos de hojas de la cuenca Hanna de Wyoming y encontró que la cobertura de las copas cayó cerca de 61% al inicio. La vegetación tardó más de 100,000 años en volver a su estado previo, mientras las emisiones actuales liberan carbono a un ritmo cercano a diez veces mayor que los procesos naturales de aquel episodio.

Cómo reconstruyeron un bosque de hace 56 millones de años
El equipo trabajó con cutículas, fragmentos de la capa exterior de las hojas que quedaron preservados en el sedimento. La forma de sus células epidérmicas depende de la luz que recibió cada hoja mientras crecía y permite inferir si estaba bajo sombra o en la copa.
Las hojas que crecían bajo sombra desarrollaban células largas y delgadas. Las expuestas al sol, en la copa, desarrollaban células más redondeadas. Dunn explicó esa respuesta: “Es la respuesta de las plantas a la sombra: alargan la hoja alargando cada célula.”
Dunn llevaba años usando fitolitos, células vegetales rellenas de sílice, para el mismo tipo de reconstrucción. Para trabajar con cutículas, el equipo necesitó un cálculo nuevo que corrigiera los sesgos de conservación de cada tipo de fósil.
Los investigadores calibraron la relación en bosques modernos de América del Sur y Central. Colocaron una cámara con lente ojo de pez sobre un tripié y la apuntaron al cielo; también recogieron muestras de suelo justo debajo para extraer cutículas.
El índice de área foliar (LAI) es una medida que indica cuánto cielo tapan las hojas. El equipo calculó este índice por primera vez a partir de fragmentos de cutícula fósil. Dunn lo presenta como una medida más precisa que las descripciones habituales de “bosque abierto” o “arbolado”, cuyo resultado depende del criterio de quien las escribe.
El dosel cayó desde su punto más denso
El artículo sitúa el aumento de la temperatura global durante el PETM entre 5 y 9 °C. La Universidad de Wyoming señala que el dióxido de carbono al menos se duplicó. Con más CO₂ disponible, cabía esperar una fotosíntesis más eficiente y bosques más tupidos. Ocurrió lo contrario.
En Hanna, la densidad promedio del dosel quedó 35% por debajo de la registrada antes del PETM. Al inicio del evento, el LAI cayó alrededor de 61%. Los datos que Dunn detalló sitúan esa caída inicial en ese nivel, mientras el relato de los autores resume la pérdida como cercana a 60% de la cobertura.
El orden de los hechos importa. Justo antes del calentamiento acelerado, el dosel alcanzó su mayor densidad en cientos de miles de años. El colapso comenzó desde ese máximo, no después de una caída previa.
El registro documenta que la erosión del paisaje aumentó y que la vegetación pasó de angiospermas de hoja ancha a ecosistemas dominados por helechos y palmas. La mortalidad masiva de árboles aparece como una causa probable de la apertura, no como un dato medido directamente.
Según Ellen D. Currano, paleobotánica de la Universidad de Wyoming y coautora, el exceso de CO₂ perjudica a los bosques porque el calor y la sequía que lo acompañan estresan a los árboles y matan a muchos.
El paisaje de Hanna también cambió por completo. Hoy, la cuenca es una estepa de artemisa con pocos árboles. Antes y después del PETM, allí crecían Metasequoia gigantes junto con palmas, sicomoros y alisos.
El PETM se parece al presente, pero no en velocidad
El PETM sirve como análogo porque implicó una inyección masiva de carbono de origen volcánico en un planeta sin humanos. Ahí termina la simetría. Los autores señalan que las emisiones actuales liberan carbono a un ritmo cercano a diez veces mayor que aquellos procesos naturales.
Dunn lo resumió así: “Estamos metiendo CO₂ a la atmósfera más rápido que cualquier proceso natural conocido.”
El LAI global se mide con satélites desde los años ochenta. El índice venía subiendo por el efecto fertilizante del CO₂, pero esa tendencia se está revirtiendo y varias regiones ya se oscurecen en lugar de reverdecer. Para Dunn, esa señal sugiere que el calor cruzó un umbral en el que empieza a perjudicar a los bosques.
Los bosques actuales enfrentan además presiones que no existían en el Paleoceno. A la deforestación, los incendios más frecuentes, la fragmentación del hábitat, las especies invasoras y el cambio de uso de suelo se suman el calor y el CO₂. Ese conjunto reduce su capacidad de recuperación.
Lo que Hanna permite afirmar
La reconstrucción del dosel proviene de una sola cuenca de Wyoming, la cuenca Hanna. La lectura a escala continental combina este registro con datos regionales previos, por lo que el hallazgo no describe por sí mismo todos los bosques que existieron durante el PETM.
Currano señala que ya se observan cambios parecidos en bosques actuales, en particular en la Amazonía. Dunn quiere llevar el método a otras regiones para saber qué ocurrió en los trópicos durante el mismo intervalo.
El registro de Hanna no dice cuánto aguantarán los bosques actuales. Sí fija dos hechos medibles: el dosel se abrió al arranque del calentamiento, no después, y la vegetación tardó más de 100,000 años en volver a su estado previo, una recuperación que se extendió por decenas de miles de años.
