✨︎ Resumen (TL;DR):
- El décimo Informe Copernicus sobre el Estado del Océano fue elaborado por Mercator Ocean International con aportes de 125 científicos.
- Los primeros 2.000 metros del océano acumularon 23 ± 8 zettajulios adicionales en 2025 frente a 2024.
- El estrés térmico alcanzó al 84,4 % de los arrecifes de coral del mundo entre enero de 2023 y septiembre de 2025.
El décimo Informe Copernicus sobre el Estado del Océano, publicado el 30 de septiembre de 2026 y elaborado por Mercator Ocean International con contribuciones de 125 científicos, documenta un récord de calor almacenado en 2025 y una aceleración de la subida del nivel del mar. La tasa global llegó a 4,2 milímetros anuales entre 2012 y 2025, mientras los capítulos del informe muestran efectos distintos en ecosistemas marinos y comunidades costeras según las condiciones de cada región.
Mercator Ocean International elaboró la evaluación con datos de satélites, mediciones en el agua y modelos. Sus capítulos cubren fenómenos con periodos de observación distintos, un matiz necesario para interpretar cada cifra y separar una tendencia global de lo que ocurre en una cuenca o costa concreta.

El calor récord está debajo de la superficie
Un estudio anual publicado el 9 de enero de 2026 en la revista científica Advances in Atmospheric Sciences precisó el alcance del récord de 2025. El Instituto de Física Atmosférica de la Academia China de Ciencias estimó que los primeros 2.000 metros del océano acumularon 23 ± 8 zettajulios adicionales respecto a 2024.
Un zettajulio es una unidad de energía. El contenido de calor oceánico es una medida de la energía acumulada en una gran masa de agua que permite seguir cuánta energía se almacena, incluso cuando la superficie ofrece una señal distinta.
El mismo trabajo encontró que la temperatura superficial media de 2025 fue 0,12 ± 0,03 °C menor que en 2024, en consonancia con el desarrollo de La Niña. Aun así, 2025 fue el tercer año más cálido del registro de temperatura superficial y el calor almacenado hasta 2.000 metros siguió aumentando.
Una baja anual en la temperatura de la superficie puede coexistir con una mayor acumulación de energía en el océano. Por eso, el dato superficial de un solo año no describe por sí mismo todo el calor retenido bajo el agua.
La subida del mar no avanza igual en todas las costas
El promedio mundial no describe por sí solo una costa concreta. La tasa global calculada para 1999 a 2025 fue de 3,8 milímetros anuales; al considerar el periodo más reciente, de 2012 a 2025, llegó a 4,2 milímetros anuales.
Un capítulo del informe, publicado en State Planet, estudió el Mediterráneo con registros de 1993 a 2024. En su parte occidental, la tasa calculada mediante ventanas móviles de diez años aumentó de 3,0 ± 0,7 a 6,4 ± 1,0 milímetros anuales.
Las cifras corresponden a escalas distintas:
- Promedio global, 1999 a 2025: 3,8 milímetros anuales.
- Promedio global, 2012 a 2025: 4,2 milímetros anuales.
- Mediterráneo occidental: de 3,0 ± 0,7 a 6,4 ± 1,0 milímetros anuales, con ventanas móviles de diez años.
Los autores relacionan parte de la evolución mediterránea con la expansión del agua al calentarse. También documentan diferencias asociadas con la salinidad, la circulación y los movimientos verticales del terreno.
La cifra mediterránea cubre un periodo y un alcance geográfico distintos del promedio global. El estudio muestra además que los cambios locales pueden apartarse temporalmente de la tendencia de toda la cuenca, un factor relevante al planear infraestructura costera.
Carlos García-Soto, investigador del CSIC, señaló en su evaluación para Science Media Centre España que las decisiones de adaptación requieren conectar las tendencias generales con las observaciones, las infraestructuras y las condiciones de cada lugar.
La Antártida aporta otra señal, con cautelas
En una medición separada, el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC) informó el 23 de septiembre de 2026 que el hielo marino antártico probablemente alcanzó su máximo anual el 14 de septiembre, con una extensión de 17,59 millones de kilómetros cuadrados.
Si la fecha y la extensión se confirman, sería el tercer máximo más bajo del registro satelital. El NSIDC advirtió que las fluctuaciones cerca del máximo estacional pueden retrasar la confirmación.
El capítulo polar de Copernicus también recoge consecuencias para la fauna. En 2022, cuatro de cinco colonias de pingüinos emperador monitorizadas sufrieron un fracaso reproductivo total después de la ruptura temprana del hielo donde criaban.
La permanencia de ese hielo resulta decisiva para los polluelos, que necesitan quedarse sobre él hasta desarrollar la capacidad de sobrevivir en el agua.
El deshielo del hielo marino flotante tiene una contribución directa pequeña al nivel del mar, según el NSIDC. La expansión térmica del agua y la pérdida de hielo continental, que incorpora agua al océano, tienen un impacto mucho mayor.
Arrecifes y Estados insulares enfrentan el calor
El capítulo dedicado a los pequeños Estados insulares en desarrollo señala que 84,4 % de los arrecifes de coral del mundo experimentó estrés térmico capaz de provocar blanqueamiento entre enero de 2023 y septiembre de 2025. El porcentaje mide la exposición a condiciones de calor peligrosas para los corales, no un blanqueamiento confirmado en todos los arrecifes incluidos.
El mismo capítulo calcula que 65 % de la superficie conjunta de las zonas económicas exclusivas de esos Estados estuvo expuesta a una aceleración de la subida del mar entre 1999 y 2025.
Sus comunidades dependen de los sistemas marinos y costeros para actividades como la pesca y el turismo, además de la protección que ofrecen los arrecifes. Evaluar el riesgo requiere observar tanto el océano como las condiciones de cada costa.
Los capítulos del informe vinculan esas mediciones con decisiones de adaptación y protección de ecosistemas que sostienen alimentos, empleos e infraestructura.
Las cifras apuntan a una lectura por escalas: el promedio global describe la tendencia, pero una decisión sobre infraestructura costera necesita datos de cada sitio. En el Mediterráneo, la salinidad, la circulación y los movimientos del terreno cambian la lectura; en la Antártida, la confirmación del máximo aún depende de la evolución del hielo. El dato mundial no sustituye las observaciones locales.
