✨︎ Resumen (TL;DR):
- La NASA incorporó a la norma NASA-STD-3001 el requisito V2 6253, que fija un promedio de 0.1 mg/m³ para partículas menores de 10 micras durante 24 horas y estancias de hasta 30 días.
- El valor sale de dividir entre tres el límite lunar de 0.4 mg/m³, porque todavía no existen muestras auténticas de polvo marciano.
- El panel ve bajo riesgo respiratorio en el perclorato, el cromo hexavalente y el manganeso, pero propone asignar 89% de la exposición de referencia al perclorato a los cultivos.
El 21 de julio, la NASA publicó el requisito V2 6253 de NASA-STD-3001 para limitar el polvo marciano dentro de un hábitat. La regla exige mantener las partículas menores de 10 micras por debajo de un promedio ponderado en el tiempo de 0.1 mg/m³ durante 24 horas, en estancias de hasta 30 días. El panel que lo revisó concluyó que el perclorato presenta un riesgo bajo por inhalación cuando se respeta ese umbral, pero puede convertirse en una vía de exposición mayor si la tripulación cultiva comida en Marte.
El reporte NASA/SP-20260005907 documenta el requisito. El Martian Dust Limit Working Group sesionó el 20 y el 27 de febrero de 2026 con cinco especialistas externos. El grupo revisó un borrador preparado por el custodio del riesgo de polvo lunar y marciano del Centro Espacial Johnson, su grupo de toxicología y el equipo de normas de la oficina médica de la NASA.
Además del promedio de 24 horas, el reporte recomienda un techo instantáneo de 10 mg/m³ para los picos de polvo que entran al hábitat después de una caminata.

De 0.4 a 0.1 mg/m³: una cuenta con incertidumbre
No hay muestras auténticas de polvo marciano en la Tierra y, a diferencia de la Luna, no se espera contar con ellas pronto. La NASA tomó como punto de partida el límite lunar: traducido a una exposición continua de 30 días, equivale a 0.4 mg/m³.
Después aplicó un factor base de incertidumbre de 3. El factor cubre lo que todavía se desconoce del polvo real de Marte, las diferencias entre ese material y los simulantes, además de su mayor contenido de hierro. El cálculo dio 0.13 mg/m³ y la agencia lo redondeó a 0.1 mg/m³.
Un multiplicador de 10 habría reducido el límite a 0.04 mg/m³, por debajo del límite de OSHA para sílice cristalina, fijado en 0.05 mg/m³. Los estudios comparativos disponibles indican que el polvo lunar y el marciano son menos tóxicos que el cuarzo, no más. Por eso, el panel consideró poco defendible tratarlos como si fueran más peligrosos.
Los 30 días tampoco son un plazo arbitrario. Corresponden aproximadamente a la estancia en superficie de una misión de clase oposición, la ventana corta que hoy resulta viable por mecánica orbital. El estándar asume que el sistema de soporte vital de la nave de regreso se encargará del resto del viaje y advierte que habrá que reevaluarlo si las estancias se alargan.
Las tormentas de polvo también condicionan el cálculo. Los eventos que envuelven al planeta entero se han contado 12 veces desde 1971; tardan entre 10 y 40 soles en formarse y hasta 150 soles en disiparse. La NASA puede anticipar las temporadas con mayor actividad, pero no el inicio de una tormenta concreta.
El perclorato pesa más en los cultivos que en los pulmones
El panel evaluó si los componentes químicos del polvo necesitaban límites propios. Concluyó que el cromo hexavalente, el manganeso y el perclorato tienen bajo riesgo por inhalación mientras se respete el límite general de masa de polvo.
El reporte lo resume así: “la masa total de polvo sigue siendo la principal preocupación de ingeniería a corto plazo”.
Con el límite de 0.1 mg/m³ y una inhalación de 20 metros cúbicos diarios, la dosis de perclorato que entraría por los pulmones sería de unos 0.01 miligramos al día. Esa cantidad equivale a cerca de 0.3% de la ingesta admisible de 3 mg diarios que la NASA maneja como valor interino para astronautas sanos y con yodo suficiente.
Para el manganeso, el margen es de unas 20 veces frente a su umbral de neurotoxicidad. La preocupación principal del perclorato aparece cuando se suman todas las vías de exposición, no solo la respiración.
El perclorato es una sal que compite con el yoduro por el transportador que introduce el yoduro en las células tiroideas. Al bloquear ese transportador, reduce la producción de hormona tiroidea. La revisión que Brian Hynek firmó con médicos de la Universidad del Sur de California y de UCLA, publicada en GeoHealth en febrero de 2025, propone suplementar yodo y vigilar sus niveles con análisis de sangre.
El reporte plantea un reparto de referencia de la exposición al perclorato entre aire, agua y cultivos: 1%, 10% y 89%, respectivamente. Brian Hynek, del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Colorado Boulder y miembro del panel, explicó a Space.com que, si la tripulación cultiva comida en suelo marciano, podría recibir más perclorato por lo que come que por el polvo suspendido.
Cáncer, inflamación y la sílice que no equivale a silicosis
Para las primeras misiones marcianas de 30 días, el panel juzgó poco probable que el cáncer fuera un riesgo relevante. La fibrosis pulmonar requeriría exposiciones más altas y prolongadas, así que el foco inmediato está en las respuestas inflamatorias agudas por inhalación.
La revisión de GeoHealth de 2025 sí identifica componentes cancerígenos en el polvo, pero analiza exposiciones sin un límite aplicado. El requisito de la NASA, por ahora, se concentra en controlar la masa total que entra al hábitat.
El polvo marciano es basáltico y silicatado: alrededor de 45% de su peso corresponde a dióxido de silicio. El dato explica por qué algunos titulares hablan de un polvo lleno de sílice, pero la forma que provoca silicosis es la sílice cristalina respirable. Tanto en el polvo lunar como en el marciano, esa fracción está por debajo del 1 o 2%.
Marte carece de vulcanismo de alta sílice y de tectónica de placas, los procesos que en la Tierra producen cuarzo en cantidad. El tamaño de las partículas también reduce su penetración: el polvo suspendido promedia cerca de 1.5 micras en suspensión estacional y supera las 4 micras durante los eventos. Esas partículas son entre cinco y seis veces más grandes que la fracción fina lunar.
Brian Hynek describió las partículas marcianas como más redondeadas y “no tan dentadas ni cortantes” que las lunares, porque en Marte sí hubo erosión.
Los datos actuales descartaron el arsénico como un riesgo relevante. El cromo que detectaron los rovers aparece principalmente en su forma trivalente, de baja toxicidad. La revisión de GeoHealth reconoce que el riesgo real del cromo, el berilio, el arsénico y el cadmio, en las concentraciones medidas, sigue siendo cuestionable y que los incluye por completitud.
El hierro queda como la duda pendiente
El regolito marciano supera con frecuencia 20% de óxido de hierro en masa, muy por encima del polvo lunar o de la ceniza volcánica terrestre. Parte de ese hierro está en fases nanométricas y amorfas capaces de generar especies reactivas de oxígeno mediante química de Fenton.
La evidencia toxicológica revisada no encontró una correlación clara entre esa generación de radicales y el daño pulmonar en modelos animales. Un trabajo con muestras de meteoritos observó diferencias de varios órdenes de magnitud en la producción de radicales, pero esas diferencias no se tradujeron en mayor toxicidad en ratones.
Aun así, el panel colocó al hierro por encima del manganeso en riesgo relativo. También pidió priorizar su estudio y evaluar un posible límite propio.
Dos de los cinco panelistas proceden del campo de la salud relacionada con la ceniza volcánica. David Damby es químico investigador del programa de riesgos volcánicos del Servicio Geológico de Estados Unidos. Claire Horwell es catedrática de geosalud en la Universidad de Durham y fundó la red internacional que estudia los riesgos sanitarios de los volcanes. El análogo terrestre estándar para el polvo marciano es la ceniza basáltica hawaiana.
Atacama ofrece el paralelo terrestre más cercano
El perclorato es raro en la Tierra y se acumula en desiertos extremos. El desierto de Atacama es el único con concentraciones comparables a las marcianas: registra hasta cerca de 0.6% en peso en vetas dentro de menas de nitrato.
En el oeste de Texas, los valles secos antárticos, las playas bolivianas y Nuevo México, los valores permanecen por debajo de 0.004%. Los rovers han medido entre 0.2% y 0.5% en los suelos polvosos de Marte, dentro del mismo orden de magnitud que Atacama.
El descubrimiento también tiene un vínculo con México. Cuando el módulo Phoenix detectó perclorato en 2008, el mexicano Rafael Navarro-González, del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, reexaminó los datos que las sondas Viking habían tomado en 1976. Sus pruebas de laboratorio mostraron que los clorohidrocarburos encontrados entonces podían proceder de materia orgánica marciana que reaccionó con percloratos al calentar la muestra.
Navarro-González murió el 28 de enero de 2021. El equipo del instrumento SAM de Curiosity lo reconoce como una pieza central de lo que hoy se sabe sobre estos compuestos.
El perclorato también puede ser un recurso. Unos 60 kilos de regolito marciano bastarían para obtener el oxígeno diario de un astronauta si se descompone mediante calor o reducción microbiana. Además, las salmueras de perclorato podrían aportar agua. La misma sal que obliga a vigilar la tiroides puede tener un uso operativo en Marte.
El número todavía necesita una prueba marciana
Ninguna misión ha traído polvo marciano auténtico a la Tierra. Por eso, el estándar se sostiene sobre toxicología lunar, simulantes y datos geoquímicos de los rovers. Las mediciones más sólidas de perclorato provienen de suelo excavado, no de la fracción suspendida que entraría al hábitat, y nadie ha verificado todavía esa diferencia.
En la operación de Artemis, el valor de trabajo ronda los 100 gramos de polvo por caminata y por tripulante. De esa cantidad, cerca de 1% sería respirable, lo que equivale a alrededor de 1 gramo por salida. Esa cantidad puede acumularse con la actividad en superficie dentro de un volumen sellado y con humedad muy baja.
Los filtros HEPA funcionan bien con estas partículas. Su punto débil está en 0.3 micras, un tamaño que el polvo marciano suele superar. El pendiente no es la existencia de la tecnología, sino verificar cuánto tarda cada vehículo en limpiar el aire.
El requisito convierte una advertencia general en una cifra de diseño. Los proveedores tendrán que diseñar filtros, esclusas y protocolos de limpieza para cumplir el promedio de 0.1 mg/m³ y demostrar que pueden controlar los picos de hasta 10 mg/m³ que contempla el reporte. Si las estancias dejan de durar 30 días, la NASA deberá reevaluar el límite, mientras la fracción suspendida real y el comportamiento del hierro siguen sin medirse directamente.
