✨︎ Resumen (TL;DR):
- Yousuke Kaifu y Chun-Hsiang Chang identificaron como denisovanos un fémur y una tibia dragados frente a Taiwán, los primeros restos de ese grupo humano identificados por debajo del cuello.
- Las reconstrucciones estiman 176 a 179 cm y 82.5 kg para Penghu 2, y 181 o 189.5 cm y 90.8 kg para Penghu 3.
- El radiocarbono fechó la tibia en unos 45,000 años, frente a los más de 160,000 años calculados en 2023 mediante series de uranio.
Un equipo encabezado por Yousuke Kaifu y Chun-Hsiang Chang identificó como denisovanos un fémur y una tibia recuperados por redes de arrastre en el Canal de Penghu, entre Taiwán y las islas Pescadores. Son los primeros restos de ese grupo humano extinto identificados por debajo del cuello. La tibia Penghu 3 también cambia la cronología del hallazgo: el radiocarbono la sitúa hace unos 45,000 años, frente a los más de 160,000 años de una datación por series de uranio realizada en 2023.
El trabajo apareció el 8 de agosto de 2026 en bioRxiv y todavía no pasa por revisión de pares. La identificación se hizo mediante el análisis de proteínas preservadas, ya que ninguno de los dos huesos conservó ADN recuperable.

La cifra de 1.90 m depende de una reconstrucción
La estatura de 1.90 m no corresponde a una medición directa sobre un esqueleto completo. Ninguno de los dos huesos está completo, y el valor más alto depende de reconstruir digitalmente una parte faltante y aplicar una fórmula de estimación.
En términos redondos, el preprint coloca a los dos individuos alrededor de 1.80 y 1.90 metros. Incluso la estimación baja describe a un humano arcaico grande.
Penghu 2 conserva la mitad superior de un fémur derecho. El equipo reconstruyó digitalmente la sección faltante al compararla con fémures antiguos y modernos de gran tamaño, y estimó una longitud original de unos 49 cm. Esa reconstrucción produce una estatura de 176 a 179 cm y una masa de 82.5 kg.
Penghu 3 es una tibia a la que le falta el extremo inferior. Los autores calcularon que el hueso completo habría medido unos 43 cm. Según la fórmula utilizada, la estatura queda en 181 cm o 189.5 cm, y el trabajo prefiere la segunda cifra.
Ese es el origen de la cifra de 1.90 m: la parte alta de un rango reconstruido, no una medida tomada sobre el esqueleto. El sexo de ambos individuos también se dedujo a partir del tamaño de los huesos, no mediante marcadores moleculares.
El propio preprint los compara con otros humanos del Pleistoceno en la región:
| Individuo | Estatura estimada | Masa estimada |
|---|---|---|
| Penghu 2, fémur | 176 a 179 cm | 82.5 kg |
| Penghu 3, tibia | 181 o 189.5 cm | 90.8 kg |
| Homo erectus, Zhoukoudian | 152 a 157 cm | 60 a 63 kg |
| Homo sapiens, Tianyuan | Unos 170 cm | Unos 73 kg |
Adam Brumm, arqueólogo de la Universidad Griffith que no participó en el trabajo, comparó a Penghu 3 con el futbolista Erling Haaland al hablar con New Scientist. Chris Stringer, paleoantropólogo del Museo de Historia Natural de Londres, dijo al mismo medio que esperaba una complexión más ligera en las condiciones cálidas de Taiwán, incluso si correspondían a un periodo glacial. También situó los fósiles en la parte alta de las estimaciones para neandertales.
La tibia cambió de más de 160,000 a unos 45,000 años
La datación por radiocarbono es un método que usa el colágeno conservado para estimar la antigüedad de un fósil. El equipo de Minoru Yoneda revisó 72 fósiles de la colección de Penghu, incluidos los tres homininos, para encontrar material suficiente.
Solo cuatro piezas conservaron colágeno en cantidad suficiente: la tibia de Penghu 3 y tres huesos de animales. El resultado coloca a Penghu 3 hace unos 45,000 años.
El mismo hueso ya tenía una fecha muy distinta. En 2023, Rainer Grün y Chris Stringer le aplicaron datación por series de uranio y obtuvieron una antigüedad de más de 160,000 años. El fémur Penghu 2 ni siquiera ofreció una base para ese cálculo.
John Hawks, paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison, lo resumió así: “No es una diferencia menor: los dos métodos difieren por un factor de cuatro.”
Stringer, uno de los autores de la datación anterior, dijo a Science que las nuevas fechas de radiocarbono convierten a estos individuos en los denisovanos bien datados más recientes que se conocen.
El antecedente de esta discrepancia ya aparecía en un artículo de 2015 publicado en Nature Communications. Ese trabajo describió Penghu 1, la mandíbula de la misma colección, y reportó que el radiocarbono había fallado por falta de colágeno. También señaló que las series de uranio funcionaban mal porque el agua de mar deja su propio uranio sobre los fósiles.
Para Hawks, obtener una fecha de radiocarbono a partir de colágeno purificado ofrece evidencia bastante convincente de que aquel modelado del uranio estaba equivocado. El posible problema no se limita a Penghu.
Hawks señaló que buena parte de los fósiles humanos de Asia oriental tiene edades calculadas mediante captación de uranio en hueso o diente, mientras que en pocos casos existe una fecha de radiocarbono para comprobar esos cálculos. Entre los ejemplos menciona las estimaciones de edad del cráneo de Harbin, conocido como el Hombre Dragón, que carece de información de contexto.
Las redes de arrastre dejan un registro sesgado
Estos fósiles no salieron de una excavación. Los pescadores los recuperaron del fondo marino con redes de arrastre, sin registro de cuándo ni del punto exacto del canal en que apareció cada pieza.
Los huesos llegaron a la ciencia como parte de una colección que el artista taiwanés Li-Ren Hou donó al Museo Nacional de Ciencias Naturales. En 2010, los dos restos ya habían sido identificados como homininos; la atribución al linaje denisovano llegó en este trabajo mediante el análisis de proteínas.
Para Hawks, ese origen introduce un sesgo claro. Los huesos más grandes y gruesos resisten mejor la red y la manipulación, además de que un coleccionista puede reconocerlos con más facilidad como piezas identificables. Los huesos delgados y los restos juveniles pueden pasar inadvertidos.
La muestra denisovana conocida también está dominada por individuos masculinos. Hawks mantiene una lectura prudente: los tamaños estimados quedan cerca del techo del rango neandertal, pero las muestras de otros grupos humanos son tan pequeñas que estos dos huesos solo permiten afirmar que pertenecieron a humanos.
El dragado tiene otra limitación. Nadie puede vincular a Penghu 2 y Penghu 3 con herramientas de piedra, animales descuartizados o campamentos.
Un pastizal abierto y rasgos modernos en huesos arcaicos
Los isótopos analizados en el trabajo de Yoneda sí aportan información sobre el entorno y la alimentación. El nitrógeno coloca a Penghu 3 en un nivel trófico de carnívoro, parecido al de los neandertales europeos.
El carbono apunta a un entorno dominado por plantas C4, es decir, un pastizal abierto. Ese perfil se distingue del entorno C3 en el que vivió el humano moderno de Tianyuan, en el norte de China.
El fémur de Penghu 2 es arcaico en casi todos sus rasgos: grueso, macizo y con la forma de linajes anteriores. La excepción aparece en la parte posterior del hueso.
La pilastra femoral es una cresta muy marcada que deja la sección transversal del fémur más angulosa. El rasgo es común en cazadores recolectores del Paleolítico superior de nuestra especie y raro en fémures arcaicos. La tibia de Penghu 3 también combina características antiguas con detalles de su sección que recuerdan a los humanos modernos.
Los autores plantean dos explicaciones para esa mezcla anatómica:
- Explicación mecánica: las pilastras marcadas se asocian con personas que caminaban mucho. Un denisovano que cazara en pastizales abiertos habría sometido el fémur a esfuerzos repetidos.
- Cruce con humanos modernos tempranos: esos humanos pudieron introducir, mediante cruzamiento, genes que influyeran en la forma de la pierna.
Los propios autores marcan el límite de ambas hipótesis: nadie conoce la base genética de la pilastra femoral y de estos dos fósiles no se recuperó ningún genoma.
Kaifu y sus coautores declinaron dar entrevistas hasta que el trabajo se publique en una revista, según informó IFLScience. El preprint sigue sin revisión de pares.
Hawks apunta que, si la tibia conservó colágeno en buen estado, quizá también conserve ADN. Un genoma resolvería preguntas que dos huesos incompletos todavía no pueden responder.
