El T. rex rondaba los 36,3 °C, según tres dientes

El T. rex rondaba los 36,3 °C, según tres dientes

Un estudio del esmalte de tres dientes de T. rex estimó 36,3 °C, con una incertidumbre de ±2,5 °C.

Por Humberto Toledo el 17 de septiembre del 2026 a las 7:46 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un equipo estimó 36,3 °C para el T. rex al analizar el esmalte de tres dientes de dos individuos.
  • La medición tiene una incertidumbre de ±2,5 °C y supera la media de 30,9 °C obtenida en cinco dientes de crocodilios comparables.
  • El resultado es compatible con la endotermia, pero no fija la temperatura ni el metabolismo de toda la especie.

Un equipo de investigadores estimó que el Tyrannosaurus rex tenía una temperatura corporal de 36,3 °C, con una incertidumbre de ±2,5 °C, al estudiar el esmalte de tres dientes de dos individuos hallados en Montana. El análisis se dio a conocer el 16 de septiembre de 2026 y se publicó en Science Advances. El resultado respalda una fisiología endotérmica, pero no convierte esa cifra en una medida exacta para toda la especie ni prueba un metabolismo igual al humano.

El análisis examinó restos de dos individuos hallados en Montana y comparó la señal química de sus dientes con la de cinco dientes de crocodilios de la misma formación geológica.

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El esmalte guardó la temperatura de formación

La termometría de isótopos agrupados es una técnica geoquímica que estima la temperatura a la que se formó un material a partir de cómo se agrupan ciertos isótopos de carbono y oxígeno. Estas variantes poco abundantes forman enlaces en proporciones que cambian con el calor: quedan más agrupadas cuando hace frío y menos cuando sube la temperatura.

El esmalte registra esa señal mientras se forma dentro del animal. Aradhna Tripati, geoquímica de UCLA y autora sénior del estudio, explicó a Reuters: “El esmalte dental se forma dentro del animal a la temperatura corporal, así que su química es un termómetro”.

Randon “Randy” Flores y sus colegas retiraron cerca de 5 miligramos de esmalte de cada diente con un taladro dental de baja velocidad. Después disolvieron el polvo en ácido fosfórico para liberar dióxido de carbono y midieron las proporciones isotópicas del gas con un espectrómetro de masas.

Una mejora del procedimiento redujo alrededor de 90% la cantidad de material necesaria frente a la versión que el grupo desarrolló hace una década, según UCLA.

Dos dientes pertenecían a Thomas, un ejemplar adulto joven que conserva el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles. El tercero era un diente parcial aislado de otro T. rex. Los tres provenían de una misma localidad de la formación Hell Creek, en el condado de Carter, Montana.

Los crocodilios funcionaron como control geológico

El equipo también examinó cinco dientes de crocodilios con edad y procedencia comparables. Estos arrojaron una media de 30,9 °C, frente a los 36,3 °C estimados para el T. rex.

La diferencia sirvió como control frente a la posibilidad de que millones de años de alteración geológica hubieran impuesto la misma señal térmica a todos los fósiles del yacimiento.

El margen de ±2,5 °C importa tanto como la estimación central. Los 36,3 °C no representan una lectura precisa hasta la décima de grado: la cifra resume tres dientes de solo dos animales y no mide posibles variaciones entre poblaciones, edades o regiones.

Además, la señal corresponde al momento en que se formó el esmalte. No reconstruye los cambios diarios o estacionales de cada individuo ni demuestra que todos los T. rex mantuvieran siempre la misma temperatura. La medición ofrece una referencia cuantitativa, no un termómetro continuo de la vida del animal.

Una temperatura humana no implica un metabolismo humano

La estimación se acerca a los 36 °C de un elefante y al intervalo habitual de los humanos, pero está por debajo de muchas aves modernas, que suelen rondar entre 40 y 43 °C. Robert Eagle, geobiólogo de UCLA y coautor del trabajo, la ubicó en el extremo bajo del rango de los animales endotermos.

La expresión “sangre caliente” resume una fisiología compleja. La endotermia implica generar calor mediante el metabolismo, aunque el gran tamaño y la conducta también pueden ayudar a conservarlo. El esmalte respalda que el T. rex estaba más caliente que su entorno, pero la temperatura por sí sola no permite separar esos mecanismos ni calcular con exactitud su tasa metabólica, velocidad o estrategia de caza.

La idea de un T. rex endotermo tampoco empezó con este estudio. Associated Press señaló que la mayoría de los especialistas ya aceptaba esa interpretación a partir de pistas como el crecimiento y la anatomía ósea. La novedad está en la estimación química directa de la temperatura a la que se formaron los dientes.

Jasmina Wiemann, paleobióloga de Johns Hopkins University que no participó en la investigación, dijo a AP que esperaba una cifra algunos grados más alta y más cercana a la de las aves. Su reacción coloca el resultado más cerca de un gran mamífero actual que de un ave pequeña y muy caliente.

Qué permite inferir la señal térmica

Los autores sostienen que una fisiología endotérmica habría permitido al depredador mantener actividad durante más tiempo, tolerar ambientes fríos y recorrer una zona climática amplia. También habría elevado sus necesidades de alimento. Estas son consecuencias inferidas a partir de la fisiología y de modelos paleoclimáticos, no conductas observadas directamente en los fósiles.

Tripati pidió no extender el resultado a todos los dinosaurios. El trabajo analiza una especie, dos individuos y una sola localidad. Aplicar la misma técnica a más ejemplares permitirá medir cuánto variaba la temperatura dentro de T. rex y si otros linajes siguieron estrategias térmicas distintas.

Por ahora, la evidencia tiene un alcance concreto: tres dientes conservan una señal compatible con un T. rex de unos 36 °C. Para convertir esa cifra en una descripción completa de su metabolismo harán falta más fósiles, otras localidades y más especies.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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