✨︎ Resumen (TL;DR):
- Cambridge propone poner CosmoCube en órbita lunar para captar la línea de 21 centímetros del hidrógeno neutro.
- El satélite observaría entre 10 y 50 MHz y quedaría protegido del ruido terrestre unos 40 minutos por cada órbita de dos horas; la misión reuniría alrededor de 1,000 horas en dos años.
- La UK Space Agency ya concedió más de 2 millones de libras y el equipo calcula un costo total de poco menos de 50 millones de libras, pero la misión todavía no está aprobada.
Nature Astronomy publicó el viernes 14 de agosto de 2026 la propuesta de CosmoCube, un satélite del tamaño de una maleta de mano pequeña que orbitaría la Luna para captar la línea de 21 centímetros del hidrógeno neutro. Su objetivo es observar el periodo entre el resplandor del Big Bang y la aparición de las primeras estrellas, una etapa que nadie ha observado directamente. La propuesta pide lanzarlo en pocos años, antes de que las señales humanas contaminen el espectro de la cara oculta.

La Luna ofrece una ventana de 40 minutos
La línea de 21 centímetros es una señal de radio del hidrógeno neutro que permite estudiar el periodo entre el resplandor del Big Bang y la aparición de las primeras estrellas. La expansión del universo estira su longitud de onda original y la lleva a frecuencias muy bajas.
CosmoCube trabajaría entre 10 y 50 MHz, un rango que los radiotelescopios terrestres tienen prácticamente vedado. La ionosfera de la Tierra bloquea la señal en esas frecuencias, mientras que la radio FM, los satélites y las telecomunicaciones agregan ruido en la misma banda.
La órbita lunar evita ambos problemas. Cada vez que el satélite pase por detrás de la Luna, la roca bloqueará las señales de radio procedentes de la Tierra durante unos 40 minutos de cada órbita de dos horas. En los dos años previstos para la misión, el equipo calcula que podrá reunir alrededor de 1,000 horas de datos aprovechables.
Eloy de Lera Acedo, autor principal y miembro del Laboratorio Cavendish de Cambridge, lo resumió así: “La cara oculta de la Luna es en verdad la única opción”.
La cara oculta no es la cara oscura. La Luna gira sobre sí misma en el mismo tiempo que tarda en dar una vuelta a la Tierra, así que siempre nos muestra el mismo hemisferio. El otro recibe luz solar igual que el que vemos.
Para la radioastronomía, el valor de ese hemisferio está en el silencio de radio, no en la falta de luz. Cuando CosmoCube pase detrás de la Luna, el propio cuerpo del satélite natural bloqueará las señales que salen de la Tierra.
El escudo lunar no elimina todo el ruido
La protección lunar no resuelve por sí sola las interferencias que vienen del instrumento o del cielo. La propuesta plantea estas respuestas:
- Ionosfera terrestre: bloquea las frecuencias necesarias desde la superficie. CosmoCube observaría desde una órbita lunar, fuera de la atmósfera.
- Radio FM, satélites y telecomunicaciones: la Luna bloquearía las señales terrestres durante el tramo protegido de cada órbita.
- Electrónica del satélite: un calibrador tipo Dicke alternaría entre el cielo y varias fuentes internas de referencia para caracterizar el ruido del propio instrumento.
- Emisión de radio de la Vía Láctea: el equipo aplicaría métodos estadísticos bayesianos a los datos una vez que llegaran a la Tierra.
- Distorsiones de la antena: simulaciones y mediciones durante el vuelo permitirían reconstruir su respuesta.
El instrumento sería un radiómetro miniaturizado montado sobre RF-Systems-on-Chip. La plataforma, bautizada SSTL-21, estaría a cargo de SSTL, fabricante británica de satélites pequeños.
La Universidad de Portsmouth y RAL Space, del STFC, figuran entre los socios académicos del Reino Unido. Will Grainger, coautor y miembro de RAL Space, explicó que el equipo ya probó modelos representativos del satélite y de su carga útil.
Esas pruebas buscan comprobar que el desempeño térmico permita realizar mediciones sensibles bajo las condiciones de temperatura de la órbita lunar. Cambridge también reporta prototipos de laboratorio funcionando y pruebas ambientales en marcha.
CosmoCube todavía no tiene aprobación
El texto de Nature Astronomy es una Perspective, el formato que la revista reserva para propuestas y planteamientos, no un reporte de resultados. La revista recibió el trabajo el 14 de marzo de 2025 y lo aceptó el 22 de junio de 2026, después de 15 meses de revisión.
La propuesta, por tanto, no equivale a una misión aprobada. CosmoCube aún no cuenta con fecha de lanzamiento.
De Lera Acedo declaró a The Guardian que el equipo estima un costo total de poco menos de 50 millones de libras, espera lanzar dentro de unos cinco años y ya recibió más de 2 millones de libras de la UK Space Agency.
Cambridge también señala que el proyecto se presentó a la convocatoria de ideas mini-F de la Agencia Espacial Europea. Esa convocatoria maneja un objetivo de costo por misión por debajo de 50 millones de euros.
Las cantidades están expresadas en monedas distintas y ninguna constituye por sí sola un presupuesto asegurado. El proyecto todavía se encuentra antes del desarrollo de la carga útil completa.
El plazo depende de las señales humanas
El resumen del artículo pide lanzar en pocos años, antes de que el espectro de la cara oculta se contamine con señales de origen humano. Cambridge advierte que Estados Unidos, India y otros países preparan misiones para aprovechar ese mismo silencio de radio.
La competencia ya aparece en las referencias del propio artículo: LuSEE-Night, Lunar Crater Radio Telescope, FarView, DAPPER y PRATUSH.
Phil Bull, profesor de cosmología en el Jodrell Bank Centre for Astrophysics y ajeno al proyecto, dijo a The Guardian que estas mediciones ayudarían a entender los procesos que formaron las primeras estrellas y galaxias. También advirtió que CosmoCube no es la única misión que busca ese dato y que otras podrían llegar antes.
Su advertencia tiene una consecuencia concreta: las misiones lunares planeadas podrían llevar a la cara oculta el ruido de radio del que CosmoCube intenta protegerse.
EDGES y SARAS 3 dejaron una señal sin resolver
La historia reciente de esta medición explica por qué la propuesta dedica tanta atención a la calibración y al primer plano galáctico.
En 2018, el experimento EDGES, instalado en Australia, reportó en Nature un perfil de absorción centrado en 78 MHz. El equipo lo interpretó como una huella del amanecer cósmico, pero la amplitud era mucho mayor que la que predicen los modelos cosmológicos estándar.
En 2022, cuatro años después, el radiómetro indio SARAS 3, del Raman Research Institute, midió el cielo entre 55 y 85 MHz. En Nature Astronomy, el equipo concluyó que el mejor ajuste de aquel perfil debía rechazarse con 95.3% de confianza y que la señal no tenía origen astrofísico.
La disputa no se cerró. De ahí que CosmoCube proponga calibrar con cuidado el instrumento y restar la emisión de primer plano de la Vía Láctea. El texto sostiene que esos dos puntos, y no la falta de sensibilidad, dejaron el hallazgo de 2018 sin resolver.
Judd Bowman, de la Universidad Estatal de Arizona y primer firmante del trabajo de EDGES de 2018, aparece entre los 22 autores de la propuesta de CosmoCube.
Mientras esa medición siga sin resolverse, la llamada edad oscura permanece sin una observación directa. CosmoCube plantea una vía con un costo estimado menor a 50 millones de libras para intentarlo, pero todavía necesita aprobación, presupuesto completo y una fecha de lanzamiento.
CosmoCube aún no tiene misión aprobada. La pregunta pendiente es si conseguirá llegar a la cara oculta antes de que otras misiones introduzcan allí el ruido de radio que su diseño intenta evitar.
